jueves, 17 de noviembre de 2016

Felipe II de España (Parte 1)



Nacimiento y primeros años
Felipe nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527; dos semanas después recibió el bautismo en una ceremonia digna del primogénito de Carlos V y de Isabel, infanta de Portugal. El parto fue díficil y largo. Según las crónicas, la comadrona que asistía a la emperatriz Isabel la instó a que gritara, a lo que Isabel contestó en su portugués natal: “No me pidáis tal, comadrona, que yo moriré más no gritaré”. Como padrinos ejercieron el condestable de Castilla, el duque de Béjar y la hermana mayor del Emperador, Leonor.

Un mes más tarde los festejos se cancelaron súbitamente: Carlos recibió noticias de que sus tropas -concentradas en Italia para luchar contra la coalición de Francisco I de Francia y Clemente VII-, fuera de control, habían saqueado Roma. Aunque en privado Carlos culpaba al Papa del desmán, en público hizo penitencia. Las predicciones de paz y prosperidad hechas para el príncipe Felipe por los astrólogos de la corte, que veían al Sol en conjunción con Géminis, se oscurecieron pronto con horóscopos pesimistas de otros videntes que no consideraban buen augurio las lluvias torrenciales que habían caído el día de su nacimiento: Felipe, en efecto, recibiría no sólo las vastas posesiones de su padre, sino también sus numerosos y crecientes problemas. Era por herencia que Carlos había adquirido la mayor parte de sus posesiones, lo que había provocado la envidia y el temor de sus contemporáneos. 

En 1506, cuando tenía seis años, Carlos heredó los Países Bajos y el Franco Condado (condado libre de Borgoña) de su padre, Felipe el Hermoso, con cuyo nombre bautizó a su primogénito. Carlos y Felipe no era nombres comunes entre los reyes españoles; provenían de la línea de los Valois, duques de Borgoña, a cuyos dominios e intereses Carlos unió el destino de España y el resto de la monarquía católica.


Ésta se componía de Castilla y Aragón (más sus reinos, Sicilia, Cerdeña y Nápoles), que se unieron gracias al matrimonio de Isabel, reina propietaria de Castilla, y Fernando, rey de Aragón. La madre de Carlos, Juana, se convirtió en heredera con la inesperada muerte de su hermano y su hermana mayores. Fernando no contaba con esto cuando concertó el matrimonio de ella con Felipe (hijo único del emperador Maximiliano) para afianzar la alianza que había conseguido con éste en contra del rey de Francia. 

Isabel murió en 1504. Juana y su esposo (entonces rey consorte, Felipe I) regresaron a Castilla inmediatamente para asumir el gobierno. Felipe el Hermoso intentó desplazar a la excéntrica Juana, arguyendo que era incompetente para gobernar a causa de su locura; pero las Cortes castellanas se resistieron. Dos años después murió Felipe, y Fernando usó, ahora con éxito, sus mismas tácticas. La temperamental Juana, quebrantada por la muerte de su marido, terminó confinada en Tordesillas. Fernando gobernó Castilla como regente, y reintegró así la monarquía católica. Para suceder a Fernando en 1516, Carlos mantuvo en confinamiento a Juana. Luego persuadió a las Cortes para que lo aceptaran como cogobernante, es decir rey, junto con su desdichada madre, y para que le permitieran el ejercicio total del poder, ya que ella no estaba en condiciones de gobernar. 

En 1519 murió Maximiliano, su abuelo paterno, dejándole en herencia los ducados de Austria. El mismo año se eligió a Carlos Sacro Emperador Romano, título que los Habsburgo ya empezaban a considerar de su propiedad. De sus abuelos, Carlos recibió algo más que tierras. Heredó una guerra con Francia, la obligación de proteger a la Iglesia Católica contra la herejía protestante, y la tarea de defender a la Cristiandad de su enemigo tradicional, el Islam, que en el siglo XVI encabezaban con nuevos bríos los turcos otomanos. En este ambiente, Carlos alimentó su sentido misionero, para el que, creía, la Providencia le había concedido su extraordinaria herencia. 

Carlos V e Isabel de Portugal

Poco sabemos de los primeros años del príncipe. De 1529 a 1533 Carlos no estuvo en España, y no pudo vigilar la crianza de su hijo ni hacer sentir a éste su autoridad. Felipe y sus hermanas (María y Juana, nacidas en 1529 y 1535) estaban al cuidado de su madre, Isabel, una mujer de maneras reales, carácter fuerte y severamente católica. Carlos la había desposado en marzo de 1526 por conveniencias políticas, pero con el tiempo llegó a quererla y respetarla profundamente. La emperatriz recordaba con insistencia a Felipe que era hijo del emperador más grande que el mundo hubiera conocido, y que debía comportarse como tal. Aunque veleidoso, Carlos podía ser simpático y afable; Isabel, en cambio, guardaba su amabilidad para el círculo íntimo de familiares y amigos. En esto Felipe se parecía más a su madre: en público era digno; pero con su familia y algunos amigos era capaz de gran ternura y afecto. Isabel no carecía, sin embargo, de humor. El primer maestro de Felipe, Pedro Gonzáles de Mendoza, escribió a Carlos en 1535 contándole que él y el marqués de Lombay (Francisco de Borja, más tarde superior general de los jesuitas) habían llevado a Felipe montado en un burro por las calles de Toledo, mientras la multitud hacía bromas y la emperatriz, que les seguía, reía a carcajadas. Felipe, como su madre, también reía de las travesuras; pero evitaba las mojigangas desenfrenadas, muy populares en los Países Bajos, que divertían tanto a su padre. Sin duda, los hábitos y el temperamento maternos influyeron en él; pero adoraba a Carlos, el padre y emperador poderoso, fue siempre afectuoso cuando lo veía. 

Educación
En 1535, Carlos sacó a Felipe de la tutela materna para que comenzara su educación en un ambiente masculino. Estableció casa para el príncipe y le asignó como ayo principal a Juan de Zúñiga, comendador mayor de Castilla. Los mejores datos sobre esta época de la vida de Felipe se encuentran en las cartas que Estefanía de Requeséns, esposa de Zúñiga, escribió a su madre. Estefanía habla ahí de las enfermedades de Felipe, de sus juegos con otros niños de la corte: en una de ellas cuenta cómo Felipe y su paje, Luis de Requeséns, hijo de Estefanía, trataban de construir una iglesia con naipes. Al parecer, la diversión preferida de Felipe era inventar torneos, lo que no le impedía interesarse en los asuntos de Estado como atañían a sus padres. 

La primera labor de Zúñiga en la educación de Felipe concernía a su instrucción en la vida de la corte y en las artes varoniles. En esto, Zúñiga llegaba a ser muy duro con Felipe, lo que Carlos apreciaba, porque al parecer él no podía ser severo con su hijo. Con la guía del comendador, Felipe aprendió a montar, a cazar, a participar en diversos tipos de torneos, como las justas y el juego de cañas morisco que requería más habilidad con el caballo que fuerza bruta. En otras artes, Felipe aprendió a actuar con galanura, elegancia, gracia y cortesía, como correspondía al ideal de un príncipe del Renacimiento. Tocaba la guitarra, aunque, al parecer, no cantaba. Se aficionó a los pájaros, las flores, los bosques; aspecto de su carácter más acorde con los Países Bajos que con España; y de Carlos adquirió el gusto por las bellas artes y la buena música. 

La instrucción académica de Felipe estuvo a cargo de Juan Martínez Siliceo, un clérigo de origen humilde, amable, pero fanático. Había estudiado filosofía y teología en España y en París, y dejó su cátedra en Salamanca para convertirse en tutor de Felipe. Aunque conocía latín y más tarde escribió algunos tratados religiosos, su interés principal eran las matemáticas, por lo que no es de extrañar que esa disciplina haya sido el lado fuerte de Felipe.

Carlos (Álvaro Cervantes) y Felipe (Pablo Arbués), serie Carlos Rey Emperador

Ayudaba a Siliceo en la educación del príncipe dos renombrados estudiosos, el humanista Honorato Juan, discípulo de Vives, y el aristotélico Juan Ginés de Sepúlveda, quien posteriormente escribió en latín la crónica de los reinados de Carlos y Felipe. 

Felipe continuó sus estudios en privado y en pequeños grupos de cinco o seis niños, hijos de personajes de la corte. Entre ellos se encontraba el joven Requeséns, y, por algún tiempo, el primo de Felipe, Maximiliano, hijo de Fernando de Austria, nacido en Viena el 31 de julio de 1527. Interesaba particularmente al emperador que Felipe dominara el latín y hablara francés con soltura, porque él había tenido que aprender varias lenguas sobre la marcha, al tiempo que heredaba reinos que hablaban idiomas y dialectos diversos. El latín, lengua que conocían todos los europeos cultos, era vital; el francés era importante para los Países Bajos e inclusive para las provincias flamencas; porque el español se entendía sólo en Portugal e Italia. No hay prueba de que Carlos haya intentado enseñar alemán o algún dialecto holandés a su hijo. Éste nunca dominó las lenguas como su padre.  

Felipe aprendió a leer latín y a hablarlo con la fluidez necesaria para mantener una conversación. Comprendía y hablaba portugués, lengua de su madre; pero titubeaba con el francés y no lo entendía muy bien. Aunque podía leerlo, generalmente se hacía traducir al español la correspondencia en español. Sólo manejaba con soltura el español. Su estilo, sin embargo, dejaba que desear: su escritura corría con el hilo de su pensamiento, y era tarea de sus secretarios corregir todo lo necesario según lo que exigía la burocracia de la época. Luis Cabrera de Córdoba opinaba que el rey, dueño de un Imperio, quería hacer del español una lengua universal, como había sido el latín durante el Imperio Romano y el griego durante el  macedonio. Como precedente, Felipe tenía aquella ocasión en que su padre, en 1536, se había dirigido al Papa y a los cardenales en español, no en latín. 

Felie (Pablo Arbués)  e Isabel (Blanca Suárez), serie Carlos Rey Emperador 

La niñez de Felipe terminó abruptamente. Antes de cumplir los doce años murió su madre. Carlos permaneció poco tiempo al lado de sus hijos, porque asuntos de Estado lo obligaron a fines del otoño a partir hacia los Países Bajos. Dejó, pues, a Felipe en España como símbolo de su compromiso con sus reinos de la Península. El joven comenzó a participar en asuntos de gobierno asistiendo a las reuniones de los consejos reales. Su instrucción política estaba a cargo de Zúñiga, el cardenal Tavera y Francisco de los Cobos. 

Felipe y Francisco Borja (Víctor Clavijo) ante el féretro de la emperatriz, serie Carlos Rey Emperador

Conversión del Duque de Gandía (Francisco Borja), Moreno Carbonero. Museo del Prado

Carlos regresó a España a fines de 1541, y partió en mayo de 1543 hacia Alemania y los Países Bajos para hacer frente a sus numerosos enemigos: el rey de Francia, la liga protestante alemana y los turcos otomanos. Felipe, que no cumplía aún los dieciséis años, recibió entonces de su padre la regencia de España y la obligación de responder por sus actos. 



Bibliografía
Peter Pierson. (1975). Felipe II de España. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

http://www.mcnbiografias.com/

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