domingo, 5 de julio de 2015

Isabel de Castilla "la Católica" (Parte 3)

Apariencia y personalidad
Isabel de Castilla no era una mujer carente de atractivos. Era de constitución proporcionada, con tez blanca y cabellos muy rubios. Sus ojos han sido descritos "entre verdes y azules", con una mirada graciosa y sincera. Su cara era descrita, en pocas palabras, como hermosa y alegre. Sus dientes eran blancos y sus pestañas largas.



Es descrita como una mujer prudente, sabia, inteligente, casta y modesta. Los cronistas hacen mucho énfasis en la pureza de su corazón y la grandeza de su alma. Su hablar era considerado cortés y mesurado. Otra característica muy notable en Isabel es su fervor religioso. Sin embargo, Isabel distaba mucho de ser una mujer mansa. Su personalidad es compleja y, podría decirse, con contradicciones. Era una esposa y madre devota, pero también tenía carácter fuerte. Isabel contaba con un rasgo que resultaría decisivo durante su lucha por el trono y su reinado. Tal rasgo era su propia importancia personal. Isabel sabía que era inteligente, importante y capaz de lograr lo que se proponía. Daba muestras de seguridad hasta en los momentos más dificiles. Su independencia, su facilidad de expresarse con acierto y su libertad de criterio forman parte de su notable personalidad. Poseía una mente brillante que rebasaba lo convencional. Eso era Isabel como reina.




Isabel, como mujer, también es interesante. Era una persona optimista que no vacilaba en cada paso que daba. Como madre, Isabel se permitió muestras de ternura. Es un enorme contraste entre la mujer maternal y la soberana que expulsó a los judíos y combatió implacablemente. Era una esposa celosa, rasgo que con el tiempo se observaría en su hija Juana. La reina no era una mujer totalmente sobria en sus costumbres, hasta el punto de descuidar su aseo persona. Le gustaba el lujo, sin llegar a ser ostentosa. Cuando se trataba de imponer orden, Isabel era inflexible y dura. Participó en la expulsión de los judíos y en la guerra de Granada férreamente. 



Nace el heredero




Cinco años después de nacer Isabel de Aragón, la reina Isabel sufrió un aborto en Cebreros. El feto era varón. La reina realizo un peregrinaje hacia el monasterio de San Juan de Ortega para suplicar un embarazo. La reina también recurrió a Lorenzo Badoz, un médico judío converso que se encargaría de someter a su real paciente a tratamientos. También asistió a la reina en los nacimientos de sus otras tres hijas. Las súplicas de la reina fueron atendidas, pues el 30 de junio de 1478 nació en Sevilla el hijo varón de los Reyes Católicos, Juan de Aragón. Más tarde, ese niño sería nombrado príncipe de Asturias y de Gerona. El parto fue vigilado por Lorenzo Badoz y atendido por una famosa partera llamada "la Herradera". El recién nacido no era el niño robusto que todos esperaban, quien además tenía labio leporino. Fue bautizado por el cardenal Mendoza.


Nacimiento de Juana



Pocos meses después del nacimiento del príncipe Juan, la reina queda embarazada. El 6 de noviembre de 1479 en Toledo nace una bella niña llamada Juana, quien sería madre del emperador Carlos V. La nueva infanta era bella, muy parecida a su abuela paterna. Fue amamantada por su madre, a diferencia del resto de sus hermanos. Juana era de ojos rasgados y cabello oscuro, poseedora de una belleza distinta a la de sus rubios hermanos. En su etapa adulta demostró una notable salubridad, pues sus partos transcurrieron sin complicaciones y vivió muchos años. Su llegada al mundo fue sin complicaciones, con un parto tan sencillo que nadie hubiera imaginado que esa infanta heredaría la locura de su abuela materna y causaría tormentos a su madre.


Conquista de Granada


Después de consolidar su autoridad, los reyes pasaron a centrar su atención en Granada. A lo largo del siglo la frontera con el emirato musulmán había experimentado incidentes y ataques, interrumpidos por treguas frágiles y por el pago de tributos por Granada a Castilla. Sin embargo, seguía predominando la convivencia: el comercio continuaba, se intercambiaban regularmente los prisioneros de guerra por conducto de mediadores oficiales y en ambos bandos se componían baladas sobre la caballerosidad de los héroes fronterizos. En Granada, el emir Abul-l-Hassan reinaba sobre un territorio poblado por medio millón de habitantes, nación poderosa, pero desgarrada por divisiones políticas y de clanes.

La guerra de Granada fue un conjunto de batallas que tuvieron lugar entre 1482 y 1492 en el reino nazarí de Granada. La prioridad de los Reyes Católicos era la toma de Granada, ya que los musulmanes podían convertirse en aliados de los turcos, que amenazaban con una nueva invasión. Esta guerra terminaría con la presencia del Islam en España. También fue la última guerra medieval. La guerra duró 10 años, desde el 1 de marzo de 1482, cuando los cristianos atacaron, hasta el 2 de enero de 1492, cuando Boabdil firmó las capitulaciones.


Boabdil entregando Granada a Isabel y a Fernando

Escena de la rendición de Granada. Serie Isabel

Castilla y Aragón superaban en riqueza al reino de Granada. Y Granada había sido obligada a pagar tributo a Castilla. El hecho de que los emires de Granada se negaran a pagar tributos se convirtió en un motivo más para que estallara la guerra. El reino de Granada no estaba en sus mejores momentos. Los conflictos internos debilitaron el reino nazarí. Aixa, la madre de Boabdil, fue una de las favorecedoras de estas intrigas palaciegas. Aixa se sentía desplazada por el amor que Muley Hacén sentía por una cautiva cristiana llamada Isabel de Solís.



A finales de 1481, los musulmanes tomaron Zahara. Este suceso provoco que los cristianos atacaran el castillo de Alhama. Las siguientes batallas significaron un fracaso para los cristianos, como el fallido ataque a Loja en julio de 1482, en el cual murió el maestre de la Orden de Calatrava. Tampoco consiguieron tomar Málaga. En 1483, Boabdil intentó tomar Lucena con 700 jinetes y 9000 soldados, pero en lugar de éxito, fue capturado por el conde de Cabra. Fue llevado como rehén ante Isabel y Fernando. Boabdil, el Rey Chico, realizó un acuerdo con los Reyes Católicos, que consistía en que los Reyes ayudarían a Boabdil a vencer a su padre, Muley Hacén. El Rey Chico tuvo que dejar a su hijo en manos de los castellanos. 


 

Es posible que al principio no se contemplara como objetivo la conquista total de Granada, pero al final no cabe duda de que ése era el objetivo. Isabel no participó en la campaña sino nominalmente, y dejó el mando militar en manos de Fernando. El prestigio de la monarquía se vio enormemente realzado por la guerra, que adquirió la condición de cruzada europea, con la bendición del Papa y la presencia de voluntarios de todo el continente. El Papa aportó fondos y regaló a Fernando una cruz de plata enorme que se portaba delante de las tropas. En la propaganda oficial se cultivaba deliberadamente el elemento religioso, aunque ello no significa que los motivos de la Corona no fueran sinceramente píos. En 1481 Fernando declaró que su objetivo era "expulsar de toda España a los enemigos de la fe católica y consagrar España al servicio de Dios".

Nace la infanta María
En marzo de 1482, la reina Isabel se trasladaba de Aragón a Medina del Campo. Ya estaba en avanzado estado de gestación. Isabel no guardaba el reposo recomendado a las preñadas, pues viajaba a caballo. El 29 de junio de 1482 nace la penúltima hija de Isabel, la infanta María, futura reina consorte de Portugal. Es la única que nace en el reino de Aragón. Su nacimiento se produjo durante la guerra de Granada. Eran dos bebes, pero la otra niña murió. Los viajes a caballo contribuyeron a que este parto fue problemático, pues se sabe que ese embarazo fue más difícil que los anteriores. Los embarazos gemelares eran considerados mal augurio. En contraste con la infanta Juana, la que casi no provocó dolor al nacer, la infanta María no causó penas a su madre y tuvo una vida más apacible que sus hermanos. Fue la que más nietos dio a Isabel y Fernando.



Nace la última hija, Catalina
El 16 de diciembre de 1485, el mismo año en el que murió el emir granadino Muley Hacén, nace en Alcalá de Henares (Castilla) el último vástago de los Reyes Católicos. Dentro de unos años, esta niña se convertiría en la reina consorte de Inglaterra. Fue la hija favorita de Fernando, quien llego a decir: "Es la hija que yo más quiero de las que Dios me dio". Fue la más parecida físicamente a su madre: cabello rojizo-dorado, ojos azules, cara redonda y tez blanca. Entre sus hermanos, fue la que tuvo el más triste historial de partos (seis embarazos de los cuales solo una hija sobrevivió). Según las crónicas de la época, pocas reinas podían rivalizar con sus dotes intelectuales. 


El fin de la Reconquista


Fernando y Boabdil, serie Requiem por Granada


Mientras tanto, los cristianos toman Ronda y Marbella. En 1485 muere Muley Hacén, y lo sucede su hermano el Zagal. En 1486, los castellanos consiguen apoderarse de Loja y Boabdil cae prisionero nuevamente, desatándose nuevas disputas. La reina Isabel hizo acto de presencia junto a sus tropas para motivarlas y transmitir confianza a sus soldados en la victoria definitiva para el asalto final a Málaga. Fernando conquista Málaga en 1487, hecho que debilitaría aún más el poder del reino árabe mientras los cristianos iban añadiendo territorios bajo su poder. Finalmente, el Zagal se rinde y renuncia a la lucha. No obstante, Boabdil ha roto su acuerdo con los cristianos. 

En 1491, los Reyes Católicos deciden poner fin a la guerra. Instalan una ciudad-campamento llamada Santa Fe. La fundación de Santa Fe supone un golpe para los granadinos. Finalmente, inician las negociaciones entre el emisario de Isabel y Fernando y el de Boabdil, Abul Cazim. Gonzalo de Córdoba es elegido como emisario, ya que él tiene conocimiento de la lengua de los moros. 




El 25 de noviembre de 1491, se firman las capitulaciones de Granada. El 2 de enero de 1492, Boabdil entrega el reino de Granada a Isabel y a Fernando. Vestidos de gala, Isabel y Fernando entraron montados a caballo en Granada. Poco antes de llegar a las puertas de la Alhambra, se abrieron sus puertas y salió el rey Boabdil también montado y acompañado de su corte. El rey moro se acercó al rey cristiano y se procedió a la entrega de las llaves. El emir quiso bajar de su caballo para inclinarse ante el rey Fernando, pero el rey se lo impidió para evitarle deshonra. Después de que Fernando tomó las llaves, se las entregó a Isabel, quien a su vez se las dio al príncipe Juan.


En 1496, el Papa Alejandro VI concede a los reyes de Castilla y Aragón el título de Reyes Católicos.


Fuentes:
http://www.grandesbatallas.es/

http://redhistoria.com/

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