sábado, 1 de noviembre de 2014

Juan de Aragón, príncipe de Asturias y Gerona. El príncipe que murió de amor.



Juan de Aragón y Castilla fue el segundo hijo de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. También único varón en una familia de cuatro hermanas. La primera hija de Isabel y Fernando nació en 1470. Transcurrieron ocho antes de que la reina pudiera engendrar un hijo varón. El 30 de junio de 1478, Isabel dio a luz en Sevilla a un niño al que llamaron Juan. Incluso el propio rey Fernando, que se encontraba sitiando la fortaleza de Castronuño, abandonó su labor militar para conocer a su heredero. 

El cuidado de la reina durante el parto corrió a cargo de una mujer llamada la Herrera, una conocida partera sevillana de la época; por otra parte, doña María de Guzmán, tía de Luis de Guzmán, señor de la Algaba, fue nombrada nodriza del príncipe, y se encargó de su salud en los delicados días después del nacimiento. Poco tiempo después, la ciudad sevillana se preparó para celebrar las acostumbradas "fiestas e alegrías", como se recogen en la crónicas de la época, con ocasión del bautizo, celebrado con toda la pomposidad posible el 9 de julio de 1478. 

Educación y Casa del príncipe Juan
Los Reyes Católicos dispusieron para su hijo una educación completa, humanista y versada tanto en las letras como en las armas. Fray Diego de Deza se encargaría de su educación. El príncipe debió haber adquirido destreza con la espada y la montura del caballo. Sin embargo, Juan estaba más inclinado al estudio y a la música. En esto último fue instruido por Juan de Anchieta, maestro principal de su capilla. El príncipe era sumamente amado por su madre, quien lo llamaba "mi ángel". 



Los soberanos dispusieron para su hijo el manejo de una casa, es decir, una nómina de criados y consejeros. La corte del príncipe fue establecida en el palacio de los Mendoza de Almazán. Además de Diego de Deza, preceptor del príncipe, la disposición de su casa quedó conformada en torno a diez consejeros, de los cuales cinco eran caballeros ancianos, de prestigio y solvencia en la época (Sancho de Castilla, Nicolás de Ovando, Pero Núñez de Guzmán, Juan de Calatayud y Juan Velázquez), y cinco mancebos, de similar edad a don Juan: Sancho y Diego de Castilla (hijos de Sancho de Castilla, antes citado) Hernán Gómez de Ávila, Luis de Torres, (hijo del condestable Iranzo y doña Teresa de Torres) y Hernán Arias. Además de estos consejeros, el príncipe también contó con la presencia de pajes, la mayoría de ellos también hijos de la nobleza. El abuelo del Juan, el rey Juan II de Aragón, tenía especial interés por el niño. Él quería que el heredero de Isabel y Fernando se educara en Aragón. 

La boda del príncipe
La privilegiada situación de Juan de Aragón acarreaba sumo cuidado a la hora de escogerle una esposa. Él era príncipe de Asturias, heredero de Castilla, y príncipe de Gerona, heredero de Aragón. Su persona era muy importante para el reino, pues su ascenso a ambos tronos podría traer la unificación. 
En 1495, los Reyes Católicos forjaron una alianza con el emperador Maximiliano de Austria. Se estableció un matrimonio doble entre Juan de Aragón con Margarita de Austria y la infanta Juana con Felipe de Austria. El navío que llevaría a Juana hacia Flandes traería a Margarita a Castilla. 



La archiduquesa Margarita cumplía todos los requisitos imprescindibles para convertirse en la futura reina de Castilla: era casi de la misma edad que Juan, una exquisita formación académica y una belleza sin igual. Cabe destacar que Margarita había sido prometida, cuando aún era una niña, con el monarca francés Carlos VIII, y había residido en el país galo. Pero Carlos perdió interés en la hija de Maximiliano y la envió a su país para poder casarse con Ana de Bretaña. 
Finalmente, la boda se celebró a primeros de abril en Burgos, con toda la grandeza inherente a tal celebración.

La inesperada muerte
Después de las bodas, los recién casados partieron hacia la corte principesca de Almazán, donde pasaron la primavera. Poco más tarde, el matrimonio y su séquito se trasladaron a Medina del Campo para pasar el verano, donde el príncipe Juan enfermó de viruela, lo que obligó a guardar reposo a la comitiva hasta septiembre. Aprovechando una ligera mejoría en la salud del príncipe, la corte se trasladó hacia Salamanca, donde la ciudad les recibió con unas magníficas fiestas, celebradas en el palacio de Fray Diego de Deza. Sin embargo, a los pocos días, el príncipe Juan sufrió un ataque acompañado de violentas fiebres de las que nunca se recuperaría, y que fueron la causa de su fallecimiento el 4 de octubre de 1497, seis meses después de la boda con la archiduquesa Margarita. 


Actual monasterio de Santo Tomás

Fue sepultado en la capilla mayor de la catedral de Salamanca, aunque posteriormente los Reyes Católicos ordenaron el traslado del cadáver al convento de Santo Tomás; el luto oficial duró cuarenta días. 

Ya desde su pubertad, el príncipe Juan había dado muestras de tener una salud débil y enfermiza. Resfriados y fiebres parecidas a las que le causaron la muerte, le habían acompañado durante sus escasos diecinueve años. Sin embargo, a juzgar por algún testimonio contemporáneo, parece ser que hubo también otra razón para explicar la funesta debilidad que le condujo a la muerte: un exceso de actividad sexual motivado por los constantes y deseosos furores de su bella y joven esposa. 


Tumba de Juan de Aragón

La debilidad del príncipe, junto con los ardores sexuales propios de la juventud de los cónyuges, acabaron por quebrar su precaria salud. No en vano, el duque de Maura, erudito de la mitad del siglo XX, tituló su obra dedicada a la biografía de don Juan con estas esclarecedoras palabras: El príncipe que murió de amor.

Consecuencias de su muerte
El hondo trastorno causado en la península por el fallecimiento del heredero tiene en la literatura de la época una excelente muestra para calibrar su impacto, no sólo en el aspecto político sin también en el sentimiento popular. 


La Madonna con el Niño. A su izquierda están el rey Fernando con el infante Juan y al lado opuesto están la reina Isabel con la infanta Isabel. 

A pesar de todo, el género más marcado por la influencia del príncipe fue la literatura consolatoria destapada a raíz de su muerte, aunque decirlo pueda parecer una cruel frivolidad. Esta profusión de escritos fúnebres, tanto en castellano como en latín, tuvieron a varios destacados protagonistas entre los más selectos literatos de la época: Lucio Marineo Sículo, Juan de Velázquez, Pedro Mártir de Anglería, Diego Ramírez de Villaescusa, o el propio Alfonso Ortiz, autor del citado Espejo principesco de don Juan. 

La cuestión pudo haberse solucionado si la archiduquesa Margarita, embarazada por el príncipe en uno de sus fogosos encuentros, no hubiese perdido el fruto de su seno, quizá agobiada por el profundo pesar que causó la muerte de su marido. Incluso el aborto de Margarita era una niña. Ahora Isabel, la hermana mayor de Juan, ocuparía su lugar como princesa de Asturias. La falta de heredero varón significaba para los Reyes Católicos la extinción regia de la Casa de Trastámara.


Fuentes:
http://www.mcnbiografias.com/

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