viernes, 3 de mayo de 2013

María Tudor (Parte I)




Nacimiento e infancia
El 18 de febrero de 1516, a las cuatro de la mañana, la reina Catalina dio a luz en el palacio de Greenwich a una hija que fue llamada María. El parto había sido largo y duro, aunque la reina había tratado de protegerse contra los dolores del alumbramiento aferrándose a una santa reliquia —un cinturón— de su santa patrona. Aparte de los sufrimientos de la madre, el bebé era sano, robusto incluso. Antes de su nacimiento, sus padres habían tenido cuatros hijos mortinatos o que habían fallecido poco después de nacer. 

Enrique VIII y Catalina de Aragón, padres de María

Como en todo alumbramiento de toda dama real de esa época, se había esperado con confianza un príncipe. La llegada de una princesa significó que las celebraciones fueran adecuadamente reducidas. Por ejemplo, los mensajeros que llevaron la buena noticia —modificada— a la Universidad de Cambridge recibieron sólo 28 chelines y 6 peniques de los censores, además de un poco de vino moscatel, mientras que los mensajeros que habían dado la noticia del alumbramiento del bebé de corta vida en 1511 habían recibido más dinero —40 chelines— y más vino. Más arriba en la escala social, Giustinian, el embajador veneciano, se tomó deliberadamente su tiempo para presentarle sus congratulaciones al rey. Y cuando finalmente lo felicitó, el embajador hizo un comentario poco afortunado aunque certero: "Vuestra Serenidad habría experimentado mayor satisfacción si [el bebé] hubiese sido un hijo" Pero el rey Enrique estaba de buen humor. "Seguirán los hijos", le dijo a Giustinian. Señaló: "La reina y yo somos jóvenes".  Era el punto de vista expresado por una balada contemporánea sobre el tema de "esa bella damita":

"Y envíale pronto un hermano                                                           
que sea el justo heredero de Inglaterra." 

María fue bautizada en la Iglesia de los frailes observantes de Greenwich el 20 de febrero 1516 en una ceremonia magnífica que, inevitablemente, se había preparado para el esperado príncipe. El dosel que iba sobre ella era llevado por cuatro caballeros. Entre ellos sir Thomas Parr y sir Thomas Bolena. Los padrinos fueron el ministro del rey, Thomas Wolsey, que había sido nombrado cardenal en 1515, la tía abuela de María, Catalina de York, hija del rey Eduardo IV y viuda del conde de Devon, y la duquesa de Norfolk. En su confirmación, la cual (de acuerdo con la práctica real acostumbrada), seguida inmediatamente después del bautizo, Margaret Pole actuó como madrina. Después del bautismo y la confirmación, María, precedida por sus padrinos, fue llevada a la cámara de la Reina y fue presentada a Catalina. 

Durante los primeros años de María, Catalina mantuvo a su hija cerca de ella en la corte. En los palacios más grandes, ella tenía su propia "cámara", o un conjunto de habitaciones que formaban parte de la suite de la reina, que era mucho más grande. A la princesa se ​​le dieron dos habitaciones: una interna, donde dormía en su cuna cada día, y una exterior, en donde recibía visitantes. 
Lady Bryan tenía una habitación, y la lavandera otra donde trabajaba y dormía. Probablemente había una cámara de dormitorios para los funcionarios menores femeninos y un alojamiento para el capellán de María. Encontrar espacio para muchos era imposible en todos, menos en los palacios más grandes. Y el problema se agravó cuando los criados masculinos, que eran en cantidades considerables, se añadieron al personal de enfermería. 

Wolsey

A finales de 1519, Wolsey, actuando en nombre de Enrique, llevó a cabo una reforma general para el gobierno real y el hogar. María también recibió atención. Se le asigno a María un ingreso fijo de un año a partir de £1100 del Tesoro de la Cámara. Ahora María tenía un hogar independiente correspondiente a su condición de Princesa de Inglaterra. 

Educación
En general, el cuidado que ponía Catalina en la educación de María consistía más en la supervisión y el nombramiento de profesores que en la enseñanza directa. Pero, aún así, estudiaba latín juntas. En una época en que las niñas, incluso las de la nobleza, se les daba una cantidad mínima de educación superior, a María se le otorgaron los mejores tutores y estudió las obras de destacados especialistas: Linacre, William Lily, Sir Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam y el humanista español, Vives. Hablaba latín, francés, español y entendía el italiano. Ella aprendió las habilidades básicas de montar a caballo, la costura y el bordado y tenía un talento musical natural. Ella, al igual que su padre, se destacó en la espineta y el virginal. Buscaba cualquier excusa para mostrar sus talentos musicales.

Vives supervisaría la educación de María. Advierte que dos o tres niñas de su edad debían acompañarla en sus clases para fomentar el estímulo de la competición. Daría reglas para la pronunciación del griego y del latín y exigiría que las lecciones de estas lenguas fueran memorizadas cada día y las leyera dos o tres veces antes de acostarse para facilitar la retención. La princesa pronto adquirió el dominio del latín; a los nueve años alcanzó el nivel que se exigía a los doce. El francés lo aprendió pronto y con facilitad. El español le era familiar y querido por oír hablar a su madre con las damas y servidores españoles que todavía se encontraban junto a ella. El italiano lo llegó a practicar, pero con menor perfección.

Margaret Pole

También hubo un cambio de institutriz aproximadamente al mismo tiempo. Lady Bryan era una competente gerente de guardería de alto nivel. Pero, parece que sentían que le faltaba el estado y tal vez el talento para supervisar la educación en rápido desarrollo de la princesa. Su reemplazo fue Lady Salisbury, el cual parece ser ideal. La condesa era confidente de Catalina y ella era de sangre real, religiosa y virtuosa. También estaba seriamente interesada en aprender. Uno de sus propios hijos, Reginald Pole, futuro cardenal, fue de los aristócratas ingleses más eruditos y piadosos de su generación. Y mientras que ella era institutriz de María, la condesa encargó una traducción del sermón de Erasmus "De inmensa dei misericordia" (la gran misericordia de Dios)



Los resultados de la atención de la condesa fueron claros en 1520, cuando María fue a su primera visita de Estado. Un grupo de caballeros franceses habían venido a Inglaterra. Fueron recibidos en la cámara de María, que contó con la compañía de su institutriz, Lady Salisbury, la duquesa de Norfolk, y otras damas de la nobleza. María estaba en su mejor comportamiento. Dio la bienvenida a sus visitantes "con su más hermoso rostro, la comunicación adecuada, y un pasatiempo agradable en tocar en el virginal..."

El orgulloso padre, para quien María era "la perla más grande del reino", pasaba poco tiempo con su hija. En sus primeros años, la princesa María sólo veía a sus padres en ocasiones especiales, donde se presentaba con sus mejores galas. Al rey le gustaba llevar a la pequeña princesa alrededor de la habitación y jactarse de que su bonita hija nunca lloraba. 



Bibliografia
Starkey, David: Six Wives, Harper, New York, 2004.

Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

Bingham, Jane, "The Tudors", Metro Books, New York, 2012. 


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