lunes, 14 de diciembre de 2015

María Antonieta de Austria, reina de Francia (Parte 3 y última)

Reinado de Luis XVI
El monarca francés era hombre de buenas intenciones pero débil de carácter. En los primeros años de su reinado, las reformas económicas liberales que intentaron sacar adelante sus ministros para reducir el déficit público tropezaron con el recelo de la nobleza. En política exterior, Francia desempeñó un excelente papel en la guerra de Independencia norteamericana (1778-1783), aunque esto aumento la deuda del país. 

Estados Generales

El rey Luis recibió una exquisita educación, pero no estaba preparado para cargar con el peso de la corona francesa. La situación interna del país era muy delicada desde los desastres de la Guerra de los Siete Años (1757-1764). 


El rey convocó la Asamblea de Notables para solicitar impuestos a la nobleza en 1787. En ese momento, Francia estaba al borde de la quiebra. En mayo de ese mismo año, el rey disuelve la Asamblea de Notables después de que éstos se niegan a renunciar a las exenciones fiscales a cambio de una participación en el poder político.


Luis XVI tuvo que convocar los Estados Generales en 1789, quienes no se habían reunido desde 1614. Los Estados Generales eran unas asambleas convocadas por el rey en las que se reunían representantes de los tres estamentos: clero, nobles y plebeyos. El rey pretendía dar mayor poder al Tercer Estado para poder hacer frente a la crisis. La nobleza y el clero solicitaban el voto por estamento, mientras que el Tercer Estado reclamaba el voto individual. En esta asamblea no se llegó a ningún acuerdo. La Revolución Francesa estaba por estallar.

Asamblea Nacional

A raíz de las inconformidades de los Estados Generales, el 17 de junio de 1789 el Tercer Etado declara la Asamblea Nacional, instando a los otros dos órdenes de unirse a la Asamblea. Unos cuantos nobles y varios clérigos se unen a la Asamblea Nacional. cuyo objetivo es lograr la soberanía nacional. El rey Luis intentó controlar la Asamblea, pero los representantes juran no disolverse hasta que se apruebe una Constitución (esto en el Juramento del Juego de Pelota). Se crea la Asamblea Nacional Constituyente, establecida para crear y aprobar una Constitución.



La Toma de la Bastilla



El 11 julio de 1789 el rey Luis destituye al ministro de finanzas Jacques Necker, un político apreciado por el pueblo. Su destitución fue uno de los detonantes que llevaron a la toma de la Bastilla. El 14 de julio de ese año, una ofendida población de París se lanza al asalto de la Bastilla, una fortaleza medieval que se había convertido en símbolo del despotismo real. Su caída en manos de los revolucionarios simbolizaba el fin del Antiguo Régimen. 



"Pero ¿es una rebelión?" preguntó Luis XVI.

"No, señor, no es una rebelión, es una revolución." respondió el duque.

La noticia provocó conmoción en París. El pueblo comenzaba a verse en la necesidad de tomar las armas. La Asamblea Nacional Constituyente anuncia que Necker será restituido. Comienza un período conocido como "Gran Miedo", en el cual los campesinos causan disturbios en toda Francia.



La marcha de las mujeres



La marcha de las mujeres a Versalles estaba constituida por 8000 mujeres armadas. Ocurrió entre el 5 y 6 de octubre en el palacio de Versalles. Exigían al rey que se mudase a París. La situación económica y la escasez de pan provocaron fueron causas de aquella protesta. Además, corrieron rumores de que la escarapela tricolor había sido pisoteada por oficiales durante un banquete del rey. Desde el punto de vista de los revolucionarios, ese banquete es una provocación de la monarquía. 


María Antonieta en el balcón

Las verjas del palacio se cierran. La reina se retira a sus aposentos y el rey confía su defensa a La Fayette. La muchedumbre consiguió invadir el palacio hasta las seis de la mañana y entraron a los aposentos de la reina a través del Patio Real. El rey es denominado "panadero", Antonieta es la "panadera" y el delfín es llamado "el pequeño aprendiz". Sobresaltada, María Antonieta baja al encuentro del delfín y luego se refugia con el rey. La gente clamaba abiertamente por la muerte de María Antonieta. Gracias a la intervención de La Fayette se logró pacificar el interior del palacio, sin embargo, la multitud permanecía en los jardines. Cuando el rey Luis apareció en uno de los balcones, se escucho entre los manifestantes la frase "¡Viva el rey!". Luis XVI se siente aliviado. Después exigieron la presencia de la reina. María Antonieta se dispuso a salir acompañada por sus hijos, el delfín y María Teresa. La multitud pide a gritos que los niños sean llevados al interior. La actitud de la reina ante aquel gentío que tanto la desprecia es serena. La Fayette hizo una reverencia a la reina, lo que provocó que la gente gritara "¡Viva la reina!", una frase que María Antonieta no escuchaba desde hace mucho tiempo. Al día siguiente, el 6 de octubre, el rey y su familia abandonaron Versalles y fijaron su residencia en Paris.



Revolución y derrocamiento
Luis XVI escribe en secreto al rey de España solicitando su ayuda. También piden auxilio al emperador José, pero él muere en 1790. En junio de 1791, la familia real intenta escapar de Francia. El plan de escape fue diseñado por Axel von Fersen, el conde sueco a quien se le atribuía un romance con la reina. Fueron capturados en Varennes, a mitad de camino a la frontera, y los trajeron de vuelta a París, donde fueron puestos bajo arresto.
El 3 de septiembre, la Asamblea Nacional Constituyente introduce la Constitución de 1791, que defiende principios de la "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano". El rey Luis jura defender la nueva Constitución. 

El 20 de septiembre de 1792, la nueva Convención Nacional fue convocada, y dos días después se votó para declarar Francia una república, aboliendo así la monarquía. A partir de ese momento, Luis XVI y María Antonieta ya no eran reyes, pero son considerados traidores.



La viuda Capeto
El 21 de enero de 1793 Luis XVI es guillotinado por traición a la patria. Antes de su ejecución, se permitió que Luis se despidiera de su familia. Según las memorias de Madame Royale, María Teresa, Luis pidió a su familia que perdonaran a sus enemigos. La muerte del soberano indignó a las demás monarquías europeas.


La muerte de Luis fue un golpe duro para María Antonieta, a quien se le permitió vestirse de luto. Antonieta fue trasladada a la Conciergerie junto con su cuñada Madame Isabel siete meses después y encerrada en una celda. Los años en Versalles parecían ahora muy lejanos. Parece ser que la ex reina mantenía esperanzas de que, algún día, su hijo gobernara en Francia. La reina es separada de sus hijos. Hay una historia que narra que María Antonieta se lastimó la cabeza al golpearse con una viga. Cuando uno de los guardias le preguntó si estaba herida, ella respondió: "No, ahora nada puede hacerme daño". Ella no era una prisionera común, pues podía ser utilizada como rehén. 



Juicio y ejecución



El 14 de agosto de 1793, María Antonieta es llevada a juicio por los cargos de traición. Se menciona el asunto del collar y de abusar sexualmente del delfín. Dirigiéndose hacia el público, exclamó: "¡Apelo a todas las madres que se encuentran aquí!". Ya estaba muy pálida y cansada, pero se defendió con energía y dignidad. Las deliberaciones del tribunal duraron tres días y tres noches, siendo por fin declarada culpable de alta traición. Antonieta es condenada a muerte, a lo que ella reacciona con serenidad.


El 16 de octubre de 1793 fue conducida a la Plaza de la Revolución.  Un sacerdote quiso acompañarla, pero ella se negó porque el clérigo era leal a la Constitución. El trato que recibió María Antonieta era muy distinto al que recibió su esposo. El juicio de Luis procuró mantener un poco de equidad y pudo escoger al sacerdote que lo acompañaría. Iba sobre la carreta del verdugo, enfrentándose a las burlas de la gente. Iba vestida de blanco, con los cabellos ocultos bajo una cofia. El día de su ejecución, María Antonieta tenía el cabello blanco. Sin requerir la ayuda de nadie, sube al cadalso. Incluso se disculpa cuando pisa accidentalmente al verdugo. Tenía 37 años y fue enterrada en el cementerio de la MadeleineEn 1815, los cuerpos de los soberanos fueron transportados a la basílica de Saint-Denis.








Fuentes:
http://es.chateauversailles.fr

http://www.pbs.org/marieantoinette/timeline/reign.html

http://www.pbs.org/


http://www.biografiasyvidas.com/

María Antonieta de Austria, reina de Francia (Parte 2)

Educación




María Antonieta recibió una formación basada en la moral. Su educación no fue muy esmerada. Como era la hija menor, sus padres e instructores debieron haber descuidado su formación. El ambiente en la corte de Austria era cálido y parece ser que la archiduquesa disfruto de una armoniosa vida familiar. Antonieta contaba con dos amorosos padres, pero estaba más apegada a su Francisco Esteban. La infancia de María Antonieta se vio truncada por una tragedia familiar. En agosto de 1765, los emperadores se despedían de sus hijos para asistir a la boda de su hijo Leopoldo, en Innsbruck. María Antonieta, que entonces tenía nueve años, no volvería a ver a su padre. El 18 de agosto, el emperador murió por un ataque de apoplejía a los cincuenta y seis años. La emperatriz, rota por el dolor, anotó en su diario: "Mi feliz vida de casada ha durado veintinueve años, seis meses y seis días". Luego cortó su cabellera rubia y tapizó las paredes de sus aposentos con terciopelo oscuro. Vistió de luto hasta el final de sus días. Aunque pensó en refugiarse en un convento, su sentido del deber se lo impedía.

María Teresa no ocultaba su favoritismo por María Cristina, única hija a quien concedió la libertad de escoger marido. Esto provoco resentimiento en los demás hijos de la emperatriz. 

El ambiente de la corte austriaca contrastaba con la ceremoniosa corte de Francia. En Austria se practicaba un riguroso catolicismo, por lo que la emperatriz se preocupó por la inmoralidad que imperaba en la corte de Francia. Su hija tenía 12 años cuando se enteró de que sería reina. El abad de Vermond, aficionado a las bellas artes, es enviado a la corte imperial para ejercer como instructor de la joven archiduquesa y comenzar a prepararla para su futuro como reina francesa. A los doce años apenas sabía escribir, con mala ortografía, y sus conocimientos de historia y literatura eran casi nulos. La corte francesa envió a Austria a un erudito, el abad de Vermond, que consiguió algunos progresos con la archiduquesa. Le enseñó francés e historia de Francia. En sus informes Vermond destacaba que la niña era más ingeniosa de lo que aparentaba, pero con pereza en el estudio y ligereza en su comportamiento. Antonieta no era una alumna sobresaliente, pues era bastante inquieta y distraída. Sin embargo, se hace referencia a su hermosa voz y habilidad para el baile.


Apariencia y personalidad. 
María Antonieta era una exquisita joven bien formada, con rostro ovalado y cutis sonrosado. Sus ojos azules reflejaban viveza. Su cuello largo y esbelto, junto con su caminar digno, le aportaban el aire de una reina. Su cabello rubio resultaba muy favorecedor. Era delgada, de talle fino y no muy alta. Su boca pequeña y el labio inferior de los Habsburgo resultaban desagradables para el gusto francés. Consiguió corregir sus dientes mal montados tras llevar durante tres meses unos incómodos alambres de acero. Otro defecto llamativo era su frente ancha. Un famoso peluquero parisino, Larseneur, creó un peinado especial para disimular la frente abombada de la archiduquesa. El escritor inglés Horace Walpole, que apreció sus encantos durante la celebración de una boda, escribió: "Sólo había ojos para María Antonieta. Cuando está de pie o sentada, es la estatua de la belleza; cuando se mueve, es la gracia en persona. Se dice que, cuando danza, no guarda la medida; sin duda, la medida se equivoca...".



María Antonieta era una niña alegre, juguetona y distraída. Por otro lado era inteligente, sin llegar a ser sobresaliente. No era una persona inclinada a ocuparse de cosas serias, simplemente iba tomando las cosas a como iban pasando. Evidentemente, esto repercutiría en su futuro como reina. Pasó a la historia de Francia como mujer frívola, caprichosa, intrigante y despilfarradora. Pero antes de llegar a Francia, solo era una chica inquieta, poco instruida pero simpática. 

De archiduquesa de Austria a delfina de Francia
El 6 de junio de 1769, el embajador francés en la corte de Viena solicitó formalmente la mano de María Antonieta, de trece años, para el delfín de Francia, que aún no cumplía quince. El 7 de febrero de 1770, María Teresa envió una misiva a Luis XV informando que Antonia ya no era una niña, información importante para el rey de Francia, pues ahora tenía conocimiento de que la futura delfina estaba preparada para ser madre. María Teresa estuvo siempre informada de los ciclos menstruales de sus hijas, aun a la distancia. El 17 de abril María Antonieta juró sobre la Biblia su renuncia a la herencia de los territorios de Habsburgo y Lorena. La boda por poderes se celebró el 19 de abril en la iglesia de los Agustinos. Tras la ceremonia tuvo lugar una cena oficial donde se sirvieron cien platos. 

En la mañana del 21 de abril de 1770, María Antonieta abandonó Viena para tomar camino rumbo a Versalles, escoltada por un magnífico cortejo. El 7 de mayo se llevó a cabo "la entrega" de la Delfina a su nuevo país. En la frontera sería recibida por el embajador de Luis XV, el conde de Noailles, cuya esposa, la condesa, se convertiría en dama de honor de la recién llegada. Madame de Noailles era una severa dama y ferviente seguidora de la etiqueta de Versalles, que sería para María Antonieta como una institutriz. Antonieta la apodaría "Madame Étiquette". Según una anécdota, un día que la delfina se cayó mientras montaba sobre un asno, dijo riendo: "Id a buscar a madame de Noailles, ella os dirá qué ordena la etiqueta cuando una reina de Francia no sabe mantener el equilibrio sobre un asno". Para la entrega de la delfina se eligió una isla en medio del Rin, donde se improviso un gran pabellón de madera con dos entradas, una austriaca y otra francesa. Su indumentaria austriaca fue reemplazada por prendas francesas. La delfina se despidió con lágrimas en los ojos de su cortejo. Ni siquiera se le permitió conservar a su perro carlino, Mops. Una vez en el lado francés, la joven austriaca se echó en brazos de la condesa de Noailles, pero es rechazada cortesmente.


Boda
El 14 de mayo pudo conocer al rey de Francia y a su esposo, el delfín, quienes la esperaban en el bosque de Compiègne. Acompañaban al monarca tres de sus cuatro hijas, conocidas como "les Mesdames de Francia" (Adelaida, Victoria y Sofía). Luis XV, a pesar de sus sesenta años, aun tenía un porte distinguido. Al llegar a Versalles escribió a María Teresa para hacerle saber que "la familia real está maravillada con la señora archiduquesa". Al delfín Luis Augusto no pareció impresionarle de la misma manera que a su abuelo. En su diario de caza hizo una breve anotación: "Encuentro con la señora delfina". El futuro rey de Francia era un joven algo torpe y poco agraciado,  aunque esmeradamente educado. 

En el castillo de La Muette, María Antonieta distinguió a una hermosa mujer en la cena organizada por el rey. Se trataba de la amante oficial de Luis XV, la condesa Du Barry. La delfina no congenió con la amante del rey, a quien describió como estúpida e impertinente. El ambiente en Versalles distaba de lo que Antonieta había vivido en Viena. Era llamada despectivamente "la Austriaca" por las hijas del rey. Las hijas de Luis XV no querían a la delfina, pero aún menos a madame Du Barry, por lo que utilizaron a Antonieta para humillar a la amante real.


El 16 de mayo de 1770 se celebró el matrimonio entre fastos y solemnidades. 



En la noche de bodas no ocurrió nada. No fue un inicio prometedor. El delfín se sentía atraído por los encantos de su esposa, pero Luis era algo torpe y tímido. El matrimonio no fue consumado sino hasta siete años después. En esos años, Antonieta era aconsejada por su madre, pero la joven no lograba la intimidad con el delfín. Fue necesaria la intervención del hermano mayor de la reina, el emperador José de Austria, quien hablo con Luis Augusto. La delfina se aburría de su vida matrimonial, además, estaba cansada de las funciones de su rango. Su esposo era un hombre bueno, pero era demasiado reservado para Antonieta. Por lo tanto, María Antonieta comenzó a realizar viajes nocturnos en busca de diversiones.




Reina de Francia




Luis XV murió de viruela en 1774. María Antonieta ahora era reina de Francia y su esposo subia al trono como Luis XVI. Los nuevos reyes apenas tenían veinte años. El 11 de junio de 1775 Luis fue coronado en la catedral de Reims. Los franceses tenían sus esperanzas puestas en el nuevo rey. Luis XVI era conocido por su bondad y sencillez, virtudes que prometían una época de bienestar para Francia. Sin embargo, Luis no contaba con la suficiente inteligencia para hacer frente a los asuntos de Estado. En cambio, su esposa se entregaba a la pereza y vanidad.



María Antonieta comenzó a pasar el tiempo con un grupo de amigos con mala fama, dirigido por Yolanda de Polignac y la princesa de Lamballe. Otorga presentes y posiciones a sus amigos, ignorando a las grandes casas de la nobleza. Gasta dinero en vestuario, joyas y fiestas. Organiza partidas de cartas donde realiza grandes apuestas. Su círculo incluía al hermano menor del rey, el conde de Artois y cortesanos como el duque de Ligne, Counts Dillon, Vaudreuil y Axel Fersen. Se le atribuyo un romance con éste último. 


Dormitorio de la reina en Versalles 

Fontainebleau

Fontainebleau

María Antonieta era una soberana derrochadora. Su atracción por el lujo la llevó a reconstruir los apartamentos en los palacios reales en Versalles como en Fontainebleau. Era aficionada a la porcelana. 




Circulan panfletos acerca de la reina, en los cuales se le acusa de tener amantes, tanto hombres como mujeres. También es acusada de favorecer los intereses de Austria. Sus interferencias en los asuntos de Estado son caprichosas, destituyendo ministros o siguiendo los consejos interesados de sus amigos. Su esposo le cede el Petit Trianon, un recinto palaciego de Versalles. María Antonieta detestaba el ceremonial. Una de sus damas, la condesa de Noailles, estaba tan apegada al protocolo, que Antonieta le puso por apodo "Madame L'Etiquette". Antonieta tuvo amistad con distintas mujeres de la corte. Una de ellas fue la princesa de Lamballe, una mujer virtuosa que contrastaba mucho con la duquesa de Polignac, quien, al final, resulto estar más unida a la reina. En los panfletos pornográficos sobre María Antonieta se mostraba a la princesa de Lamballe o a la duquesa de Polignac como amantes de la reina. 




Maternidad


María Antonieta con su hija María Teresa a un lado, Luis Carlos en su regazo y Luis José señalando la cuna. Sofía de Francia fue borrada de la cuna.

El 30 de agosto de 1777 María Antonieta escribe a su madre para informarle que el matrimonio se ha consumado. El 19 de diciembre de 1778 nace María Teresa de Francia, primogénita de Luis XVI. No era el hijo varón que todos esperaban, pero los reyes estaban satisfechos con el nacimiento de la niña. La princesa era conocida como Madame Royale. En su niñez, la reina de Francia había aprendido a convivir con niños de las clases populares, por lo que deseaba lo mismo para su hija. A pesar de su imagen de despilfarradora, se sabe que la reina era dada a las obras de caridad.

La reina con sus hijos, María Teresa y Luis José


En 1780 moría la emperatriz María Teresa, y su hermano se convierte en emperador. El 22 octubre de 1781 nace el delfín Luis José de Francia. El nacimiento de un heredero para la corona causa regocijo, pero también despierta rumores acerca de que el niño no es hijo del rey. De hecho, se atribuía la paternidad a Axel von Fersen, un supuesto amante de María Antonieta. El delfín Luis José solo viviría ocho años, muere el 4 de junio de 1789. 


María Teresa y Luis Carlos


Con el nacimiento de sus hijos, la reina cambió un poco su estilo de vida. Comienza a pasar más tiempo con su familia, especialmente en el Petit Trianon. Lamentablemente, el odio hacia la reina de Francia crece. Circulan folletos donde se retrata a María Antonieta como una mujer inmoral, extravagante y adúltera. El 27 marzo de 1785 nace el tercer hijo de Antonieta, Luis Carlos de Francia, quien se convierte en delfín tras la muerte de su hermano en 1789. Murió en 1795 en la prisión del Temple, en París. Fue considerado por los monárquicos como Luis XVII. 


Sofía de Francia


Sofía de Francia, la cuarta y última hija de María Antonieta nació el 9 de julio de 1786. La reina mandó construir el Hameau en 1783, una aldea en miniatura donde Antonieta pasaba el tiempo son sus amigos e hijos. Las temporadas que la reina pasaban en sus fincas privadas fueron vistas como un escape a sus obligaciones. La reina gustaba en vestirse de pastora en el Hameau. Esto fue visto como una burla de los campesinos franceses. Sofía de Francia muere antes de cumplir el año, en junio de 1787.



"Que coman pasteles"                                    
Según la cultura popular, la frase "si no tienen pan, que coman pasteles" fue pronunciada por María Antonieta como respuesta a las demandas del pueblo, en el cual escaseaba la harina. Se atribuye esta anécdota a María Antonieta, pero no es seguro que la frase haya sido pronunciada por ella. Se cree que fue Madame de Montespan quien dijo esas palabras.

El asunto del collar "Madame Déficit"
En 1785 surge un nuevo problema para la reina. Este escándalo vino a destruir la ya deteriorada reputación de la reina. El célebre collar fue realizado por un orfebre de París para Madame Du Barry, encargado por Luis XV. Desde hace varios años, los joyeros de la Corona, Böhmer y Bassenge intentan vender el suntuoso collar de 540 diamantes. éstos se lo ofrecen a Luis XVI en 1782 pero la Reina lo rechaza. Efectivamente, su precio es astronómico: 1,6 millones de libras. El Cardenal de Rohan, Gran capellán de Francia, pierde los favores de la Reina desde su regreso de Viena como embajador. Siguiendo los consejos de su madre, María Antonieta lo aleja de su entorno por sus costumbres licenciosas. Deseoso de recuperar su confianza, el Cardenal está dispuesto a todo. En su entorno, la condesa de Valois de la Motte se hace pasar por amiga de la soberana. 



La condesa le comenta al Cardenal acerca del collar. Éste está dispuesto a regalárselo a la reina pagándolo en cuatro plazos en un período de 2 años. Los joyeros están encantados de encontrar por fin a un comprador. éstos le entregan el collar al Cardenal el 1 de febrero de 1785, que a su vez se lo entrega a la condesa. 



El 12 de julio, Böhmer le entrega a la reina una carta en la que se menciona el collar. ésta no se toma en serio la carta y la destruye. El 15 de agosto, antes de celebrar los oficios en la capilla real, Rohan es convocado por el Rey. Al salir de su gabinete, es detenido en la Galería de los Espejos ante los sorprendidos cortesanos. El Cardenal es juzgado ante el Parlamento de París en mayo de 1786. Contra toda expectativa, es declarado inocente. La condesa y sus cómplices son detenidos y juzgados. A pesar de su inocencia, finalmente la reina es considerada culpable.




Fuentes:


  • Morato, Cristina Morato, "Reinas malditas", Plaza&Janes, 2014
  • http://www.venamimundo.com/GrandesPersonajes/MariaAntonieta.html
  • http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/maria_antonieta.htm
  • http://es.chateauversailles.fr/es/history/the-great-days/most-important-dates/1784-85-the-scandal-of-the-queens-necklace
  • http://www.panoramadelart.com/MarieAntoinette-Wertmuller
  • http://www.pbs.org/marieantoinette/timeline/revolution.html
  • http://europeanhistory.about.com/od/antoinettemarie/a/Marie-Antoinette_2.htm


domingo, 13 de diciembre de 2015

María Antonieta de Austria, reina de Francia (Parte 1)




María Antonieta de Austria, reina de Francia, fue hija menor de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. Para algunos fue una mujer incomprendida en una corte extranjera. Sin embargo, pasó a la historia como mujer frívola cuyos excesos contribuyeron al estallido de la Revolución Francesa. 


Nacimiento




El 2 de noviembre de 1755, la reina emperatriz estuvo de parto todo el día por decimoquinta vez. La fecha de su nacimiento fue un mal augurio, era Día de los Difuntos. La víspera a su llegada, un terremoto arrasó la ciudad de Lisboa, por los que los reyes de Portugal, padrinos de la recién nacida, no pudieron acudir al bautizo. Un presagio de las dificultades y tormentos que tendría que afrontar la futura reina de Francia. 

Fue un parto íntimo y privado dado que la soberana había puesto fin a la costumbre, aún vigente en Versalles, que permitía la presencia de cortesanos durante el alumbramiento. En torno a las ocho y media de la tarde, en sus aposentos del palacio Hofburg de Viena, María Teresa alumbró a una niña. O como describió el chambelán de la corte en su diario: «Su majestad ha dado a luz felizmente a una archiduquesa pequeña, pero completamente sana».  María Teresa había ascendido al trono en condiciones poco favorables; debió enfrentarse a traiciones, guerras y conspiraciones de las que salió victoriosa. Regía con mano de hierro un extenso imperio, convirtiendose en la mujer más poderosa de Europa de su tiempo. Era mujer incansable que odiaba perder el tiempo, tanto así que firmaba documentos en su lecho y recibiendo ministros en la alcoba. Y es que, como ella misma dijo, no podía olvidar las responsabilidades de Estado a la ligera: «Mis súbditos son mis hijos principales»
Debió ser en aquellos días de reposo cuando la emperatriz concibió la idea de una alianza con el eterno rival de Austria, Francia. Así podría frenarse el ascenso del poder de Prusia y las ambiciones de Inglaterra.


María Antonieta (vestido rosa) con María Carolina


El emperador Francisco anunció el nacimiento. Salió de la cámara de su esposa tras los te deum y la bendición de costumbre. Enfrente, en la Sala de los Espejos, esperaban las damas y los caballeros de la corte que tenían derecho de acceso. Las dependencias de la emperatriz estaban en la primera planta del ala leopoldina de Hofburg, un conjunto de edificios palaciegos. La cámara en la que nació María Antonieta es hoy el salón del Presidente, con tapices dorados en rojo y oro. Un enorme retrato de María Teresa pintado por Mytens se impone en la sala. Una estancia adyacente todavía alberga una colección de piedra dura (dibujos de aves y otros animales realizados con piedras semipreciosas), muy apreciadas por María Teresa, gusto que heredó María Antonieta. Los Habsburgo habían vivido en el palacio imperial de Hofburg desde finales del siglo XIII, pero el ala había sido construida originalmente bajo el emperador Leopoldo I en 1660. Tras un incendio fue reconstruida y, más adelante, la propia María Teresa la restauró con suntuosidad.

Palacio de Hofburg



La archiduquesa María Antonieta fue bautizada por el arzobispo de Viena en la iglesia de los Agustinos, en ausencia de su madre, el 3 de noviembre al mediodía. La homenajeada recibió el nombre de María Antonia Josefa Juana. La tradición de poner «María» a todas las princesas de la familia Habsburgo se remontaba a la época del bisabuelo de la recién nacida, el emperador Leopoldo, y su tercera esposa, Leonor de Neoburgo, y expresaba la veneración de esta casta por la Virgen María. Obviamente, en un grupo de ocho hermanas (y una madre) con el mismo nombre sagrado, no se las llamaba a todas del mismo modo, así que la recién nacida sería Antonia.

La recién nacida era pequeña, pero de rasgos hermosos; tenía los cabellos rubios, piel tersa y nacarada, ojos azules y cuello fino, herencia de su madre. En cambio, de su padre, el emperador Francisco I y duque de Lorena, había heredado el poder de seducción. El emperador no se involucraba en los asuntos de Estado, ya que prefería que su formidable mujer se hiciera cargo de ello. Era un hombre culto y refinado, amante de los placeres.


Infancia
La siguiente etapa de la nueva vida infantil fue rutinaria. Se la entregó a un ama de cría oficial. Las grandes damas no criaban a sus propios hijos, porque se consideraba que dar el pecho estropeaba la forma del busto, muy visible en la moda del siglo XVIII. El rey Luis XV abominaba dicha práctica por este motivo. Es posible que la tradición que prohibía a los hombres dormir con sus mujeres durante este período se notara más en el caso de María Teresa, entusiasta de la cama de matrimonio y de concebir más niños, aunque contraria a dar el pecho.

María Antonieta a los 12 años.


María Antonieta quedó al cuidado de Constance Weber, la esposa de un juez municipal. Según contaría su hijo Joseph Weber en sus memorias, Constance era famosa por la belleza de su figura y por una mayor belleza interior. Hacía tres meses que amamantaba al pequeño Joseph cuando le entregaron a la pequeña archiduquesa, y la familia estimó que esta nodriza había sido una elección venturosa. Al paso de los años, la archiduquesa siguió manteniendo contacto con la familia Weber.

La sociedad vienesa era plurilingüe y sus miembros se expresaban con facilidad tanto en italiano y español, como en alemán y francés. No obstante, este último estaba considerado la lengua de la civilización, la lengua universal de las cortes europeas. En los despachos diplomáticos enviados a los Habsburgo se empleaba el francés. María Teresa hablaba francés, aunque con fuerte acento alemán (también hablaba el dialecto vienés), pero el emperador Francisco Esteban habló francés toda su vida sin preocuparse de aprender alemán. Encantador, sofisticado y amante de los placeres, Francisco Esteban de Lorena, mujeriego empedernido y amoroso padre y esposo, transmitió a María Antonieta un buen porcentaje de sangre francesa. 

Para María Teresa, fue un apasionado enlace por amor. El embajador británico de Viena informó de que la joven archiduquesa «suspira y sufre todas las noches por su duque de Lorena. Si duerme, sólo sueña con él. Si está despierta, sólo habla de él a su dama de honor». En contra de los preceptos que tanto predicaría a sus hijas, María Teresa rechazó a un pretendiente mucho más egregio, el heredero de la corona española. En la medalla que se acuñó para las nupcias, la inscripción decía (en latín): AL FINAL NUESTROS DESEOS HAN DADO SU FRUTO.


María Teresa y su esposo, Francisco Esteban


Así pues, María Antonieta creció considerándose tanto «de Lorraine» como «d’Autriche et d’Hongrie». En esta época abundaban los matrimonios endogámicos entre las casas reales. Sólo teniendo en cuenta a sus cuatro abuelos, María Antonieta tenía sangre de los Borbón (rama de Orleans) y de Lorena por la parte de su padre. Entre sus antepasados, una bisabuela de Orleans, princesa palatina conocida como Liselotte, le aportó la sangre de María Estuardo, reina de Escocia, a través de Isabel de Bohemia, doscientos años antes.

Por parte materna, María Antonieta heredó sangre alemana de su abuela Isabel Cristina de BrunswickWolfbüttel, a la que en una ocasión se describió como «la reina más hermosa de la tierra». No obstante, así como la belleza excepcional formaba parte del conjunto de genes que María Antonieta debió de heredar, también es cierto que con los años la encantadora emperatriz engordaría mucho y sufriría hidropesía. En último lugar, María Antonieta heredó sangre de los Habsburgo, tanto austríaca como española, por su abuelo, el emperador Carlos VI. Estas dos ramas de la familia Habsburgo, que en teoría se dividieron en el siglo XVI, dieron lugar a constantes matrimonios endogámicos.



Tratado de Versalles, alianza franco-austríaca


María Teresa de Austria y Luis XV de Francia


Seis meses después de nacer María Antonieta, un cambio radical en las alianzas nacionales europeas puso fin a esta tranquilidad aparente. Con el Tratado de Versalles, firmado en mayo de 1756, Austria se alió con Francia, su enemigo tradicional, en un pacto defensivo contra Prusia. Si uno de los dos países era atacado, el otro acudiría en su ayuda con un ejército de veinticinco mil hombres. Ningún acontecimiento de la infancia de María Antonieta tendría más influencia en el curso de su vida como lo tuvo esta alianza, que se forjaría cuando aún estaba en la cuna.

Es fácil explicar la hostilidad de Austria hacia Prusia: María Teresa no había olvidado ni perdonado la usurpación de Silesia cuando ascendió al trono, y no pocas veces se refería a Federico II como «el malévolo animal» o «el monstruo». Él respondía de la misma manera, como en una ocasión en que mandó pronunciar un sermón basado a conciencia en el texto de san Pablo: «Que la mujer aprenda en silencio, con plena sumisión». Sin embargo, pese a que Prusia siempre había considerado su buena relación con Francia la piedra angular de su política exterior, ésta se había erosionado en una compleja serie de maniobras en las que Prusia empezó a inclinarse por Inglaterra. Francia e Inglaterra (poderes coloniales rivales) habían iniciado las hostilidades en las Américas en el año 1754, pero, además, Francia veía a Inglaterra como un enemigo en Europa. Como Austria, otrora aliada de Inglaterra, también se sintió traicionada por ésta debido a su nueva relación con Prusia, y se abrieron las puertas para un cambio radical en la política diplomática. 

El rey francés Luis XV favoreció la alianza aun cuando su único hijo y heredero (el delfín Luis Fernando), su nuera María Josefa (princesa sajona) y el formidable conjunto de hijas adultas que seguían viviendo en la corte eran firmes oponentes de Austria. Pero el nombramiento de un ministro de Asuntos Exteriores favorable a Austria, el duque de Choiseul, dio a entender que los prejuicios familiares estaban en segundo plano, al menos por el momento. Mientras tanto, el leal servidor de María Teresa, el príncipe Kaunitz, la convenció de que el apoyo de Francia le permitiría reconquistar Silesia, y ella lo envió como embajador a Versalles en 1750. A raíz de esto, se acusó (falsamente) a María Teresa, pilar de la virtud conyugal, de enviar mensajes a la marquesa de Pompadour, la amante de Luis XV; corría el mezquino rumor de que la emperatriz se había dirigido a la amante como «prima».

La voluntad imperial de Austria era firme, así como la voluntad real de Francia. En la actualidad, todavía puede contemplarse en el Museo de Hofburg una gran colección de porcelana de Sèvres, blanca, decorada con un diseño de cintas verde oliva, que Luis XV regaló a María Teresa para celebrar la alianza.



Luis Augusto, quien más tarde sería Luis XVI y marido de María Antonieta


Su vasta descendencia le aseguraría alianzas políticas con las potencias europeas, lo que le valdría el título de "suegra de Europa". Una alianza no eliminaría de la noche a la mañana los prejuicios que habían prevalecido durante tanto tiempo, sobre todo la sospecha de que Austria pudiera intentar manipular y controlar a Francia para beneficiarse. Esta perspectiva haría mella en otro joven, el príncipe francés Luis Augusto, hijo del delfín, que crecería y sería educado en la corte francesa.

La recién nacida, a la que Constance Weber crió con ilusión, era una criatura adorable. Pero esto poco importaba con miras a forjar una alianza. Desde el primer día de vida, madame Antonia tenía un valor no como persona, sino como una pieza en el tablero de su madre.



Bibliografía
Fraser, Antonia (2003). Maria Antonietta

Morato, Cristina Morato, "Reinas malditas", Plaza&Janes, 2014


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