martes, 14 de julio de 2015

Christine de Pizan, la primera escritora profesional de la historia



Hubo una mujer en el siglo XIV que se convirtió en la primera escritora profesional, pues pudo ganarse la vida escribiendo. Y no solo fue eso, sino que también abogaba por la posición de la mujer con respecto al hombre. 



Primeros años
Nació en 1364, en Venecia, Italia. A diferencia de otras mujeres que recibieron censuras por su apoyo a la igualdad de género, Christine obtuvo dos apoyos valiosos: su padre y su marido. La verdad es que, Christine fue una mujer afortunada. No todas las chicas deseosas por aprender eran estimuladas por sus padres o sus maridos.  


Su padre, Tomás de Pisan, era médico y astrólogo que había llegado a la corte francesa de Carlos V como asesor del monarca. Su padre se dio cuenta de la inteligencia de su hija, alentándola a potenciar sus dotes intelectuales mediante una educación que estaba reservada a los hombres. Se le dio la instrucción en latín, francés, italiano, filosofía, literatura y ciencias conocidas por el mundo medieval. Contaba con una vasta biblioteca en la corte francesa. Aprendió de forma autodidacta, empapándose en el estudio de las lenguas, leyendo con avidez a los clásicos que empezaban a ser redescubiertos en un incipiente humanismo que acabaría por impregnar a toda Europa.


Matrimonio y viudez
Cuando Christine tenía quince años se casó con un  secretario del rey francés, Etienne de Castel, quien, al igual que el padre de Christine, alentó a su joven esposa a continuar escribiendo. Christine poseía una vida equilibrada en el mundo que le tocó vivir: casada, con tres hijos (un hijo, Jean, una hija y un hijo muerto en la infancia) y apego a sus estudios. Pero esto terminó cuando su padre y su marido murieron. Tras una década de feliz matrimonio, Etienne murió en 1390, en una misión real en Beauvais. A los 25 años, Christine se había quedado viuda. Ya no contaba con el apoyo de su padre ni el de su marido. Ni siquiera podía esperar favor real, pues Carlos V había muerto y el nuevo rey no la favorecía de igual forma. 


En ese entonces, las mujeres viudas tenían dos opciones: un nuevo matrimonio o el claustro. Pero ella no aceptó ni una ni la otra. Tras infructuosos intentos por recuperar los bienes que se le debían a su marido, Christine se convierte en la primera escritora profesional de Europa. Christine decidió mantener a su familia escribiendo. Bajo su cuidado vivían su madre, sus dos hijos y una sobrina. Sus baladas y poemas de amor captaron la atención de los mecenas en la corte. Muchos de ellos eran dedicados a la nobleza o la realeza. Unos ejemplos fueron Isabel de Baviera, Felipe II de Borgoña y el duque de Berry. Entre 1393 y 1412, Christine llegó a escribir más de 300 baladas y muchos poemas breves.


Christine con Isabel de Baviera

Algunos de sus trabajos son:
  • L´Epistre au Dieu d´Amours (1399)
  • Cent Ballades (1399)
  • Le Debat Deux Amants (1400)
  • Le LIVRE des Trois Jugemens (1400)
  • Le Livre du Dit de Poissy (1400)
  • Enseignemens Moraux (1400)
  • Proverbes Moraux (1400)
  • Epitre d'Othea (1400)
  • Epistres du Debat su le Roman de la Rose (1401-1403)
  • Cent Ballades d´Amant et de Dame (1402)
  • Le Dit de la Rose (1402)
  • Oraison Nostre Dame (1402)
  • Livre du Chemin de Long Estude (1403)
  • Le Livre de la Mutation de Fortune (1403)
  • Dit de la Pastoure (1403)
  • Le Livre du Duc des Vrais Amants (1404)
  • Ilustración del Le Livre de la Cite des Dames (1405).
  • Livre des Fais et Bonnes Meurs du Sage Roy Charles V (1404)
  • Le Livre de la Cite des Dames (1405)
  • Le Livre des trois vertus à l'enseignement des dames (1405)
  • L´Avision Christine (1405)
  • Epistre à la reine Isabeau (1405)
  • Le Livre de la Prod´hommie (1405-1406)
  • Livre du Corps de Policie (1407)
  • Sept Psaumes Allegorises (1410)
  • Le Livre des Fais d´Armes et de Chevalerie (1410)
  • La Lamentation sur les Maux de la France (1411-1412)
  • Livre de la Paix (1413)
  • L´Epitre de la Prison de Vie Humaine (1418)
  • Heures de Contemplation sur la Passion de Nostre Seigneur (1420)
  • Le Ditie de Jehanne d´Arc (1429)
"La Ciudad de las Damas" 
Una de las primeras feministas
Convertida en una escritora de renombre, se atrevió a escribir "La Ciudad de las Damas", donde criticaba la misoginia imperante en el mundo medieval, defendiendo la posición de la mujer. En sus obras tocó temas como la filosofía, la política, la historia y la moral. 
Han pasado más de cinco siglos desde que Christine de Pisan reclamó en sus escritos respeto a la mujer. Fue una mujer que hizo la diferencia entre sus contemporáneas, demostrando independencia tras la muerte de su marido. Entre 1401 y 1402, Christine participó en un debate literario, la denominada "Querelle du Roman de la Rose" (Romance de la Rosa), sobre el poema homónimo de Jean de Meun que satirizaba las convenciones del amor cortés y describía a las mujeres como meras seductoras. En 1405 culmina la Ciudad de las Damas y El Libro de las Tres Virtudes. Mientras que el primer libro se afana en mostrar las grandes aportaciones de la mujer a la sociedad a lo largo de los siglos, el segundo busca enseñar a las mujeres de toda condición cómo cultivar cualidades y virtudes necesarias para contrarrestar la palpable misoginia de los hombres de la época. 

Su país estaba sumido en la Guerra de los Cien Años. En 1429, dedicó un poema a Juana de Arco, la joven campesina que dirigió la resistencia militar francesa contra la dominación inglesa a comienzos del siglo XV. Celebra la aparición de una mujer que es líder militar. Tras terminar esta obra, Christine decidió retirarse. Tenía 65 años.  Murió en 1430. 


" Si fuera costumbre mandar a las niñas a la escuelas e hiciéranles luego aprender las ciencias, cual se hace con los niños, ellas aprenderían a la perfección y entenderían las sutilezas de todas las artes y ciencias por igual que ellos... pues... aunque en tanto que mujeres tienen un cuerpo más delicado que los hombres, más débil y menos hábil para hacer algunas cosas, tanto más agudo y libre tienen el entendimiento cuando lo aplican.
Ha llegado el momento de que las severas leyes de los hombres dejen de impedirles a las mujeres el estudio de las ciencias y otras disciplinas. Me parece que aquellas de nosotras que puedan valerse de esta libertad, codiciada durante tanto tiempo, deben estudiar para demostrarles a los hombres lo equivocados que estaban al privarnos de este honor y beneficio. Y si alguna mujer aprende tanto como para escribir sus pensamientos, que lo haga y que no desprecie el honor sino más bien que lo exhiba, en vez de exhibir ropas finas, collares o anillos. Estas joyas son nuestras porque las usamos, pero el honor de la educación es completamente nuestro. "

Fragmento de La ciudad de las damas. 


Bibliografía 
Christine de Pizan, La Ciudad de las Damas, traducción, notas e introducción de Marie-José Lemarchand, Madrid, Siruela, 2000.

Green, Karen, and Constant J. Mews, eds. Healing the Body Politic: The Political Thought of Christine de Pizan, Turnhout, Belgium: Brepols, 2005.


Isabel de Castilla "la Católica" (Parte 6)

El destino de sus descendientes
Los hijos de Isabel fueron preparados para reinar. Isabel fue una madre amorosa que se ocupaba de la educación de sus hijos. Se sabe que a Juan lo llamaba "ángel". A Juana la llamaba "suegra", por su gran parecido con la madre de Fernando y a las infantas María y Catalina las llamaba "mis pequeñas".


Isabel de Aragón, la primogénita 
Su hija mayor, Isabel, estuvo casada en 1490 con el infante de Portugal, Alfonso. La joven Isabel era cinco años mayor que el heredero portugués, pero a pesar de la diferencia de edad, se enamoraron. Hasta aquí, todo indicaba que sería una feliz unión como la de Isabel y Fernando. Desgraciadamente, en julio de 1491, muere el infante Alfonso, dejando desconsolada y viuda a la joven Isabel.  


Juan de Aragón, el príncipe de Asturias
Cuando Isabel vuelve a Castilla como princesa viuda de Portugal, corta su cabello y pasa su tiempo en continua oración. Solicita permiso a sus padres para convertirse en monja, pero los reyes se lo niegan. En 1496 se casa con el rey Manuel de Portugal. 
En 1497, Juan de Aragón se casa con Margarita de Austria. Pero pocos meses después de la boda, muere en octubre. Deja embarazada a un niño que, si vive lo suficiente, solucionara la cuestión de la sucesión. Pero Margarita da a luz una niña muerta.
Muerto Juan sin descendencia, la heredera es, nuevamente, Isabel de Aragón, quien ahora es reina consorte de Portugal y espera un hijo de Manuel. El 7 de abril de 1498 es nombrada princesa de Asturias. La familia se instala en Zaragoza, con el fin de que las Cortes aragonesas acepten a Isabel como sucesora. La princesa de Asturias tiene siete meses de embarazo, un hijo que puede heredar Castilla, Aragón y Portugal. El 23 de agosto de 1498, la reina de Portugal da a luz un niño, Miguel de la Paz, pero muere rato después del parto. Este fue un doloroso golpe para Isabel, pues no hace mucho que perdió a su hijo Juan.
Y, un año después, muere Miguel de la Paz. Estas tres golpes se asestan como puñales en el corazón de Isabel. Como madre, pierde a dos hijos y a un nieto. Como reina, tendrá que nombrar sucesora a su hija, Juana la Loca.


Juana, reina de Castilla
El dolor de la reina no acaba con la muerte de su nieto Miguel. Su hija, Juana, resulta una mujer inestable como la madre de Isabel, Isabel de Portugal. La locura de Juana provoca enormes disgustos a la reina. En Medina del Campo, Juana desafió a su madre. Además, si Juana llega a ser reina, su heredero será un Austria. 


María de Aragón, reina de Portugal

A finales de marzo de 1502, Catalina y su joven esposo enfermaron gravemente. Arturo Tudor no tuvo mucha suerte, pues el 2 de abril falleció, dejando viuda a la infanta castellana. El destino de la hija menor de Isabel quedo a la deriva. Vivió unos tristes años en Inglaterra, ignorada por su suegro. Catalina llego a informar que carecía de dinero para comprar alimentos para sí misma y su casa. El suegro de Catalina se negó a mantener a su nuera, confiando en que la infanta viviría del dinero español. La reina Isabel no vivió mucho tiempo para enterarse de las carencias de su hija menor y hasta muchos años después de su muerte Catalina sufrió el repudio de su segundo esposo.

Catalina de Aragón, reina de Inglaterra
Con todos estos sucesos, Isabel cayó en una profunda depresión que hizo que vistiera de luto. 

Testamento y sucesión


El 12 de octubre de 1504, la reina Isabel dicta su testamento. Muertos sus dos hijos mayores y malogrados los hijos de ambos, declara heredera legítima a su hija, la princesa Juana, archiduquesa de Austria y duquesa de Borgoña. Estipuló que si su hija estaba ausente o no pudiera gobernar sus reinos, el rey Fernando gobernaría Castilla en su nombre hasta que Carlos, el hijo de Juana, cumpliera veinte años. Después de los hijos de Juana, estaba María y por último Catalina. Pero Juana viviría muchos años, al igual que la mayoría de sus hijos. 
La reina dictó su testamento en privado, redactado por Gaspar de Gricio. La muerte de la reina era inevitable. Días antes, la reina comento que los conventos dejasen de pedir por su salud para suplicar por la salvación de su alma. En su testamento, Isabel nombra heredera a Juana, pero reconoce los honores de su ambicioso yerno, Felipe, los cuales debían corresponder solamente a los de un consorte. Todos los cargos importantes debían pertenecer a los naturales del país. Isabel buscaba prevenir la intrusión extranjera en sus reinos. Además, la reina dictaba en su testamento que los nativos del Nuevo Mundo tendrían los mismos derechos que los súbditos castellanos. Estipuló que sería enterrada en Granada.


Muerte
La reina Isabel, desde que alcanzó la edad de 40 años no se encontraba bien de salud. En los comienzos del mes de julio de 1504, los médicos diagnostican que la reina Isabel tiene una hidropesía. La entonces llamada hidropesía, ahora en términos actuales se llama anasarca, es una acumulación anómala de líquido en los tejidos. En realidad la hidropesía no es una enfermedad sino un signo de una enfermedad en algún órgano, fundamentalmente en los riñones, el corazón o el aparato digestivo. Dicen las crónicas que a la reina se le hinchaban mucho las piernas, incluso desarrollo úlceras en ellas, tenía fiebres elevadas, además de anemia y muchísima sed. También algunas crónicas señalan que había sufrido un tumor. En este sentido, la acumulación de líquidos también tiene que ver con la presencia de tumores, fundamentalmente en el intestino y en el aparto genital femenino. Además, la depresión contribuyo a sus problemas de salud. Al mediodía, del día 26 de noviembre de 1504 en Medina del Campo, la reina Isabel partía de este mundo.



Fue inhumada en el monasterio de San Francisco de la Alhambra. Poco después, fue enterrada junto a su marido en la Capilla Real de Granada. Años después, junto a ellos reposarían la reina Juana de Castilla y Felipe de Austria. El yerno tan temido no disfruto por mucho tiempo su reinado en Castilla. También se enterró en ese sitio al nieto de Isabel, Miguel de la Paz. Isabel tenía cincuenta y tres años de edad y casi treinta de reinado.


Fuentes
http://www.isabellacatolica.es/
http://www.teinteresa.es/salud/muerte-Reina-Isabel_0_1257474579.html
http://www.nationalgeographic.com.es/
http://www.culturandalucia.com/
http://www.grandesbatallas.es/

http://sobrehistoria.com/

miércoles, 8 de julio de 2015

Isabel de Castilla "la Católica" (Parte 5)

El descubrimiento de América 



El descubrimiento de América, realizado el 12 de octubre de 1492 por Cristobal Colón, es uno de los capítulos más complejos de la historia universal. Fue un hecho que cambió el curso de la historia. A pesar de que Europa se vio muy beneficiada por dicho descubrimiento, pocas o ningunas fueron las ventajas para los pobladores de aquellas tierras. La llegada de los europeos a territorio americano supuso un colapso demográfico en la población nativa.


Bien es cierto que la línea trazada por Fernando tenía como objetivo la expansión hacia el Mediterráneo (Italia y Sicilia) pero con estas nuevas aportaciones, Castilla se abría al Atlántico. Es necesario aclarar que los expedicionarios que viajaron con Cristóbal Colón no fueron los primeros europeos en llegar a América. En el siglo X los vikingos habían recorrido el Atlántico Norte y, tras descubrir Groenlandia, llegaron a las costas más septentrionales del continente americano, a las que llamaron Vinlandia. Pero estas expediciones no tuvieron continuidad y fueron olvidadas. 



Encuentro de Isabel con Colón

En la época medieval, el comercio de Europa con el Lejano Oriente había alcanzado cierto desarrollo. A través de la Ruta de la Seda se traían de Asia artículos de lujo, como las especias, los perfumes, las sedas, las piedras preciosas y el marfil. Sin embargo, la situación cambió a partir de 1453, cuando los turcos otomanos conquistaron Constantinopla y cortaron el camino terrestre que unía Europa con Asia. Por ello, los europeos intentaron buscar nuevas rutas que llegaran al Oriente por mar. 

Cristobal Colón

Colón intentó que el rey de Portugal financiara su proyecto. Pero los portugueses ya estaban embarcados en la empresa africana y no le hicieron caso. Finalmente, Colón marchó a Castilla, donde, tras varios intentos, obtuvo el apoyo económico de los Reyes Católicos. En abril de 1492, los reyes Isabel y Fernando firmaron junto a Colón un acuerdo, las Capitulaciones de Santa Fe. En ellas se establecía que Colón recibiría el Almirantazgo, el Virreinato y la Gobernación de todas las tierras que descubriese y la décima parte de las riquezas halladas. Ambos reyes apoyaron a Colón, pero especialmente Isabel.

El 3 de agosto de 1492, Colón partió del Puerto de Palos con tres embarcaciones: la Niña, la Pinta y la Santa María. Pasados más de dos meses de navegación, avistaron tierra. Creyeron haber llegado a las Indias Orientales, pero en realidad se habían topado con un continente desconocido, América. La corona española no había logrado llegar a las Indias, pero consiguió algo mucho mejor: la oportunidad de construir un imperio.



El 12 de octubre de 1492 se escucho desde La Pinta el grito "Tierra a la vista". Pero Colón creyó que había llegado a Asia y en su primer viaje confundió Cuba con Japón. Más tarde, Juan Caboto y Américo Vespucio demostraron que se trataba de un continente nuevo.





Alianzas matrimoniales
Isabel educó a sus hijos con la idea de que tenían obligaciones por ser hijos de reyes y tal rango implicaba sacrificios. Isabel se negó a casarse contra su voluntad y rechazó varios pretendientes, entre ellos el padre del rey Juan II de Portugal. Pero la reina no daría la misma libertad a sus hijos. Castilla y Aragón requerían aliados, pero dichas alianzas debían sellarse con un matrimonio. En ese tiempo, las bodas se celebraban por conveniencia política, incluida la de Isabel y Fernando. Sin embargo, ellos tuvieron la suerte de que con el tiempo surgiera el amor. Faltaba ver si sus hijos tendrían la misma suerte. El propósito de estas alianzas era aislar Francia colocando a sus hijos en los principales tronos de Europa. 

El matrimonio resultaba más fácil para el príncipe Juan, pues él no tenía que abandonar su país, cultura, amigos y familiares. Eran las infantas quienes tendrían que mudarse a un país extranjero, donde ni siquiera conocían al novio. Pero esto es mal visto si se juzga desde la perspectiva moderna. Así era la política en el siglo XV. Y, a decir verdad, Isabel y Fernando fueron más benévolos en comparación con otros padres regios de la época. Hubo casos de monarcas que comprometían a sus hijas adolescentes con reyes ancianos. Esta el caso de Enrique VIII, que casó a su hermana con el rey Luis XII de Francia, quien le llevaba más de treinta años. A diferencia de la infanta María, los reyes se aseguraban de que los consortes de sus hijos tuvieran casi la misma edad que los príncipes. 

Las piezas fundamentales en esta partida de ajedrez dinástico, con todo Europa como tablero, eran Borgoña y Austria. En 1477 sus casas se habían unido por el matrimonio de María de Borgoña con Maximiliano de Austria. El conveniente nacimiento de un hijo y una hija de esa pareja de Habsburgo, de una edad que podía conciliarse con la de una princesa y un príncipe de España, puso al alcance de Fernando una jugada brillante. En agosto de 1496, tres años después de que Maximiliano fuera nombrado emperador, la infanta Juana partió hacia la corte borgoñona para casarse con el archiduque Felipe de Austria; en abril del año siguiente, su hermano Juan se casó con la archiduquesa Margarita, que había sido llevada a España. 
María e Isabel de Aragón fueron utilizadas como monedas de cambio para establecer la alianza con Portugal. Tal como Escocia para Inglaterra, así era Portugal para España: un vecino cuya proximidad geográfica lo convertía permanentemente en un aliado o enemigo potencial. Catalina, la menor, fue comprometida con el heredero de Inglaterra, Arturo Tudor. Este último compromiso reforzaría el derecho al trono inglés de la dinastía Tudor, cuya legitimidad era puesta en duda por la realeza europea. En esa época, los Trastámara eran la casa real más prestigiosa. El futuro suegro de la infanta Catalina, Enrique VII, había ganado la corona a punta de espada. A primera vista, Inglaterra era una potencia menor en comparación con el poderoso trío formado por España, Francia y el que llegó a ser el Imperio de los Habsburgo. No obstante, Inglaterra gozaba de ciertas ventajas naturales en todo juego diplomático o militar. Los mercantes españoles que deseaban llegar a Holanda, los mercantes borgoñones que se dirigían a España, necesitaban la protección de los puertos ingleses si Francia estaba cerrada para ellos. 



Isabel como reina de Aragón
Fueron raras las ocasiones en las que Isabel de Castilla pisó tierras aragonesas. Isabel era una mujer de carácter, pero su marido no lo era menos. Ella dejo claro a su marido que en Castilla él solo era consorte, así como ella lo era en Aragón. 
Solo una entre sus cinco hijos nació en Aragón. El padre de Fernando, Juan II, quiso que el príncipe Juan se educara en Aragón, pero Isabel no lo permitió. Fue en Barcelona donde los reyes recibieron a Colón luego de que éste finalizara su primer viaje. 
A diferencia de Castilla, el reino de Aragón no sufrió mucho cambios. Mientras en Castilla el poder se concentraba en la Corona, en Aragón los privilegios de la nobleza limitaban mucho el poder del rey. Aragón continuo su rivalidad con Francia, un conflicto ya antiguo, pero el reino de Francia no estaba particularmente enemistado con Castilla. 


Isabel de Castilla "la Católica" (Parte 4)

Instauración de la Inquisición


Virgen de los Reyes Católicos. En el trono se aprecia a la Virgen con el Niño. Dos santos con hábito dominico. Los reyes, Isabel y Fernando con sus hijos, Juan e Isabel. Detrás del rey esta retratado Tomás de Torquemada, inquisidor de Castilla. El hombre que esta detrás de la reina podría ser Pedro de Arbués, inquisidor de Aragón. 

La Inquisición tenía como fin suprimir la herejía. La Inquisición medieval, de la que derivarían todas las demás, fue fundada en 1184 en el sur de Francia, pero tuvo poco efecto. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos, a causa de su mejor preparación teológica. En un principio, esta institución se implantó sólo en Alemania y Aragón, aunque poco después ya se extendió al resto de Europa, siendo su influencia diferente según el país. 
En 1478 es fundado en España por los Reyes Católicos, con la autorización del papa Sixto IV, el Tribunal de la Santa Inquisición. Ésta dependería de la monarquía. El principal propósito del tribunal era vigilar la sinceridad de las conversiones de judíos y musulmanes. El primer inquisidor general fue fray Tomás de Torquemada.

La expulsión de los judíos



El 31 de marzo de 1492, en Granada, se firmó el decreto de expulsión de los judíos. Este es uno de los episodios históricos más controvertidos de la historia española, pero, en el siglo XV, tal decisión estaba lejos de ser criticada. Este decreto fue aplaudido en Europa. Los reyes pretendían que España fuera un país unido por una sola religión.
Los judíos eran "tolerados" en la península ibérica, lo cual no indica que su situación era favorable, pues hubo mucha desigualdad entre cristianos, musulmanes y judíos. Tanto judíos como musulmanes eran despreciados, pero en especial los judíos, a quienes consideraban descendientes de los que habían crucificado a Jesucristo. Durante el reinado de Isabel, los judíos vivían en el entorno rural y se dedicaban a la agricultura. Había judíos que se dedicaban al préstamo. Habitaban en juderías con sus propias leyes y ceremonias. Cabe destacar que los judíos ayudaron financieramente durante la guerra de Granada.


Expulsión de los judíos, Joaquín Turina

Hubo judíos que alcanzaron importantes puestos en la corte. Los judíos formaban parte de una microsociedad al lado de la sociedad cristiana, que era mayoritaria. Pero en el siglo XV, el problema estaba en los conversos. Los conversos eran judíos que se habían bautizado, pero aun así eran mirados con recelo por los cristianos. Estallaron revueltas contra los conversos durante el reinado de Enrique IV. Justificaban sus ataques a conversos alegando que éstos practicaban a escondidas la fe judía. Sin embargo, también existía resentimiento contra los judíos, pues ellos habían apoyado la invasión musulmana de la península. Esta el caso de Abraham Senior, un miembro del Consejo real que intentó solicitar la derogación del edicto, junto con Isaac Abravanel. Senior optó por la conversión, mientras que Abravanel partió hacia Nápoles. 


Sucesos similares se habían llevado a cabo en otros países, mucho antes de la expulsión en España. En 1290, Eduardo I de Inglaterra ordeno una expulsión. La cifra de judíos en España era elevada, en comparación con otros países de Europa. Representaban el 5% de la población, cerca de 200,000 personas. Fueron 50,000 los que no salieron de la península, pues se convirtieron al cristianismo. Algunos historiadores afirman que solo se marcharon 20,000. Según establecía el edicto, los judíos tenían un plazo de cuatro meses para abandonar el país y no podían sacar oro, plata, armas o caballos. Los que optaron por irse tuvieron que vender sus bienes y muchos de los que se convirtieron era judíos bien colocados socialmente. Hay que descartar que Isabel y Fernando buscaran beneficiarse económicamente, cuando en realidad la expulsión supuso una perdida. Los judíos pagaban tributos, por lo que la corona se quedo sin este ingreso. Perdieron hábiles comerciantes y artesanos. Muchos partieron al norte de África. Países Bajos y Portugal fueron el destino de muchos de los judíos expulsados. Siglos después, en 1967, tras el Concilio Vaticano II, se revocó en España la expulsión de 1492. 

Las mujeres en la corte de Isabel

Las mujeres tuvieron un papel destacado en la corte de Isabel la Católica. Era una época en la que se buscaba relegar a las mujeres a vida sujeta a la sumisión, las damas en la corte de Isabel destacaron por su erudición y capacidad para la política. La misma reina era un claro ejemplo. 



Beatriz de Bobadilla

Beatriz de Bobadilla fue una amiga cercana de Isabel, a pesar de que Beatriz era 10 años mayor. Se dice que la decisión de aceptar las ideas de Cristóbal Colón fue gracias a cierta influencia de Beatriz. No podemos olvidar a Beatriz Galindo, llamada "la Latina". Fue una mujer culta, preceptora de los hijos de los Reyes Católicos. Su apodo se debe a su gran dominio del latín. No se limitaba a la enseñanza, pues la reina tomaba en cuenta sus consejos. La reina apoyó a otra decidida mujer, llamada Beatriz de Silva, quien quería fundar una orden religiosa. Hubo otras damas de la reina que gozaron de formación intelectual, como Catalina Medrano. Aparte de estas mujeres, Isabel facilitaba el estudio para personas de su corte. 

Los celos de Isabel
Cuando escuchamos que la reina tenía fama de celosa, nos viene a la mente la historia de Juana la Loca. No le faltaban motivos a Isabel, pues Fernando era aficionado a las mujeres hermosas. 



Hubo una mujer, sobrina de Beatriz de Bobadilla, también llamada Beatriz. Se le atribuye haber captado la atención del rey, por lo que Isabel se apresuró a casarla con Hernán Peraza. Además, la reina se rodeaba de damas de estricta virtud y escasa belleza. La pregunta aquí es, ¿era tan celosa como su hija Juana la Loca? Evidentemente, no fueron tan graves como los de Juana y no repercutieron en su deber como reina.



http://www.abc.es/espana/20141030/abci-mito-expulsion-judios-reyes-201410271408.html

lunes, 6 de julio de 2015

Juana de Avis, reina consorte de Castilla



Primeros años
La hija menor de Eduardo I de Portugal y Leonor de Aragón nació el 20 de marzo de 1439 en Almada, Portugal. Descendía de Inés de Castro, la trágica amada del rey Pedro I. Al morir el padre de Juana, Leonor de Aragón fue nombrada regente, dada la minoría de edad de Alfonso, quien entonces contaba con seis años. Sin embargo, las Cortes no confiaban en Leonor, debido a que era extranjera, y al año siguiente fue reemplazada por su cuñado, Pedro de Portugal, duque de Coímbra.

La infanta lusa vivió su infancia en Toledo, acompañando a su madre en el destierro, hasta que la reina viuda murió en 1445, aparentemente envenenada. 

Reina de Castilla
El 21 de mayo de 1455, Enrique IV toma por esposa a Juana de Avis. No se mostró la sábana que demostraba la consumación del matrimonio, lo mismo que en el caso de Blanca. La nueva reina consorte de Castilla era una mujer muy bella. De tez morena, según Marañón, "agobiada por la melancolía que en la niñez producen las tragedias del hogar, en cuya maravillosa hermosura estaba ya escrito el sino contradictorio de su fortuna y de su infelicidad". Sigue Marañón diciendo que "debió de ser realmente espléndida su belleza, porque, aun contando con la lisonja cortesana, es unánime el elogio que hacen de ella cronistas y viajeros...". Palencia, tan huraño para decir la verdad, la llama, "mujer de esplendente hermosura". Tetzel dice de ella esta simple, pero expresiva frase: "es una linda señora morena"[1]
Era una mujer de personalidad alegre y frívola, con dieciséis, en contraste con su marido catorce años mayor. Sus damas portuguesas no labraron una muy buena reputación en la corte castellana. Las más destacada fue Guiomar de Castro, quien captó el interés de Enrique IV. Mientras tanto, Juana de Avis se veía herida en su orgullo, debido a la indiferencia de su esposo.

Según narra Palencia, las lindas damas, corte de amor, de la bellísima reina, "ocupaban sus horas en la licencia" y "el tiempo restante lo dedicaban al sueño, cuando no consumían la mayor parte en cubrirse el cuerpo con afeites y perfumes, y esto sin hacer de ello el menor recato, antes descubrían el seno hasta más allá del ombligo; y desde los dedos de alta del muslo; interior y exteriormente, cuidaban de pintarse con blanco aceite para que al caer de sus hacaneas, como con frecuencia ocurría, brillase en todos sus miembros uniforme blancura". 

No se sabe lo que ocurrió en la noche de bodas, pues, al parecer, Enrique había tenido la precaución de derogar para esta segunda luna de miel "la antigua y aprobada ley de los reyes de Castilla, la cual prescribe que, al consumarse el matrimonio, se encuentren en la real cámara un notario y testigos". [2]


Una hija dudosa
Después de siete años, con una vida conyugal plagada de chismes y murmuraciones, la reina dio a luz el 28 de febrero de 1462, en Madrid, a una niña, la princesa Juana. Fue bautizada por Carrillo, arzobispo de Toledo. Sus padrinos fueron Juan Pacheco e Isabel de Castilla. Tres personajes decisivos en el destino de Juana, la infeliz princesa que pasaría a la historia con el mote de Beltraneja.

El escándalo se desato cuando una parte de la nobleza manifestó sus dudas acerca de la paternidad de la niña, la cual era atribuida a Beltrán de la Cueva, valido del rey. Beltrán era muy cercano a Enrique IV, siendo nombrado mayordomo en 1458 y reemplazando a Pacheco en el Consejo como confidente del rey, en 1461. En 1462, Beltrán se casó con Mencía de Mendoza, hija del marqués de Santillana. Y sumada la concesión de maestrazgo de Santiago, la envidia de muchos nobles incremento, especialmente la del marqués de Villena, Juan Pacheco. Fue dicho marqués el encargado de difundir los rumores acerca del amorío entre Beltrán de la Cueva y la reina Juana, e incluso la posibilidad de que el mismo rey encomendara a su favorito la tarea de preñar a la reina.

                                 Juana la Beltraneja                                        Beltrán de la Cueva

Hay fuentes que hablan acerca de que la reina Juana quedó embarazada de Enrique IV mediante una técnica de inseminación artificial, usando una cánula de oro que contenía la simiente del monarca. Este método fue aplicado por un médico judío. En cuanto a la impotencia de Enrique IV, es probable que ésta se debiera a un tumor en la hipófisis. 

Pese a todo, Juana siempre defendió los derechos de su hija. Llegó a jurar en la Catedral de Segovia, luego de recibir la Eucaristía, que la princesa Juana era hija legítima y natural del rey. Enrique, en cambio, fue más débil ante las acusaciones de los nobles. Intento resolver los problemas del reino declarando heredero a su medio hermano Alfonso, con la condición de que se casara con Juana. El 19 de septiembre de 1468, Enrique IV se entrevistó con Isabel. Por el Tratado de los Toros de Guisando (Ávila), el rey reconocía a Isabel como heredera. 

Amorío en Alaejos 


Juana de Avis y Pedro de Castilla, serie Isabel
En esa época, en 1467, la reina fue apartada de la corte y recluida en el castillo de Alaejos, bajo la custodia del arzobispo Alonso de Fonseca. Palencia narra que "el Arzobispo de Sevilla perdió el seso con la prenda que en rehenes le había entregado Don Enrique". Fue en dicha estadía donde se entregaría a amores menos desagradables que los que podía ofrecerle su real cónyuge. 

Durante su estadía en la propiedad del arzobispo, la reina conoció a Pedro de Castilla y Fonseca. De tal romance nacieron los gemelos Pedro y Andrés, nacidos en Buitrago. La reina escapó de la residencia del arzobispo dos años después. Palencia describe así la aventura: "Estando ya embarazada de siete meses, terminó el motivo que la tenía en rehenes, y el Rey envió a varios nobles a que la sacasen del castillo de Alaejos y la acompañasen a Madrid. Se alteró la Reina, porque en la Corte la hubiera sido imposible disimular su embarazo, y despidió con un pretexto a los enviados de su marido. Y una noche se descolgó por el adarve, siendo recogida abajo por su amante Don Pedro, que, según lo convenido, la aguardaba junto al portillo del muro inferior, a la sazón tapiado con piedras sin trabazón de cal. Apartáronlas prontamente; penetraron por él, y siguiendo el sendero de la cava, en que asentaban los cimientos, salieron al campo, donde hallaron a Pedro de Castilla y a Juan Hurtado, hijo de Rodrigo Díaz de Mendoza, con diez caballos". "Reunidos todos, dirigiéronse por orden de la Reina, a Cuéllar, en busca de Don Beltrán , que allí estaba, y aunque ella le dió una explicación falsa del motivo de su venida, no tardaron él y los suyos en apercibirse de la causa que la impulsaba a arrastrar antes el escándalo de la fuga que el peligro de su permanencia de la fortaleza"

Un detalle curioso de este embarazo accidentado fue el vestido que adoptó para disimular el abultamiento de vientre, y que luego por moda, adoptaron "todas las damas nobles españolas"; "vestidos de desmesurada anchura que mantenía rígidos, en torno del cuerpo, multitud de aros durísimos, ocultos y cosidos bajo la tela, de suerte que hasta las más flacas parecían con aquel traje corpulentas matronas y a todas podría creérselas próximas a ser madres", como describe Palencia. 

Este asunto se sumó a la lista de escándalos que se cernían sobre Juana de Avis. No se puede asegurar con seguridad si Juana la Beltraneja era ilegítima o no, pero lo cierto es que las acciones tanto de Juana como de Enrique no ayudaron en nada a la causa de la princesa Juana. En cuanto a Juana de Avis, el nacimiento de sus gemelos nacidos fuera del matrimonio reforzó la creencia de que su hija no era del rey.

Muerte
Nunca abandonó a don Pedro de Castilla, a pesar de que éste, que sin duda conservaba viva la sangre violenta de su bisabuelo Pedro el Cruel, "la daba algunas veces de palos". (Véase la biografía de Juana, en Paz y Melia, pág. 427). En la Crónica de los Reyes Católicos de Hernando del Pulgar, capítulo IV, cuenta el episodio de que habiendo don Enrique hecho prender a don Pedro para castigar su adulterio, "la reina atribulóse con tantos lloros, que el Rey, no pudiendo sufrir la pena continua que creía recibir la Reina, le mandó soltar".   

Después de vivir un tiempo con los Mendoza, Juana se traslado al convento de San Francisco, en Madrid. El 13 de junio de 1475, a los treinta y seis años, muere Juana de Avis. Su muerte fue atribuida a un envenenamiento ordenado por su hermano, el rey Alfonso de Portugal, ante el temor de que ella hiciera "pública manifestación de arrepentimiento" y, por tanto, declaración de su liviandad. La reina Isabel, pese a haberse enfrentado a Juana la Beltraneja y resultar vencedora, se encargó de que su cuñada recibiera un funeral digno. 

Su testamento, escrito por su mano, es conmovedor. Pide en él "que mi cuerpo sea enterrado en el Monasterio de San Francisco y que sea vestido con su hábito, antes de que fallezca y muera y en él sea enterrado; y antes de morir, cuando quiera expirar, sea echada en el suelo, como los religiosos de esta orden y no sea metido en ataúd;" y agrega, con coquetería casi genial, que la pinta en la plenitud de su feminidad exaltada, "que sea enterrada en algún lugar hueco: que no llegue luego la tierra sobre mí"






Fuente: 
[1] Fernando Castilla. (2003). Don Pedro de Castilla y Fonseca y doña Juana de Portugal. Diciembre 17 de 2017, de Genealogia-es Sitio web: http://www.genealogia-es.com/castilla/portu1.htm

[2] Marañon, Gregorio, (1960) Capítulo V. La segunda boda. En Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, p. 54-57). Madrid: Espasa-Calpe. 

Marañon, Gregorio. (1960). Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo. Madrid: Espasa-Calipe.

José Alberto Cepas Palanca. (2016). Enrique IV de Castilla, el Impotente. Diciembre 18 de 2017, de Revista de Historia Sitio web: https://revistadehistoria.es/enrique-iv-de-castilla-el-impotente/#_ftn1

domingo, 5 de julio de 2015

Isabel de Castilla "la Católica" (Parte 3)

Apariencia y personalidad
Isabel de Castilla no era una mujer carente de atractivos. Era de constitución proporcionada, con tez blanca y cabellos muy rubios. Sus ojos han sido descritos "entre verdes y azules", con una mirada graciosa y sincera. Su cara era descrita, en pocas palabras, como hermosa y alegre. Sus dientes eran blancos y sus pestañas largas.



Es descrita como una mujer prudente, sabia, inteligente, casta y modesta. Los cronistas hacen mucho énfasis en la pureza de su corazón y la grandeza de su alma. Su hablar era considerado cortés y mesurado. Otra característica muy notable en Isabel es su fervor religioso. Sin embargo, Isabel distaba mucho de ser una mujer mansa. Su personalidad es compleja y, podría decirse, con contradicciones. Era una esposa y madre devota, pero también tenía carácter fuerte. Isabel contaba con un rasgo que resultaría decisivo durante su lucha por el trono y su reinado. Tal rasgo era su propia importancia personal. Isabel sabía que era inteligente, importante y capaz de lograr lo que se proponía. Daba muestras de seguridad hasta en los momentos más dificiles. Su independencia, su facilidad de expresarse con acierto y su libertad de criterio forman parte de su notable personalidad. Poseía una mente brillante que rebasaba lo convencional. Eso era Isabel como reina.




Isabel, como mujer, también es interesante. Era una persona optimista que no vacilaba en cada paso que daba. Como madre, Isabel se permitió muestras de ternura. Es un enorme contraste entre la mujer maternal y la soberana que expulsó a los judíos y combatió implacablemente. Era una esposa celosa, rasgo que con el tiempo se observaría en su hija Juana. La reina no era una mujer totalmente sobria en sus costumbres, hasta el punto de descuidar su aseo persona. Le gustaba el lujo, sin llegar a ser ostentosa. Cuando se trataba de imponer orden, Isabel era inflexible y dura. Participó en la expulsión de los judíos y en la guerra de Granada férreamente. 



Nace el heredero




Cinco años después de nacer Isabel de Aragón, la reina Isabel sufrió un aborto en Cebreros. El feto era varón. La reina realizo un peregrinaje hacia el monasterio de San Juan de Ortega para suplicar un embarazo. La reina también recurrió a Lorenzo Badoz, un médico judío converso que se encargaría de someter a su real paciente a tratamientos. También asistió a la reina en los nacimientos de sus otras tres hijas. Las súplicas de la reina fueron atendidas, pues el 30 de junio de 1478 nació en Sevilla el hijo varón de los Reyes Católicos, Juan de Aragón. Más tarde, ese niño sería nombrado príncipe de Asturias y de Gerona. El parto fue vigilado por Lorenzo Badoz y atendido por una famosa partera llamada "la Herradera". El recién nacido no era el niño robusto que todos esperaban, quien además tenía labio leporino. Fue bautizado por el cardenal Mendoza.


Nacimiento de Juana



Pocos meses después del nacimiento del príncipe Juan, la reina queda embarazada. El 6 de noviembre de 1479 en Toledo nace una bella niña llamada Juana, quien sería madre del emperador Carlos V. La nueva infanta era bella, muy parecida a su abuela paterna. Fue amamantada por su madre, a diferencia del resto de sus hermanos. Juana era de ojos rasgados y cabello oscuro, poseedora de una belleza distinta a la de sus rubios hermanos. En su etapa adulta demostró una notable salubridad, pues sus partos transcurrieron sin complicaciones y vivió muchos años. Su llegada al mundo fue sin complicaciones, con un parto tan sencillo que nadie hubiera imaginado que esa infanta heredaría la locura de su abuela materna y causaría tormentos a su madre.


Conquista de Granada


Después de consolidar su autoridad, los reyes pasaron a centrar su atención en Granada. A lo largo del siglo la frontera con el emirato musulmán había experimentado incidentes y ataques, interrumpidos por treguas frágiles y por el pago de tributos por Granada a Castilla. Sin embargo, seguía predominando la convivencia: el comercio continuaba, se intercambiaban regularmente los prisioneros de guerra por conducto de mediadores oficiales y en ambos bandos se componían baladas sobre la caballerosidad de los héroes fronterizos. En Granada, el emir Abul-l-Hassan reinaba sobre un territorio poblado por medio millón de habitantes, nación poderosa, pero desgarrada por divisiones políticas y de clanes.

La guerra de Granada fue un conjunto de batallas que tuvieron lugar entre 1482 y 1492 en el reino nazarí de Granada. La prioridad de los Reyes Católicos era la toma de Granada, ya que los musulmanes podían convertirse en aliados de los turcos, que amenazaban con una nueva invasión. Esta guerra terminaría con la presencia del Islam en España. También fue la última guerra medieval. La guerra duró 10 años, desde el 1 de marzo de 1482, cuando los cristianos atacaron, hasta el 2 de enero de 1492, cuando Boabdil firmó las capitulaciones.


Boabdil entregando Granada a Isabel y a Fernando

Escena de la rendición de Granada. Serie Isabel

Castilla y Aragón superaban en riqueza al reino de Granada. Y Granada había sido obligada a pagar tributo a Castilla. El hecho de que los emires de Granada se negaran a pagar tributos se convirtió en un motivo más para que estallara la guerra. El reino de Granada no estaba en sus mejores momentos. Los conflictos internos debilitaron el reino nazarí. Aixa, la madre de Boabdil, fue una de las favorecedoras de estas intrigas palaciegas. Aixa se sentía desplazada por el amor que Muley Hacén sentía por una cautiva cristiana llamada Isabel de Solís.



A finales de 1481, los musulmanes tomaron Zahara. Este suceso provoco que los cristianos atacaran el castillo de Alhama. Las siguientes batallas significaron un fracaso para los cristianos, como el fallido ataque a Loja en julio de 1482, en el cual murió el maestre de la Orden de Calatrava. Tampoco consiguieron tomar Málaga. En 1483, Boabdil intentó tomar Lucena con 700 jinetes y 9000 soldados, pero en lugar de éxito, fue capturado por el conde de Cabra. Fue llevado como rehén ante Isabel y Fernando. Boabdil, el Rey Chico, realizó un acuerdo con los Reyes Católicos, que consistía en que los Reyes ayudarían a Boabdil a vencer a su padre, Muley Hacén. El Rey Chico tuvo que dejar a su hijo en manos de los castellanos. 


 

Es posible que al principio no se contemplara como objetivo la conquista total de Granada, pero al final no cabe duda de que ése era el objetivo. Isabel no participó en la campaña sino nominalmente, y dejó el mando militar en manos de Fernando. El prestigio de la monarquía se vio enormemente realzado por la guerra, que adquirió la condición de cruzada europea, con la bendición del Papa y la presencia de voluntarios de todo el continente. El Papa aportó fondos y regaló a Fernando una cruz de plata enorme que se portaba delante de las tropas. En la propaganda oficial se cultivaba deliberadamente el elemento religioso, aunque ello no significa que los motivos de la Corona no fueran sinceramente píos. En 1481 Fernando declaró que su objetivo era "expulsar de toda España a los enemigos de la fe católica y consagrar España al servicio de Dios".

Nace la infanta María
En marzo de 1482, la reina Isabel se trasladaba de Aragón a Medina del Campo. Ya estaba en avanzado estado de gestación. Isabel no guardaba el reposo recomendado a las preñadas, pues viajaba a caballo. El 29 de junio de 1482 nace la penúltima hija de Isabel, la infanta María, futura reina consorte de Portugal. Es la única que nace en el reino de Aragón. Su nacimiento se produjo durante la guerra de Granada. Eran dos bebes, pero la otra niña murió. Los viajes a caballo contribuyeron a que este parto fue problemático, pues se sabe que ese embarazo fue más difícil que los anteriores. Los embarazos gemelares eran considerados mal augurio. En contraste con la infanta Juana, la que casi no provocó dolor al nacer, la infanta María no causó penas a su madre y tuvo una vida más apacible que sus hermanos. Fue la que más nietos dio a Isabel y Fernando.



Nace la última hija, Catalina
El 16 de diciembre de 1485, el mismo año en el que murió el emir granadino Muley Hacén, nace en Alcalá de Henares (Castilla) el último vástago de los Reyes Católicos. Dentro de unos años, esta niña se convertiría en la reina consorte de Inglaterra. Fue la hija favorita de Fernando, quien llego a decir: "Es la hija que yo más quiero de las que Dios me dio". Fue la más parecida físicamente a su madre: cabello rojizo-dorado, ojos azules, cara redonda y tez blanca. Entre sus hermanos, fue la que tuvo el más triste historial de partos (seis embarazos de los cuales solo una hija sobrevivió). Según las crónicas de la época, pocas reinas podían rivalizar con sus dotes intelectuales. 


El fin de la Reconquista


Fernando y Boabdil, serie Requiem por Granada


Mientras tanto, los cristianos toman Ronda y Marbella. En 1485 muere Muley Hacén, y lo sucede su hermano el Zagal. En 1486, los castellanos consiguen apoderarse de Loja y Boabdil cae prisionero nuevamente, desatándose nuevas disputas. La reina Isabel hizo acto de presencia junto a sus tropas para motivarlas y transmitir confianza a sus soldados en la victoria definitiva para el asalto final a Málaga. Fernando conquista Málaga en 1487, hecho que debilitaría aún más el poder del reino árabe mientras los cristianos iban añadiendo territorios bajo su poder. Finalmente, el Zagal se rinde y renuncia a la lucha. No obstante, Boabdil ha roto su acuerdo con los cristianos. 

En 1491, los Reyes Católicos deciden poner fin a la guerra. Instalan una ciudad-campamento llamada Santa Fe. La fundación de Santa Fe supone un golpe para los granadinos. Finalmente, inician las negociaciones entre el emisario de Isabel y Fernando y el de Boabdil, Abul Cazim. Gonzalo de Córdoba es elegido como emisario, ya que él tiene conocimiento de la lengua de los moros. 




El 25 de noviembre de 1491, se firman las capitulaciones de Granada. El 2 de enero de 1492, Boabdil entrega el reino de Granada a Isabel y a Fernando. Vestidos de gala, Isabel y Fernando entraron montados a caballo en Granada. Poco antes de llegar a las puertas de la Alhambra, se abrieron sus puertas y salió el rey Boabdil también montado y acompañado de su corte. El rey moro se acercó al rey cristiano y se procedió a la entrega de las llaves. El emir quiso bajar de su caballo para inclinarse ante el rey Fernando, pero el rey se lo impidió para evitarle deshonra. Después de que Fernando tomó las llaves, se las entregó a Isabel, quien a su vez se las dio al príncipe Juan.


En 1496, el Papa Alejandro VI concede a los reyes de Castilla y Aragón el título de Reyes Católicos.


Fuentes:
http://www.grandesbatallas.es/

http://redhistoria.com/