sábado, 9 de julio de 2016

Cleopatra VII de Egipto (parte 1)



Nacimiento e infancia
Cleopatra, cuyo nombre significa "gloria de su padre", nació durante el invierno del 69 al 68 a.C. en la capital de Egipto, Alejandría. La vida de Cleopatra está íntimamente ligada a la ciudad en la que nació. La ciudad disponía de bellos y lujosos edificios de mármol blanco que recorrían la gran avenida -la llamada Vía Canópica, de 300 metros de ancho y 5 kilómetros de largo-; contaba con el conocido faro, la famosa biblioteca y el museo - lugar en el que los eruditos y científicos de la época trabajaban para sus reyes -, el mausoleo de Alejandro, suntuosos templos y hermosos jardines. Era una comunidad culta y cosmopolita, donde convivían griegos, egipcios y orientales, y que atrapaba a los visitantes. Alejandría simbolizaba el lujo y riqueza del reino. Sus gobernantes, y en concreto Cleopatra, se impregnaron del espíritu alejandrino, que mezclaba lo mejor de las expresiones culturales de Oriente y Grecia.

Su padre fue Ptolomeo XII y su madre probablemente fue Cleopatra V, aunque otras fuentes aseguran que era hija de una egipcia de clase alta. Se conoce poco acerca de los primeros años de vida de Cleopatra. Su figura está más ligada a un período que supuso la decadencia de una larga estirpe: los Ptolomeos.


Ptolomeo XII


Tras la muerte de Alejandro Magno, sus generales se repartieron el inmenso imperio que él había reunido. Ptolomeo Lagos adquirió el territorio de Egipto, nombrándose faraón e iniciando la dinastía lágida, época que se conoce con el nombre de ptolemaica. Sus sucesores gobernaron Egipto concediendo poca atención a la milenaria cultura faraónica, mientras Roma dominaba el Mediterráneo. En un periodo de suma inestabilidad, los egipcios entronaron a Ptolomeo XII, hijo ilegítimo de Ptolomeo IX, que se casó con su hermana Cleopatra V Trifena y tuvo con ella tres hijas. Una de ellas, Cleopatra VII, se convertiría en la futura reina de Egipto.

Cleopatra y sus hermanos fueron educados durante su niñez bajo la cultura helénica. A pesar de haber recibido una educación puramente griega, Cleopatra fue la primera faraona de la era Ptolemaica en hablar el idioma egipcio.

Al presentarse por primera vez en público, tenia 14 años, ya entonces era famosa por su sabiduría. Se dice que podía hablar 7 u 8 idiomas entre ellos griego, hebreo, sirio, egipcio y arameo, conocía de música, historia y ciencias políticas. Además era muy buena en matemáticas, literatura, astronomía y medicina. Se dice que conocía y entendía a la perfección el latín, pero esto no se ha podido probar.

Ptolomeo XII, famoso por su afición a fiestas y a banquetes —se ganó el sobrenombre de Auletes (el flautista)—, gestionó el país de manera desastrosa y fue expulsado por los alejandrinos. Berenice IV aprovechó el odio que sentían los egipcios hacia Ptolomeo XII por su maldad y su despreocupación hacia el pueblo y envió al exilio a su padre. El imperio recayó en manos de su esposa Cleopatra V (57 a.C.), y a la muerte de esta, su hija Berenice —hermana de Cleopatra VII— se convirtió en la sucesora.


Los hijos de Ptolomeo XII fueron: 


  • Berenice IV 
  • Cleopatra VI 
  • Cleopatra VII 
  • Arsinoe IV 
  • Ptolomeo XIII 
  • Ptolomeo XIV



Pero sobre ella también se cernió un destino fatídico: se desposo con Arquelao, gobernante de Asia Menor, un imperio vecino y poderoso que era visto con recelo por parte de Roma. Ptolomeo XII, subordinado al imperio de Roma, derrotó a las tropas de su propia hija, y al entrar en Alejandría, ordenó ejecutarla acusada de traición en el año 55 a.C. 

Ascenso al trono

Ptolomeo XII Aulettes reinó desde ese día hasta su muerte en el año 51 a.C. dejando el trono a su hija de dieciocho años, Cleopatra VII y a su hijo Ptolomeo XIII, quien contaba con diez. Ptolomeo XII dejó como tutor de ambos al regente de Roma que en ese momento era Pompeyo, y éste debería hacer cumplir el testamento y casar a los hermanos.


Ptolomeo XIII


Los primeros Ptolomeos aprovecharon los enormes recursos de este país, el más rico del Mediterráneo por su próspera agricultura y activo comercio, exigiendo onerosos tributos a su pueblo para mantener una corte de claro tinte oriental, que hacía constante ostentación de lujo y riqueza. La identificación divina y el sentimiento de superioridad sobre cualquier mortal, justificaban la práctica habitual del incesto entre los miembros de la familia gobernante. El rey solía casarse con sus hermanas y la reina asumía la misma dignidad que el esposo. Este protagonismo convirtió a las mujeres de ptolemaicas en personajes muy activos en la política y, en concreto, en el nombramiento del sucesor. Las conspiraciones, violencia, asesinatos de hermanos, hijos, padres, etc. fueron una nota común en la historia de la dinastía, en la que los parientes femeninos participaron muy activamente en la toma de decisiones. 

Las difíciles relaciones entre los hermanos, alentadas por la enemistad entre los consejeros del nuevo rey y Cleopatra, desembocaron en enfrentamientos armados. Las acciones de Aquilas, el militar, Potino, el eunuco y encargado de las finanzas, y Teodoto, el tutor, fueron decisivas en el desencadenamiento de la guerra fratricida. La reina abandonó la capital del reino y se trasladó a Siria, donde preparó su propia fuerza armada; cuando se encontraba en Pelusio, ya en Egipto, se le informó de la presencia de César en Alejandría. La llegada del notable general republicano respondía a la tradicional política de Roma en Oriente; en última instancia, se trataba de controlar los asuntos internos de sus estados vasallos, protegiendo al gobernante que mejor defendiera sus intereses.



Julio César


César llegaba a Egipto sobre todo en persecución de Pompeyo, derrotado en la batalla de Farsalia, lo que le convertía en dueño único y absoluto de Roma. Los hechos acontecían en el año 48 y Pompeyo buscó refugio en Egipto, invocando su vieja amistad con el fallecido rey. Mediante un engaño, urdido por los consejeros del hermano de la reina, se le hizo creer que estaría a salvo en el país africano. Ante tales garantías, el hombre vencido en Farsalia bajó de su nave, anclada en alta mar cerca de Pelusio, y se trasladó a una pequeña embarcación que se dirigía a la costa. Su esposa permaneció en la galera grande y contempló como se procedía a degollarlo y a despojarlo de su anillo de cónsul. Tal era el presente que el círculo de Ptolomeo XIII quería ofrecer al vencedor César, pretendiendo recibir la aprobación satisfactoria del nuevo jefe de Roma. En tales hechos Cleopatra no había intervenido, y a César le disgustó notablemente que a un noble romano le hubiesen asesinado de forma vil y cruel.

Apariencia
La dedicación a los asuntos políticos e intelectuales no logró que Cleopatra renunciara al cuidado de su aspecto físico. Al parecer, era una mujer muy preocupada por su imagen externa, a la que otorgaba gran importancia en sus apariciones públicas, en las que prestaba gran atención a su indumentaria en lo relacionado con el vestido y los adornos. Usaba ropajes que la igualaban con las diosas Isis o Afrodita, es decir, con el legendario poder de los faraones o con sus ascendientes macedonios o griegos. A pesar de la leyenda, su belleza no debió ser tan espectacular, pues se suele resaltar la superioridad de la poseída por Octavia, una de las esposas de Marco Antonio. 


Tenía fama de poseer modales dulces y refinados, así como una sugerente voz. Se desconoce como era el color de su piel, pelo y ojos, pero por su origen macedonio quizá fuese de tez clara y cabello rubio. Su nariz era grande, como la boca, arqueada, tal y como aparece en algunas monedas, que muestran el marcado carácter griego. Sin duda, era de estatura pequeña, como evidencia la forma en que se presentó ante César, envuelta en una alfombra o fardo de ropa que llevó uno de sus criados. De ella no se ha conservado ninguna escultura, salvo un pequeño busto, y su efigie aparece en un reducido número de piezas numismáticas, en las que no se aprecia su supuesta belleza, sino el excesivo tamaño de su nariz, e incluso su forma ganchuda. Sí se conoce su afán por utilizar cosméticos, costumbre característica de Oriente y luego imitada en Roma. Tras su muerte, se difundió un tratado de cosmética que falsamente se atribuía a la reina o a los productos que ella usaba. 





Encuentro con Julio César

Mientras ésto ocurría, Cleopatra esperaba un encuentro con César, que le permitiese deshacerse de su odioso hermano y continuar como gobernante, para lo que acabó aprovechándose del malestar generado por el círculo de Ptolemo XIII. La reina estaba fuera de
Alejandría y para llegar a la ciudad sin ser reconocida, urdió la estratagema de esconderse en un regalo que se le ofrecería a César. Tras ser llevada en una barca, se la trasladó oculta por la ciudad, sin levantar sospechas, ya que estaba envuelta en una alfombra o fardo de ropa, y así fue llevada a la presencia de César por un criado de su confianza, Apolodoro. Este episodio inicia la relación política y también amorosa entre el romano y la egipcia, quien le hace ver los errores de la política de Ptolomeo XIII y sus consejeros.



Al parecer César quería imponer la paz entre ambos hermanos y que los dos continuasen gobernando Egipto. Las circunstancias de la muerte de Pompeyo y la influencia de Cleopatra le hicieron cambiar de opinión, hasta el punto de que el dictador romano empleó a sus propios legionarios en la defensa del bando de la reina, dirigiendo durante cinco meses la llamada Guerra Alejandrina. En los diversos enfrentamientos y episodios (entre los que figuran el incendio de la flota egipcia, que afectó a la propia biblioteca de Alejandría) los consejeros de Ptolomeo murieron y el propio rey pereció ahogado en un pequeño combate naval en el año 47.


Con el beneplácito de César, Cleopatra continuó siendo reina, para lo que tuvo que desposar a su hermano pequeño, Ptolomeo XIV, al que controló con facilidad; este también murió, se dice que asesinado, en el 44. En este año, sólo había sobrevivido su hermana Arsinoe, encarcelada por el propio César, ya que había pretendido usurpar el reino a Cleopatra.


No obstante, su encuentro con César podía tener otros efectos sobre Egipto y su reina. Por primera vez, Cleopatra debió concebir el plan de ampliar su poder, e incluso estudiar las posibilidades de dominar Roma a través de su relación con César. Parecía un modo eficaz de lograr la independencia de su reino respecto a Roma. 


Al margen de los intereses políticos, la relación amorosa entre César y Cleopatra resulta incuestionable. Posiblemente y por sus antecedentes fue César quien tomó la iniciativa de seducir a la reina y convertirse en su primer amante. Con posterioridad, Cleopatra demostró habilidad suficiente para retenerlo en su país más tiempo del previsto inicialmente. De todos es sabido que el líder romano era un hombre de costumbres frugales en la comida, pero su bisexualidad y escarceos con mujeres estaban muy difundidos; las coplas de los soldados no lo ocultaban, sino que alardeaban de las costumbres amorosas de su general. En este momento era el hombre más poderoso del Mediterráneo y, sin duda, poseía una personalidad de enorme atractivo. Los datos de su biografía lo muestran como un gran militar y político, intelectual, legislador y clemente con los enemigos, pero también debe recordarse que se proclamó jefe absoluto o dictador.



Cesarion

Gracias a Cleopatra, César recorrió Egipto y tomó conciencia de las enormes riquezas del país, de su cultura y costumbres. En especial, parece que le impresionó gratamente la divinización de los reyes y el establecimiento de un poder dinástico. De su relación con César, Cleopatra tuvo a un niño llamado Cesarión. Cuando este niño vino al mundo en julio del 47, su padre no estaba en Egipto, sino que luchaba en Africa e intentaba llegar a Roma. 


Viaje a Roma

A pesar de que Cleopatra alumbró al heredero ansiado por César, éste nunca lo reconoció como hijo suyo. Tal decisión habría conllevado el divorcio de una noble romana, Calpurnia, con la que el dictador llevaba casado más de diez años sin descendencia. El agravio hubiese sido terrible y de funestas consecuencias políticas. No obstante, se ha llegado a decir que César, una vez consolidado su posición en el poder, pretendía imponer una ley en Roma según la cual se admitiría la poligamia; este mecanismo le permitiría legitimar su unión con Cleopatra, por todos conocida, y a su heredero, sin insultar a su esposa romana. Esta información, de dudosa fiabilidad, procede de Suetonio.

Sin embargo, ni este asunto está aclarado, ni lo están otros planes que realmente hubiese ideado César en relación a Egipto, su reina y Cesarión. La confusión es notable y no se entiende el llamamiento que le hizo a Cleopatra de que visitase Roma, acompañada de su hijo y también de su esposo-hermano, lo que fue aceptado de manera inmediata por la gobernante egipcia. Su llegada a Roma llamaría la atención por la compañía de eunucos, sirvientes, y la exhibición del lujo oriental, pero no fue motivo de espectáculo público. En la capital, se hospedó en la villa privada que César había construido junto al Tíber, vivió retirada y apenas participó en actos oficiales, aunque los datos sobre estos episodios de su vida son demasiado escasos. En este sentido, se ignora si asistió a la extraordinaria celebración de los triunfos militares, acontecida

en septiembre del 46, en los que desfilaban encadenados los jefes de los países vencidos, a los que luego se ajusticiaba; el hecho de que figurase Egipto para conmemorar la victoria de la Guerra Alejandrina y la presencia de su propia hermana Arsinoe, asimismo encadenada, a la que se le perdonó la vida, no parece que lo hicieran un acto apropiado para ser visto por Cleopatra.

Como hecho curioso, durante la estancia de la reina en Roma, César inauguró un templo a Venus Genetrix, fundadora de su familia, en cuyo interior y junto a la imagen de la diosa romana, colocó una estatua de oro con los rasgos de Cleopatra y vestida como Isis, la Venus egipcia. Tal acto parece mostrar el deseo de deificación por parte del dictador, pero no el matrimonio que tanto ansiaba Cleopatra para consolidar su poder y, sobre todo, favorecer el legado de Roma a su hijo Cesarión, que también lo era de César.


Este viaje nos revela el interés por conocer las costumbres romanas. Para ello, Cleopatra abandonó su reino y permaneció año y medio en Roma - del otoño del 46 a la primavera del 44. La reina estaba protegida por César. Sólo consiguió que su sabio Sosígenes ayudara a los romanos, y muy eficazmente, en la reforma del calendario. La muerte del dictador, con 56 años, el 15 de marzo del año 44, truncó momentáneamente los planes, más políticos que personales, de Cleopatra. El conocimiento del testamento de César, en el que nombraba heredero a Octavio, hijo de una sobrina-nieta por parte de su hermana, hicieron comprender a la reina que momentáneamente debía renunciar a su sueño. Su vida y la de su hijo corrían peligro, por lo que debía marcharse a Egipto y esperar el desarrollo de los acontecimientos. Jamás volvió a Roma. 




Bibliografía

M. Rostovtzeff, Historia social y económica del mundo helenístico, 2 vols., Madrid, 1967 (1ª ed. inglesa, 1941); W.Tarn-G.T. Griffith, La civilización helenística, Méjico, 1982 (1ª ed. inglesa, 1952); C. Préaux, El mundo helenístico. Grecia y Oriente (323-146 a. de C.), Barcelona, 1984 y A. Lozano, El mundo helenístico, Madrid, 1992.

W. Tarn y M.P. Charlesworth, Octavian, Antony and Cleopatra, Londres, 1965 y P.M. Martin, Antoine et Clêopatre. La 
fin d´un rêve, París, 1990. De este último autor sobresale asimismo su estudio Julio César, Barcelona, 1971 (1ª ed. francesa, 1969).



Fuentes:

http://www.nationalgeographic.com.es/
http://www.egiptomania.com/

2 comentarios:

  1. Cleopatra si era guapa. Esas monedas romanas se hiceron para mofarse de ella y de Marco Antonio ya q no la querian. Aqui encontrareis el descibrimiento de un busto con su imagen en el ontento de hallar su tumba y parece ser q si era atractiva http://es.globedia.com/hallada-tumba-cleopatra-anos-trabajo-dominicana-restos-monedas-cree-cerca

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    1. Gracias por compartir la noticia. Tampoco estoy de acuerdo con la teoría de que era fea. Saludos!

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