lunes, 22 de agosto de 2016

Melusina



En la Edad Media, el cristianismo impuso la imagen todopoderosa de una mujer como la Virgen María. Melusina, sin embargo, pertenece a otro interesante grupo de seres femeninos medievales: las hadas. Para los hombres y las mujeres de la Edad Media -como atestiguan los textos de la Alta Edad Media- estos seres, cuyo nombre en bajo latín fatal indica su relación con el destino, fatum, descendían de las antiguas Parcas. Después fueron integradas en el imaginario cristiano, que distinguió especialmente entre buenas y malas hadas. Si bien las hadas medievales son esencialmente portadoras de beneficios o maleficios para los hombres, su actividad en la sociedad casi siempre se ejerce mediante una pareja. Melusina, en especial, estuvo estrechamente ligada con la concepción y con los avatares del linaje en la Edad Media, pero la complejidad de la mayoría de las hadas, particularmente la de Melusina, justificó una imagen contraria, incluso contradictoria, de la mujer y de la pareja en la Edad Media. De todas las heroínas, nadie ilustra mejor que Melusina la creencia de que ningún ser humano es enteramente bueno o enteramente malvado.

El personaje de Melusina aparece primero en la literatura latina y después en la vernácula de la Edad Media, en el siglo XII y a principios del XIII. Hasta finales del siglo XIV, esta hada fue tomando el nombre de Melusina, que la vincula con una gran familia señorial del oeste de Francia, los Lusignan.


En su obra crítica sobre la corte de Enrique II de Inglaterra, el De nugis curialium, el clérigo Gautier Map cuenta una historia del joven señor Henno, el dentón. Un día, en un bosque normando, se encuentra con una joven muy hermosa, vestida elegantemente. Está llorando. La joven le confía que se ha salvado del naufragio. Un navío la llevaba hacia el rey de Francia, con quien tenía que desposarse. Henno y la bella desconocida se enamoran, se casan, y ella le proporciona una hermosa descendencia. Pero la madre de Henno nota que la joven, que muestra signos de ser una mujer piadosa, evita el principio y el final de las misas y se abstiene de la aspersión del agua bendita y de tomar la comunión. Intrigada, hace un agujero en la pared que da a la habitación de su nuera y se sorprende al verla bañándose con forma de dragón y, después, recuperando su forma humana. Puesto al corriente por su madre, Henno lleva a su casa a un sacerdote, para que le eche agua bendita. Pero su esposa salta a través del tejado y desaparece en el aire, gimiendo con fuerza.


En otra obra notoria, los Otia imperalia, de principios del siglo XIII, el clérigo inglés Gervais de Tilbury cuenta la historia de Raymond, señor del castillo Rousset, que encuentra en la orilla de un río, cerca de Aix-en-Provence, a una bella dama, magníficamente vestida que, después de preguntarle por su nombre, lo desposa con la condición de que él nunca intentará verla desnuda. Si eso ocurriera, él perdería toda la prosperidad material que ella le aportara. La pareja conoce la felicidad, él se hace rico, goza de excelente salud y tiene muchos y hermosos hijos. Sin embargo, lleno de curiosidad, un día Raymond descorre la cortina tras la que su mujer toma un baño en la habitación y ve cómo la bella esposa se transforma en serpiente y desaparece para siempre en el agua del baño. Sólo las nodrizas la oyen por la noche cuando vuelve, invisible, a ver a sus niños.

Ricardo Corazón de León

Una gran familia real feunda, la de los Plantagenet, condes de Anjou, que llegaron a ser reyes de Inglaterra en el siglo XII, encarnó a ojos de los hombres de la Edad Media la estirpe melusiniana, poderosa y diabólica en sus orígenes y siempre con un conflicto en su seno. El rey Ricardo Corazón de León, según Giraud de Barry, habría respondido a quienes se extrañaban por sus disputas internas: "¿Cómo queréis que lo hagamos de otra forma? ¿Acaso no somos los hijos de la Demonia?".

En la literatura y en el imaginario germánicos se desarrolla una variante masculina de Melusina. Es el Caballero del Cisne, un personaje sobrenatural, venido del agua, que desposa a una mortal, a quien ha hecho jurar que respete una prohibición que ella infringe, por lo que la deja para siempre.

A finales del siglo XIV, en una coyuntura especial, se sitúa un gran momento de la historia de nuestra heroína. Se le consagran dos novelas, la del escritor Jean d´Arras, en prosa, dedicada al duque de Berry y a su hermana Marie; y otra en verso, compuesta por el librero Coudrette.

La madre de Melusina, Presina, había hecho jurar a su esposo Elinas, rey de Albania, es decir, de Escocia, a quien había encontrado cazando en un bosque, que no asistiera a sus partos. Pero Elinas viola su juramento, y Presina, después de haber traído al mundo a tres hijas, Melusina, Melior y Palestina, desaparece y se retira con sus hijas a la isla de Avalon. Cuando tienen 15 años, las niñas saben de la traición de su padre, y para castigarlo lo encierran en una montaña, pero a su vez son castigadas por la pena que no tenían derecho de infligir a su padre. El castigo de Melusina es el de transformarse en serpiente cada sábado. Si ella se casa con un mortal, se convertirá a su vez en mortal, y si su marido la descubre en la forma que toma los sábados, tendrá que volver a su tormento. Melusina encuentra en una fuente a Raimondin mientras cazaba jabalíes. Casada con Raimondin, Melusina rotura, construye ciudades y castillos, empezando por el castillo de Lusignan. Tienen diez hijos que se convierten en reyes poderosos, aunque todos ellos tienen una tara física, una mancha en el cuerpo, una marca animal. Coudrette se interesa especialmente por el sexto de sus hijos por su mezcla de valentía y de crueldad, Geoffrori.





Bibliografía                                                                                                Jacques Le Goff. (2010). Héroes, Maravillas y Leyendas de la Edad Media. España: Paidós. 

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