lunes, 22 de agosto de 2016

La papisa Juana



La historia aparece a finales del siglo XIII. Hacia 850, una mujer nativa de Mayence, pero de origen inglés, se traviste para seguir a su amante, consagrado a los estudios y por lo tanto abocado a un mundo exclusivamente masculino; ella se desenvuelve muy bien en él, hasta el punto de que después de una temporada de estudios en Atenas, encuentra en Roma una acogida calurosa y admirativa, que le permite entrar en la jerarquía de la Curia y, finalmente, ser elegida Papa.
Su pontificado dura más de dos años y se interrumpe por un escándalo: Juana, que no ha renunciado a los placeres de la carne, queda embarazada y muere durante una procesión entre San Pedro del Vaticano y San Juan de Letrán, después de haber dado a luz públicamente a un niño. 

Diversas versiones del relato ofrecen pruebas y hasta una memoria de la Papisa: a partir de ese momento, durante la ceremonia de coronación, empieza a comprobarse con las manos cuál es el sexo del futuro Papa. Las procesiones pontificias dejaron el camino directo del Vaticano a Letrán a la altura de la iglesia de San Clemente, para evitar el lugar del parto. Una estatua y una inscripción en ese lugar perpetuaron el recuerdo del deplorable incidente. 

Estatua de la Papisa

Esta creencia encarnaba el miedo a la mujer promovido por la Iglesia y, sobre todo, el miedo a una intrusión femenina en su seno. En el mismo movimiento por el que la Iglesia aseguraba la omnipotencia del papado, construía la contraimagen del Papa: la Papisa. Es el dominico, Martín el Polaco, capellán y pontificio, quien selló el destino de la Papisa Juana en su Crónica de los papas y emperadores (hacia 1280). Éste es el texto de Martín el Polaco:

Después de este León [León IV], Juan, inglés de nación, originario de Mayence, ocupó la sede dos años, siete meses y cuatro días. Murió en Roma y el papado estuvo vacante un mes. Según se dice, fue una mujer; en su adolescencia, fue conducida a Atenas, vestida de hombre por el que era su amante; progresaba tanto en las diversas ciencias que no había nadie que la igualara; así es como después enseñó el trivium [artes literarias] en Roma y tuvo como discípulos y oyentes a latos magistrados. Y, como su conducta y su ciencia proporcionaba a la ciudad una gran reputación, fue elegido Papa por unanimidad. Pero durante su pontificado, su compañero la dejó embarazada. Pero ella/él ignoraba el momento del alumbramiento y cuando ella/él se dirigía hacia Letrán viniendo de San Pedro, tuvo los dolores del parto entre el Coliseo y la iglesia de San Clemente, dio a luz y después murió, en el mismo lugar donde fue enterrada. Y como el señor Papa efectúa siempre un desvío en este trayecto, generalmente se cree que lo hace en repudio a ese acontecimiento. No se la ha inscrito en el catálogo de los santos pontífices debido a la no conformidad que el sexo femenino tiene en esta materia.

Hacia 1312, en un momento en el que se dedicaron a atribuir números a los soberanos, otro dominico, Tolomeo de Lucques, discípulo de santo Tomás de Aquino, asigna en su Historia eclesiástica la cifra VIII a la papisa (se trataría entonces de Juan VIII), y hace de ella el 107° Papa. Pero la Iglesia, durante este período, en realidad aparta definitivamente a las mujeres de las responsabilidades institucionales eclesiásticas y de las funciones sacramentales. El decreto de Gratien, que, hacia 1140, funda el derecho canónico, aparta estrictamente a las mujeres de la Iglesia.

Silla perforada

La creencia en la Papisa Juana hace aparecer en la liturgia pontifica un nuevo objeto y un nuevo rito. El objeto es un sitial en el que durante su entronización se sienta el nuevo Papa, para que el encargado del rito pueda verificar su virilidad y evitar el eventual retorno de una Papisa. 


El luteranismo, curiosamente, da una nueva vitalidad a la Papisa Juana. Los luteranos están encantados de fingir que creen en la realidad de un personaje que encarna tan bien las infamias de la Iglesia romana. Pero el desprecio calvinista, primero, y la crítica racionalista después, enseguida arruinan el mito de una Papisa Juana histórica.



Bibliografía:
Jacques Le Goff. (2010). Héroes, Maravillas y Leyendas de la Edad Media. España: Paidós. 


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