lunes, 21 de septiembre de 2015

Isabel de Habsburgo, reina de Dinamarca

Nacimiento e infancia
Nació en Bruselas el 18 de julio de 1501. Fue la tercera hija de Felipe de Austria "el Hermoso" y Juana de Castilla "la Loca". Fue llamada así en honor a su abuela, Isabel la Católica. Bruselas ofreció al archiduque Felipe cinco mil florines si su esposa daba a luz en la ciudad. Felipe accedió, por lo que Juana tuvo que emprender el penoso viaje. Convivió poco con sus padres, pues ella tenía un año de edad cuando Juana y Felipe partieron a Castilla para ser proclamados príncipes de Asturias. Aunque sus padres regresaron a Flandes en 1504, su abuela materna, Isabel la Católia, falleció ese mismo año, por lo que Juana y Felipe tuvieron que volver a Castilla en enero de 1506. Isabel de Habsburgo no volvería a verlo, pues su padre murió poco tiempo después en Castilla y su madre fue recluida en Tordesillas hasta su muerte en 1555.

Carlos, Leonor e Isabel.

Isabel fue educada en Malinas junto a su hermano, el futuro emperador Carlos V, y sus hermanas, Leonor y María. Su formación fue supervisada por su tía, Margarita de Austria, gobernadora de los Países Bajos. Se conocen muy pocos datos a cerca de su educación, aunque esta debió ser esmerada; la joven princesa dominó a la perfección tanto el alemán como el francés, que era el idioma oficial de la corte. Poseía una amplia cultura y era excelente amazona. 


Isabel de Habsburgo destacaba por su elegancia y belleza. Su carácter se describe como encantador. Se decía que Isabel era la más bella entre sus hermanas, con ojos claros, cabellos rubios y rizados, piel blanca y talle fino. Ella logró conquistar al pueblo danés con su belleza, cultura y corazón compasivo. Y era inteligente, pues pronto aprendió a hablar danés.

Matrimonio


Cristián II de Dinamarca e Isabel de Austria

Cuando Isabel era muy joven se iniciaron las negociaciones para concertar su matrimonio con el rey de Dinamarca y Noruega, Cristián II (1513-1522), también aspirante de la corona de Suecia por herencia de la Unión de Kalmar. Los Habsburgo pretendían un vínculo con los países nórdicos. El rey escandinavo solicitó en un principio la mano de Leonor, la mayor de las archiduquesas, pero se decidió reservar a Leonor para mejores alianzas. Al parecer, a Isabel no le desagradaba la idea de aquel matrimonio, partiendo a su nuevo país con ilusión. La dote era esplendida, aunque nunca se entregó en su totalidad.



Isabel y Cristián se casaron en agosto de 1515, cuando Isabel apenas tenía catorce años. La relación de la pareja fue tensa, pues eran frecuentes las infidelidades de monarca y la situación del reino era agitada. El rey Cristián II no era el mejor candidato para la bella Isabel. El rey era veinte años mayor y presentaba un carácter con tendencia a la violencia. Además, el esposo de Isabel tenía una concubina, Dyveke Sigbritsdatter. La situación mejoró tras la muerte de la amante del rey en 1517. Se cree que Dyveke fue envenenada por ordenes del emperador Maximiliano, el abuelo de Isabel. Es poco probable que el envenenamiento fuera ordenado por la propia Isabel, dado el carácter de ella.



Los reyes de Dinamarca tuvieron seis hijos:

  • Hans (Juan en castellano), príncipe de Dinamarca. Nacido en septiembre de 1518.
  • Maximiliano y Felipe, nacidos el 4 de julio de 1519, dos gemelos que murieron en la infancia. Felipe murió poco después de nacer y Maximiliano sobrevive un año.
  • Dorotea, la cual contrajo matrimonio con Federico del Palatinado.
  • Cristina, casada con el duque de Milán.
  • Un hijo varón (1523)
Príncipe Hans de Dinamarca

Posible retrato de Dorotea de Dinamarca

Cristina de Dinamarca, duquesa de Milán



Reina de la Unión de Kalmar



Cuando ya parecía que no había obstáculos en la vida conyugal de los reyes, aparecieron otros problemas. En este caso fueron de carácter político. En 1520, Cristián se convirtió en rey de Suecia. Sin embargo, Isabel nunca pisó suelo sueco. Llegó a ejercer como regente en la ausencia de su marido. Cristián consigue la corona de Suecia por la fuerza, provocando una masacre conocida como "el Baño de sangre de Estocolmo". Con este suceso, Cristián fue apodado "el tirano". El rey entabló contacto con partidarios de la Reforma, seguidores de la doctrina de Lutero. De hecho, Isabel de Austria ha pasado a la historia como la infanta luterana.

Las continuas guerras auspiciadas por Cristián II contra Suecia, y los crecientes tributos que mandaba recaudar para mantenerlas provocaron la sublevación en todo el territorio de su reino. Llegó a tal punto la rebelión  que Cristián II fue mandado al exilio, permitiéndose que Isabel y sus hijos permanecieran en la corte. La ex reina respondió en latín: ubi rex meus, ibi regnum meum; donde esté mi rey, está mi reino. Siendo así, Isabel abandona Dinamarca en compañía de sus hijos: Hans, de cinco años, Dorothea, de dos, y Christina de apenas uno. Sufrió un aborto a causa de este disgusto. 

Últimos años y muerte
Isabel solicitó ayuda a familiares y amigos para restaurar a su esposo en el trono. Su hermano, el emperador Carlos, se negaba a colaborar. En Berlín, Isabel conoció a Martin Lutero, cuyas ideas le simpatizaron. Esto hizo aún más difícil que las monarquías de Europa le prestaran apoyo. En Nüremberg, Isabel recibió la comunión siguiendo el rito protestante, ganándose la desaprobación de su familia.


La salud de Isabel se fue quebrantando. En 1525 regresaron a los Países Bajos. La cura de baños en Augsburgo ayudó, aunque no sería por mucho tiempo. A finales de ese año, los reyes deciden viajar a la localidad de Zwijnaerde, cerca de Gante. En enero de 1526 escribe una carta a su tía Margarita, pidiéndole que no abandone a sus hijos y a su esposo. El 19 de enero de 1526, muere la joven Isabel. Fue enterrada en la Iglesia de San Pedro de Gante. Muchos años después, sus restos fueron trasladados a Dinamarca, donde fue enterrada junto a su esposo en la cripta real de Odense. Su muerte fue lamentada en muchas partes de Europa. 




Fuentes:
http://www.biografiasyvidas.com/
https://www.portalsolidario.net/

domingo, 20 de septiembre de 2015

La emperatriz Isabel de Avis (Parte 3 y última)

Embarazos
Isabel no tardó en quedar embarazada. La noticia de su estado se hizo pública el 15 de septiembre de 1526. Durante el parto, la emperatriz quiso guardar la compostura. Ordenó que apagaran los candelabros de la cámara y cubrió su rostro para que los presentes no observaran el dolor en su rostro. Isabel contenía las ganas de gritar, a pesar de que la comadrona le recomendaba que soltará toda la tensión, a lo que Isabel respondió: "No me digas tal, comadrona mía, que me moriré pero no gritaré". En 21 de mayo de 1527, en Valladolid, nació un niño llamado Felipe, el primer hijo de Isabel.

El día 5 de junio fue bautizado Felipe en la vecina iglesia de San Pablo. La tradición dice que fue sacado de palacio por la ventana que hace ángulo con la plaza, pero no hay constancia fehaciente del hecho.
El 12 de junio Isabel fue a la iglesia a la misa de parida y durante varios días hubo festejos populares en los que los nobles y el propio emperador participaron alanceando toros. Carlos I se llevó la palma, siendo aplaudido y festejado por la multitud. Pero días después, exactamente el 25 de junio, llegó a la corte la noticia del asalto y saqueo de Roma por las tropas imperiales. El emperador se indignó, mandó que se liberase al Papa, que había caído prisionero, castigar a los culpables, cosa que no sucedió, que se suspendieran las fiestas y la corte vistiera de luto.

Felipe II de España

La emperatriz quedó preñada pocos meses después del nacimiento de Felipe. El 27 de junio de 1528 dio a luz a la infanta María de Austria, aunque esta vez su esposo se hallaba ausente. El parto fue prematuro. El emperador conoció a su hija hasta el año 1533. Llegaría a ostentar el rango de su madre, el de emperatriz, por su matrimonio con Maximiliano II.



María de Austria y Portugal, emperatriz del Sacro Imperio

Existen informes de otro nacimiento en 1529, un varón bautizado con el nombre de Fernando. Carlos recibió la noticia en Bolonia, donde celebró el nacimiento de su hijo. Desgraciadamente, el infante murió antes de cumplir su primer año de vida.

Este año, a principios dél, estuvo la emperatriz en la villa de Madrid y estando allí dio al infante don Fernando una enfermedad que llaman las mujeres alferecía, que son unos temblores y desmayos que acaban  los niños en poco tiempo, y ansí hizo a este infante, que no duró un día natural. 
Crónica de Pedro Girón 

Y aún nos aporta más datos, como la gran fortaleza moral de Isabel, pese a su dolor, que inició inmediatamente sus actividades habituales de gobierno, aunque no tardó en sufrir unas pertinaces tercianas que la obligaron a posponer reuniones. Carlos V recibió la noticia de la muerte de su hijo en Augsburgo y desde allí mandó sus condolencias a su esposa a finales de julio:

El fallecimiento del infante nuestro hijo habemos sentido, como era razón, pero pues Nuestro Señor, que nos lo dio, lo quiso para sí, debemos conformarnos con su voluntad y darle gracias y suplicarle que guarde lo que queda, y así os ruego a vos, señora, muy afectuosamente que lo hagáis y olvidéis y quitéis de vos todo dolor y pena, consolándoos con la prudencia y ánimo que a tal persona conviene.


Juana de Austria y Portugal, princesa de Portugal

En junio de 1535 nace una hija, Juana, princesa de Portugal, quien más tarde sería madre de Sebastián de Portugal. Su último hijo, Juan, murió poco después de su nacimiento en 1539. Este embarazo la debilitó mucho, conduciéndola a la muerte al poco tiempo.

Muerte de la emperatriz
Aunque aparentemente la salud de Isabel era buena, delicada en ocasiones, la resistencia de la emperatriz se quebró a raiz de su último embarazo. En 1539 llegó a Toledo y se alojó en el palacio de Fuensalida, donde se le reunió su esposo. Eran los últimos meses de felicidad para ambos.

El alumbramiento estaba previsto para principios de verano, pero el parto se adelantó y el 21 de abril de 1539 dio a luz a un niño muerto. La comadrona, Quirce de Toledo, ante la imposibilidad de contener las hemorragias que sufría la emperatriz, pidió permiso a ésta para acudir en busca de los médicos, pero Isabel se negó, posiblemente motivada por su extremo pudor. Debido a su delicado estado de salud, inició la redacción de un nuevo testamento.


Féretro de Isabel

Tras recibir confesión y la extremaunción de manos del cardenal Tavera, murió a la edad de treinta y seis años en Toledo, en el palacio de los condes de Fuensalida, el 1 de mayo de 1539. Dicen que conservó la lucidez hasta el último momento y que se durmió para siempre con un crucifijo entre las manos. 

Carlos I aquel día estaba en Madrid y, aunque se apresuró a salir hacia Toledo, no tuvo tiempo de ver a su esposa con vida. Se desesperó de tal forma y lloraba con tanto sentimiento que los cortesanos temieron por su vida y por su razón. Se retiró al monasterio de la Sisla, cerca de la Ciudad Imperial, y no quiso salir de allí. Se pasaba el día llorando y rezando.


Desde allí, ordenó al príncipe Felipe, de tan sólo doce años de edad, presidir la comitiva del traslado del féretro de la emperatriz desde Toledo hasta Granada. Encargó de los detalles del entierro a su gran amigo y hombre de confianza Francisco de Borja, duque de Gandía y marqués de Lombay. ¿Estuvo Francisco enamorado de la emperatriz? Pudiera ser. Ella era admirada por todos y tal vez, platónicamente en todo caso, el duque estuvo bebiendo los vientos por ella.

Monasterio de El Escorial

El día 2 de mayo se iniciaron las misas por su eterno descanso y se realizó su solemne funeral, tras lo cual sus restos fueron conducidos a Granada para ser sepultada junto a sus abuelos, los Reyes Católicos. Francisco de Borja llevaba en su poder la llave con la que iba a cerrarse el féretro, que debía ser abierto al llegar a la cripta de la catedral de la ciudad. Al ver descompuesto el rostro de una emperatriz que había sido admirada por su belleza, tan sólo pudo articular con un hilo de voz: "He traído el cuerpo de nuestra señora en rigurosa custodia desde Toledo a Granada, pero jurar que es ella misma, cuya belleza tanto me admiraba, no me atrevo. [...] Sí, lo juro (reconocerla), pero juro también no más servir a señor que se me pueda morir". Y en ese momento Francisco de Borja decidió tornar el rumbo de su vida e ingresó en la Compañía de Jesús.
El féretro era sencillo, y todavía hoy puede verse en la cripta granadina el ataúd primitivo donde quedó depositado al trasladarse los restos de doña Isabel en 1574 a El Escorial. 




Fuentes:
  • Villacorta, Antonio. La Emperatriz Isabel. Editorial Actas 2009
  • Alvar Ezquerra, Antonio. La Emperatriz. La Esfera de los Libros 2012
  • http://www.mcnbiografias.com/

martes, 15 de septiembre de 2015

La emperatriz Isabel de Avis (Parte 2)

Matrimonio
Uno de los acontecimientos más importantes en la vida de Isabel fue su boda con el emperador Carlos.  El 1 de noviembre de 1525 llegó la dispensa papal, ya que Isabel y Carlos eran primos hermanos (la madre de Isabel y la de Carlos eran hermanas). Luego de obtener la autorización papal, se celebró una ceremonia de esponsales por poderes. El matrimonio era por conveniencia. En ese año, la única preocupación de Carlos era hacerse coronar emperador. En esta época, Carlos necesitaba dinero, el cual obtuvo de la dote de Isabel. Carlos hacía lo mismo que sus abuelos, los Reyes Católicos: estrechar lazos con Portugal.
La princesa lusa tenía 23 años, una edad optima para concebir.



Una comitiva enviada por Carlos y compuesta por el duque de Calabria, el arzobispo de Toledo y el duque de Béjar, fue a recibir a Isabel a la frontera de Portugal el 7 de febrero. En su viaje, la emperatriz recibió muestras de admiración por parte de sus nuevos súbditos. Hay que recordar que cuando Carlos llegó a España, las Cortes le solicitaron que se casara con una princesa de sangre española, deseo que compartían con los comuneros. 
La boda tuvo lugar en el Alcázar de Sevilla el 10 de marzo de 1526, en la madrugada. Se desposaron en el actual Salón de Embajadores por palabras de presente por manos del cardenal Salviati. Afirman los cronistas que Carlos e Isabel se enamoraron a primera vista. Los encantos de Isabel habían conquistado el corazón del emperador. Carlos estaba deseoso de consumar el matrimonio, por lo que ordenó que se instalara un altar en la cámara de su esposa, donde celebraron misa. La consumación fue presenciada por pocos nobles, dado que era una boda apresurada. La muerte de la hermana de Carlos, la reina de Dinamarca, estaba muy reciente, provocando que las fiestas fueran menos fastuosas.

Esto es lo que dice un cronista de la consumación: Acabada la misa, se pasó el emperador á su aposento, é serían ya las dos después de media noche. En tanto que el emperador estaba en su cámara, se acostóla emperatriz, é desque fue acostada pasó el emperador á consumar el matrimonio como católico príncipe.

El 13 de mayo, Isabel y Carlos abandonaron Sevilla y emprendieron su viaje hacia Granada, donde pasaron una feliz luna de miel. Granada, ciudad que gustó tanto a Isabel que, por un momento, se pensó en instalar en ella la corte, y la idea pasó casi a la realidad por cuanto, para complacer a su esposa, Carlos I encargó construir en la Alhambra un palacio que dirigió Pedro Machuca, arquitecto formado en Italia. Esto sucedió en 1526 y las obras continuaron hasta casi cien años después.

En esos meses, hubo un terremoto en Granada que asustó a Isabel. La emperatriz se trasladó al monasterio de los Jerónimos.
La pareja permaneció seis meses en el palacio de la Alhambra, donde concibieron a su primogénito, el futuro Felipe II. El emperador tenía fama de mujeriego, pero solo en su soltería y viudez, pues no se le conoció amante alguna durante su matrimonio. De hecho, cuando Isabel murió, Carlos se vio sumido en una profunda tristeza que lo motivó a encerrarse por dos meses en un monasterio. Los emperadores estaban prendados. En los jardines de la Alhambra, Carlos mandó plantar unas flores persas, hasta entonces exóticas en España, que se convirtieron en uno de los símbolos peninsulares: el clavel.


La Alhamba, Granada

En la corte de Granada abundaban hombres cultos. Isabel dedicaba horas del día a prácticas piadosas y a hilar, tejer y confeccionar ropas, acompañada por sus damas, que enviaba a Jerusalén para que los encargados de los Santos Lugares las repartiesen entre los pobres peregrinos. Junto a su esposo daba paseos por el campo o por los jardines, escuchaba música y canto de su capilla. La emperatriz era una profunda aficionada de la poesía. Hacían oración todos los días, participaban en misa, otorgaban limosnas y se confesaban. Mientras el emperador salía a cazar, Isabel visitaba monasterios. 

Sucedió una anécdota que supuso para la emperatriz su primer disgusto: cierto día, Carlos salió de caza perdiéndose en el bosque mientras perseguía a un jabalí. Isabel se impacientaba ante su tardanza. Al ser informada por los afligidos acompañantes del emperador, una angustiada Isabel, temerosa de que hubiese tenido algún accidente, dispuso inmediatamente que salieran a buscarlo con antorchas, que se encendiesen hogueras en las torres mas altas de la Alhambra y que las campanas tocasen. Finalmente, al amanecer, apareció Carlos y explicó a su esposa como se había perdido y aparecido en una aldea morisca. Por motivos de seguridad, ocultó su identidad haciéndose pasar por un viajero extraviado camino de Málaga y los moriscos le aconsejaron tomar el camino de Granada que era la ciudad más cercana.

El 10 de diciembre salieron de Granada los soberanos para dirigirse a Valladolid, ciudad a la que llegaron el 24 de enero del siguiente año de 1527, instalándose la reina en el palacio de Pimentel, rodeada de sus damas, entre las que figuraba Isabel de Freyre, la musa inspiradora de Garcilaso de la Vega.


Gobernadora
La emperatriz permaneció separada de su esposo por largas temporadas, pues el emperador tenía numerosos asuntos en el extranjero. Fue nombrada lugarteniente general del reino, realizando sus funciones como gobernadora de Castilla con gran eficiencia. Isabel poseía iniciativa y su marido confiaba en su capacidad como gobernadora. Carlos valoraba las opiniones de su mujer, quien poseía una aguda inteligencia. Con la prudencia propia de ella, logró acercar a su esposo a los intereses de los españoles. Como regente, se preocupaba por mantener la paz y prosperidad. En el Consejo, Isabel actuaba más como reina que como emperatriz. Isabel asume ante Carlos funciones de reina de España; pero de una España contemplada desde la corona de Castilla. La emperatriz, oyendo siempre y respetando el parecer de los hombres maduros del Consejo, había recibido una formación política a la española. 

En el verano de 1529 Isabel enfermó de paludismo. Quiso hacer testamento creyendo llegada su hora, pero no fue así sino que curó, atribuyéndose la curación al agua de la fuente de San Isidro que había bebido con devoción. En este mismo verano emprende el emperador un viaje a Italia y Alemania que va a durar hasta la primavera de 1533. Continuamente escribe cariñosas cartas a su esposa, y es de notar que Carlos permanece fiel a su esposa sin que nadie le pudiera atribuir ninguna aventura erótica.

La guerra contra los turcos, que tan victoriosamente condujo el emperador, obligó a Isabel a reunir cortes en 1532, en Segovia. Pidió una ayuda extraordinaria para su esposo, pero no obtuvo más que 150 cuentos de maravedíes, lo que equivalía prácticamente al servicio ordinario. Los procuradores aprovecharon para pedir lo que ya era constante; es decir, que se impidiera a los extranjeros ocupar cargos públicos; que se pusiera orden en la recaudación de tributos; rápida administración de justicia y otras peticiones más curiosas, como las de que los médicos recetaran en castellano y no en latín.


La convivencia de ella con su esposo entre los años 1533 y 1535 y el estallido de la guerra con Francia hubieron de completar la formación política de la emperatriz, ampliando su visión de la política europea y, a la vez, el emperador intensifica su proceso de “hispanización”. Esta guerra comprometerá seriamente la hacienda castellana hasta límites sobrehumanos mientras Isabel, estando cerca la fecha de su muerte, moviliza los recursos españoles manteniendo latente en su epistolario el sistema de preocupaciones que le acompañó durante los años de su gobierno: la conservación y quietud de los reinos, la seguridad de las costas mediterráneas y la paz exterior. Isabel actuó como una competente reina de España, a pesar de que el título correspondía a su suegra, la reina Juana.

La corte era intinerante, parecida a la de los Reyes Católicos. Se desplazaba de una ciudad a otra, despachaba misivas a su esposo, al cual mantenía informado de los asuntos del reino. Y el enamorado marido, que al deseo de hallarse junto a Isabel anteponía los intereses del estado, contestaba que al recibir la misiva de su esposa besaba esta hoja de papel con la misma ternura con que besaría vuestros labios. Isabel dirigió al emperador 114 cartas, las escribía su secretario en castellano pero ella siempre las terminaba con una frase autógrafa en portugués y su firma. Isabel tenía una delicada sensibilidad que sufría cuando el emperador se marchaba.



Fuentes:

  • M.Isabel Piqueras Villaldea, Carlos V y la Emperatriz Isabel . 2000 Editorial Actas, S.L
  • JOVER ZAMORA, José María. Carlos V y los españoles. Editorial: Rialp. Madrid, 1987.
  • MAZARIO COLETO, María del Carmen. Isabel de Portugal, Emperatriz y Reina de España. Editorial: Escuela de Historia Moderna, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1951.
  • Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España. 1989 Editorial Bitácora.S.A
  • http://www.elmundo.es/ladh/numero60/isabel.html
  • http://personal.us.es/
  • http://www.mcnbiografias.com/

domingo, 13 de septiembre de 2015

La emperatriz Isabel de Avis (Parte 1)




Nacimiento 
Isabel de Avis nació el 24 de octubre de 1503 en Lisboa. Sus padres eran Manuel I de Portugal y la infanta María de Aragón, reina consorte de Portugal. Era la segunda hija entre los vástagos de Manuel. La relación de sus padres era armoniosa. Su madre daría una vasta descendencia al rey portugués. La corte de Lisboa era una de las cortes más fastuosas del mundo. Su padre, Manuel, era un monarca opulento. Pasaría a la historia con el apodo "El Afortunado". 

Infancia y adolescencia
En  la prosperidad de la corte portuguesa, Isabel se educó bajo la tutela de su madre, con severidad y sobriedad. Sin embargo, la futura emperatriz adquirió un exquisito gusto por las prendas y alhajas. La reina María inculcó a su hija una profunda religiosidad y apego a la oración. Isabel de Portugal fue muy hábil en tareas manuales como el bordado. Fue notable su afición por la costura, sobre todo por los bordados, que la llevaron a participar en la elaboración de ornamentos eclesiásticos y colaborar con las damas de la corte en la confección y cuidado de la ropa de sus hermanos y de su padre.

Su educación era esmerada y de carácter humanista. Estudió latín, castellano, inglés y francés. Su formación artística no fue descuidada, recibiendo lecciones de canto, baile y música. Tampoco descuidaba el ejercicio físico, realizando habituales paseos, andando o a caballo. Con los años, Isabel se convirtió en una experta amazona.


Su madre inculcó en Isabel una profunda religiosidad, así fueron frecuentes las visitas de ambas damas a iglesias y conventos. Su padre, por su parte, demostró sentir predilección por la mayor de sus hijas y se mostró admirado por la gran responsabilidad con que ésta realizaba sus tareas, así cuando cumplió catorce años, lo dispuso todo para que formara su casa y la nombró señora de la ciudad de Viseo y de la villa de Torres Medrás, por lo que a partir de ese momento dispuso de fortuna propia.

En 1517, la feliz vida familiar de Isabel se derrumbó debido a la muerte de la reina María. El rey Manuel contrajo nupcias por tercera vez con Leonor de Austria, hermana de Carlos de Austria e hija de Juana I de Castilla. Según los cronistas de la época, Isabel tuvo una buena relación con su madrastra. Ya desde entonces se trataba el tema acerca del casamiento entre Isabel y su primo Carlos. Isabel era vista con buenos ojos en Castilla. 

Aspecto y personalidad

Isabel de Portugal era considerada una de las mujeres más hermosas de su tiempo. Se le describe como alta, elegante y esbelta. Su cabello era largo y castaño claro. Sus labios eran delgados, sus manos eran finas y su piel blanca. Poseía la belleza de su madre, María de Aragón, y por lo tanto, de su abuela, Isabel la Católica. Sin duda era bellísima, como lo demuestra el retrato de Tiziano que se conserva en el museo del Padro de Madrid. Según dicen, Tiziano no vio nunca a la emperatriz y el retrato fue hecho a través de otros, de peor factura, que pusieron a su disposición. De todos modos debió de reflejar con exactitud los rasgos de la reina, por cuanto Carlos I no sólo lo aceptó sino que lo tuvo siempre consigo instalándole, cuando quedó viudo, en la alcoba real, donde se pasaba largos ratos contemplándolo.



Alonso de Santa Cruz en su Crónica del Emperador Carlos V, describe de esta manera a Isabel de Portugal, primera y única esposa del Emperador:

Era la Emperatriz blanca de rostro y de mirar honesto y de poca habla y baja, tenía los ojos grandes, la boca pequeña, la nariz aguileña, los pechos secos (planos), de buenas manos, la garganta alta y hermosa, era de su condición mansa y retraída más de lo que era menester. Honesta, callada, grave, devota, discreta y no entrometida; y esto era en tanta manera que para sí aun no quería pedir nada al Emperador ni menos rogarle cosa por otros; de manera que podemos decir haber el Emperador hallado mujer á su condición.

Era Isabel, aparte de hermosa mujer, de agradable trato, con sentido del humor, que a veces rozaba con la ironía, como cuando viendo al duque de Nájera muy acicalado y vistoso dijo a sus damas:
—Más viene el duque a que lo veamos que no a vernos.

Isabel era una mujer sobria y elegante. Se dice que era la reina que menos joyas ostentaba. Utilizaba pocas joyas, pero de gran calidad. Generosidad y compasión son rasgos notables del carácter de la emperatriz. De 1526 a 1530, los hijos del rey Francisco I de Francia permanecieron como rehenes en España en cumplimiento al Tratado de Madrid. El delfín y el duque de Orleans tenían ocho y siete años respectivamente. A Isabel le pesaba la situación de los príncipes franceses, por lo que se encargó de que recibieran cuidados. La abuela de los príncipes, Luisa de Saboya, solicitó la intervención de la emperatriz en cuanto a la situación de sus nietos. Isabel permitió que los príncipes pasearan y fueran retratados, como pedían el padre y la abuela.También estuvo muy pendiente de la estancia de su cuñada Leonor en Francia tras su matrimonio con Francisco I.

Se sabe que el emperador Carlos tuvo un papel relevante en el asunto del divorcio de su tía Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra, pero es raro que se mencione la participación de la emperatriz Isabel. Ella se preocupó por la situación de su tía Catalina, pues cuando el rey Enrique de Inglaterra planteó la nulidad de su matrimonio, Isabel de Portugal solicitó que los letrados y canonistas de las universidades más prestigiosas estudiaran el tema. Y cuando Catalina falleció en 1536, Carlos e Isabel vistieron de luto riguroso.


Negociaciones matrimoniales
En 1521 falleció el rey Manuel, subiendo al trono el rey Juan III, hermano de Isabel. Se planteó un matrimonio doble entre el rey Juan con Catalina de Austria y el rey Carlos con Isabel. Sin embargo, Carlos se mostraba contrario a faltar a su compromiso con la princesa inglesa, María Tudor, quien apenas era una niña con menos de diez años. 


Juan III de Portugal, hermano de Isabel

Por otra parte, la dote de Isabel era cuantiosa. El rey Juan de Portugal le había proporcionado una dote de 900,000 doblas castellanas de oro. Ello da idea de la riqueza que disfrutaba la dinastía lusitana de Avis.

En 1525, el rey Juan se casó con la hermana de Carlos, mientras que el compromiso de su hermana parecía caso perdido. Isabel en reiteradas ocasiones expresó que si no contraía matrimonio con el emperador, permanecería soltera. Pero no faltaba mucho para que el emperador se convenciera de que Isabel era la mujer ideal para él.

La llegada de Catalina de Austria a Portugal supuso un gran avance. Además, las Cortes presionaban al emperador para que tuviera un heredero, algo que no podría lograr pronto con su prometida, María Tudor. Finalmente Carlos accedió a la petición de sus súbditos y el 17 de octubre de 1525 se firmó el contrato matrimonial. 


Fuentes:

  • M.Isabel Piqueras Villaldea, Carlos V y la Emperatriz Isabel . 2000 Editorial Actas, S.L
  • María José Rubio, Reinas de España Las Austrias. La Esfera de los Libros S.L. 2010
  • http://www.mcnbiografias.com
  • http://www.elmundo.es/ladh/numero60/isabel.html




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