domingo, 20 de septiembre de 2015

La emperatriz Isabel de Avis (Parte 3 y última)

Embarazos
Isabel no tardó en quedar embarazada. La noticia de su estado se hizo pública el 15 de septiembre de 1526. Durante el parto, la emperatriz quiso guardar la compostura. Ordenó que apagaran los candelabros de la cámara y cubrió su rostro para que los presentes no observaran el dolor en su rostro. Isabel contenía las ganas de gritar, a pesar de que la comadrona le recomendaba que soltará toda la tensión, a lo que Isabel respondió: "No me digas tal, comadrona mía, que me moriré pero no gritaré". En 21 de mayo de 1527, en Valladolid, nació un niño llamado Felipe, el primer hijo de Isabel.


El día 5 de junio fue bautizado Felipe en la vecina iglesia de San Pablo. La tradición dice que fue sacado de palacio por la ventana que hace ángulo con la plaza, pero no hay constancia fehaciente del hecho.

El 12 de junio Isabel fue a la iglesia a la misa de parida y durante varios días hubo festejos populares en los que los nobles y el propio emperador participaron alanceando toros. Carlos I se llevó la palma, siendo aplaudido y festejado por la multitud. Pero días después, exactamente el 25 de junio, llegó a la corte la noticia del asalto y saqueo de Roma por las tropas imperiales. El emperador se indignó, mandó que se liberase al Papa, que había caído prisionero, castigar a los culpables, cosa que no sucedió, que se suspendieran las fiestas y la corte vistiera de luto.

Felipe II de España

La emperatriz quedó preñada pocos meses después del nacimiento de Felipe. El 27 de junio de 1528 dio a luz a la infanta María de Austria, aunque esta vez su esposo se hallaba ausente. El parto fue prematuro. El emperador conoció a su hija hasta el año 1533. Llegaría a ostentar el rango de su madre, el de emperatriz, por su matrimonio con Maximiliano II.

María de Austria y Portugal, emperatriz del Sacro Imperio

Existen informes de otro nacimiento en 1529, un varón bautizado con el nombre de Fernando. Carlos recibió la noticia en Bolonia, donde celebró el nacimiento de su hijo. Desgraciadamente, el infante murió antes de cumplir su primer año de vida.

Este año, a principios dél, estuvo la emperatriz en la villa de Madrid y estando allí dio al infante don Fernando una enfermedad que llaman las mujeres alferecía, que son unos temblores y desmayos que acaban  los niños en poco tiempo, y ansí hizo a este infante, que no duró un día natural. 
Crónica de Pedro Girón 

Y aún nos aporta más datos, como la gran fortaleza moral de Isabel, pese a su dolor, que inició inmediatamente sus actividades habituales de gobierno, aunque no tardó en sufrir unas pertinaces tercianas que la obligaron a posponer reuniones. Carlos V recibió la noticia de la muerte de su hijo en Augsburgo y desde allí mandó sus condolencias a su esposa a finales de julio:


El fallecimiento del infante nuestro hijo habemos sentido, como era razón, pero pues Nuestro Señor, que nos lo dio, lo quiso para sí, debemos conformarnos con su voluntad y darle gracias y suplicarle que guarde lo que queda, y así os ruego a vos, señora, muy afectuosamente que lo hagáis y olvidéis y quitéis de vos todo dolor y pena, consolándoos con la prudencia y ánimo que a tal persona conviene.

Juana de Austria y Portugal, princesa de Portugal

En junio de 1535 nace una hija, Juana, princesa de Portugal, quien más tarde sería madre de Sebastián de Portugal. Su último hijo, Juan, murió poco después de su nacimiento en 1539. Este embarazo la debilitó mucho, conduciéndola a la muerte al poco tiempo.


Muerte de la emperatriz
Aunque aparentemente la salud de Isabel era buena, delicada en ocasiones, la resistencia de la emperatriz se quebró a raíz de su último embarazo. En 1539 llegó a Toledo y se alojó en el palacio de Fuensalida, donde se le reunió su esposo. Eran los últimos meses de felicidad para ambos.


El alumbramiento estaba previsto para principios de verano, pero el parto se adelantó y el 21 de abril de 1539 dio a luz a un niño muerto. La comadrona, Quirce de Toledo, ante la imposibilidad de contener las hemorragias que sufría la emperatriz, pidió permiso a ésta para acudir en busca de los médicos, pero Isabel se negó, posiblemente motivada por su extremo pudor. Debido a su delicado estado de salud, inició la redacción de un nuevo testamento.


Féretro de Isabel

Tras recibir confesión y la extremaunción de manos del cardenal Tavera, murió a la edad de treinta y seis años en Toledo, en el palacio de los condes de Fuensalida, el 1 de mayo de 1539. Dicen que conservó la lucidez hasta el último momento y que se durmió para siempre con un crucifijo entre las manos. 



Carlos I aquel día estaba en Madrid y, aunque se apresuró a salir hacia Toledo, no tuvo tiempo de ver a su esposa con vida. Se desesperó de tal forma y lloraba con tanto sentimiento que los cortesanos temieron por su vida y por su razón. Se retiró al monasterio de la Sisla, cerca de la Ciudad Imperial, y no quiso salir de allí. Se pasaba el día llorando y rezando.



Desde allí, ordenó al príncipe Felipe, de tan sólo doce años de edad, presidir la comitiva del traslado del féretro de la emperatriz desde Toledo hasta Granada. Encargó de los detalles del entierro a su gran amigo y hombre de confianza Francisco de Borja, duque de Gandía y marqués de Lombay. ¿Estuvo Francisco enamorado de la emperatriz? Puede ser. Ella era admirada por todos y tal vez, platónicamente en todo caso, el duque estuvo suspirando por ella.

Monasterio de El Escorial

El día 2 de mayo se iniciaron las misas por su eterno descanso y se realizó su solemne funeral, tras lo cual sus restos fueron conducidos a Granada para ser sepultada junto a sus abuelos, los Reyes Católicos. Francisco de Borja llevaba en su poder la llave con la que iba a cerrarse el féretro, que debía ser abierto al llegar a la cripta de la catedral de la ciudad. Al ver descompuesto el rostro de una emperatriz que había sido admirada por su belleza, tan sólo pudo articular con un hilo de voz: "He traído el cuerpo de nuestra señora en rigurosa custodia desde Toledo a Granada, pero jurar que es ella misma, cuya belleza tanto me admiraba, no me atrevo. [...] Sí, lo juro (reconocerla), pero juro también no más servir a señor que se me pueda morir". Y en ese momento Francisco de Borja decidió tornar el rumbo de su vida e ingresó en la Compañía de Jesús.
El féretro era sencillo, y todavía hoy puede verse en la cripta granadina el ataúd primitivo donde quedó depositado al trasladarse los restos de doña Isabel en 1574 a El Escorial. 



Fuentes:
  • Villacorta, Antonio. La Emperatriz Isabel. Editorial Actas 2009
  • Alvar Ezquerra, Antonio. La Emperatriz. La Esfera de los Libros 2012
  • http://www.mcnbiografias.com/

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