domingo, 5 de julio de 2015

Isabel de Castilla "la Católica" (Parte 2)

Matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón



El matrimonio entre Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla no era legítimo en un principio por existir entre la pareja lazos de consanguinidad que posteriormente se pudieron solventar gracias a la Bula de Simancas, en la cual el Papa Sixto IV dispensaba a los infantes de su relación de parentesco. Los novios optaron por encontrarse de manera clandestina, ya que no contaban ni con el agrado ni la aprobación del Rey. Así que ante las repercusiones que pudiera provocar en el monarca aquel enlace pensaron en celebrar el mismo con mayor secreto posible. La boda se celebró el 19 de octubre de 1469 en el palacio de los Viveros de Valladolid lugar al que ambos contrayentes llegaron de incógnito. Isabel con la excusa de visitar la tumba de su hermano Alfonso, que reposaba en Ávila, escapó de la custodia en Ocaña de don Juan Pacheco. Y Fernando, por su parte, cruzó Castilla disfrazado de mozo de mula de unos comerciantes.
El 1 de diciembre de 1471 Sixto IV (1471-1484) emitió la Bula que dispensaba al matrimonio de sus lazos de consanguinidad.


El matrimonio de los Reyes Católicos tuvo consecuencias trascendentales para la historia de España, e incluso del mundo, pues conllevó la unión de Castilla y Aragón, el fin de la Reconquista o el descubrimiento de América. Pero a la vez el enlace revistió una dimensión personal no menos interesante para el historiador. Aunque en su origen la unión estuvo dictada por razones de conveniencia política, desde los primeros momentos se advirtió entre los esposos una compenetración especial. En ello no faltó la pasión amorosa, en el caso de Fernando, sobre todo en las fases iniciales del matrimonio, cuando en sus cartas a la reina aludía al mal que le causaba la separación o se presentaba como amante despechado; a Isabel, más discreta pero también más constante, la dejaban en evidencia sus recurrentes accesos de celos.



Este afecto mutuo no impidió que entre los cónyuges surgieran desavenencias pasajeras, por ejemplo, el empeño de Isabel en hacer visible que ella era la “reina propietaria” de Castilla, mientras que Fernando en Castilla era simple rey consorte, aunque con plena facultad de mando. Con el tiempo, entre ambos se impuso una complicidad basada en sus comunes intereses políticos, pero también en la preocupación compartida por la suerte de sus hijos. 

Nace Isabel, la primogénita 
El 2 de octubre de 1470 nació en Dueñas (Palencia) la primera hija de Isabel y Fernando, a quien llamaron Isabel de Trastámara. Nació cuando su madre aún era princesa. El parto transcurrió con normalidad, en el cual Isabel de Castilla fue atendida por el doctor Juan Rodríguez de Toledo. Los constantes viajes de la princesa no repercutieron en la evolución del embarazo. Siendo así, el matrimonio prometía buenos frutos, pues apenas había transcurrido un año desde la boda. Isabel parió frente a testigos de la corte, como dictaba la tradición, pero oculto su rostro con un velo. La niñez de Isabel de Aragón transcurrió durante la guerra contra la Beltraneja. 
Tras la Guerra de Sucesión castellana, Isabel de Aragón fue jurada como heredera y nombrada princesa de Asturias ,en 1476, por las Cortes de Madrigal. La joven Isabel ostentó ese título por varios años, hasta el nacimiento de Juan.

Isabel llevaba a sus hijos a las campañas militares, pero también se aseguraba del bienestar de ellos. En el motín del alcázar de Segovia en 1476, en el cual vivía Isabel de Aragón bajo el cuidado de Beatriz de Bobadilla y su esposo, Andrés Cabrera. El esposo de Beatriz era de origen judío y se le acusaba de aprovecharse de la confianza de los reyes. Una multitud de gente furiosa se dirigió al alcázar. La reina se encontraba con el cardenal Mendoza cuando se enteró de lo ocurrido. Temerosa del riesgo que podía correr su hija, la reina subió a su caballo y, acompañada por tres guardias, cabalgó 60 kilómetros hasta Segovia. 


Conflicto por la sucesión: Isabel la Católica contra Juana la Beltraneja


Enrique IV de Castilla, apodado el Impotente, intentó por todos los medios que el matrimonio de su hermanastra fuera con otros pretendientes como el Príncipe Carlos de Viana o Alfonso V de Portugal. El objetivo de estas maniobras no era otro que ceder a Juana la Beltraneja, presunta hija ilegítima del monarca castellano, la corona de Castilla. No obstante, en el año 1468, mediante la Concordia de los Toros de Guisando, Enrique IV reconocía como princesa de Asturias y heredera al trono de Castilla a Isabel, pero el conflicto permaneció latente y no tardó en aparecer posteriormente. Los restos mortales de doña Juana desaparecieron tras el terremoto de Lisbo, con lo cual sería imposible dictaminar con seguridad si Juana era ilegitima. 

Al morir Enrique IV, en 1474, y declarar reina de Castilla a Isabel, estalla un conflicto entre los partidarios de ésta y los partidarios de la hija de Enrique. Este período es conocido como la Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479). No se trató de un conflicto meramente regional porque en la sucesión a la corona castellana se decidían futuras alianzas con otras monarquías europeas y por ello tomaron parte el reino de Portugal y el reino de Francia en favor del bando de la Beltraneja. 



Alfonso V de Portugal, tío y marido de Juana la Beltraneja

En mayo de 1475, el rey Alfonso de Portugal entró a Castilla con un poderoso ejército, se casó con Juana y se hizo llamar rey de Castilla. Pero Isabel y Fernando hicieron patente su superioridad militar y en la batalla de Toro (1 de marzo de 1746) derrotaron al rey de Portugal. Juana de la Beltraneja tuvo que renunciar a su título real y desapareció de la vida pública, hasta que murió, olvidada, el 28 de julio de 1530. 



Después de la derrota militar del bando de Juana se llega a la Paz de Alcáçovas donde se declara la paz entre el reino de Portugal y los reinos de Castilla y Aragón. También se acordó el matrimonio de la primogénita de Isabel y Fernando, Isabel de Aragón, con el hijo del príncipe Juan de Portugal, Alfonso. Finalmente, Isabel se consolida como reina y la unión de las dos coronas en base al matrimonio de Isabel y Fernando.

Fuente:
http://www.nationalgeographic.com.es/

2 comentarios:

  1. Muy bueno tu blog y muy buena la entrada, aunque hay algo en que no estoy de acuerdo, y es cuando dices que Juana de Trastámara era "ilegítima con toda probabilidad", porque la verdad es que sobre eso aún hay muchas dudas que nunca serán resueltas, ya que los huesos de Juana se perdieron. De todos modos, varios historiadores han dicho ya que de todos los defectos que se le achacan a Enrique IV, la impotencia es el menos probado, y existe una fuerte posibilidad de que en verdad fuera hija del rey.

    ResponderEliminar
  2. Tienes razón. Es que me ayude con un post viejo, lo corregí por "presunta hija ilegítima de rey". Pues, en mi opinión, tengo dudas acerca de la legitimidad de Juana. A veces dudo por completo que fuese hija del rey. Pero, de haber sido ilegítima, no creo que fuera hija de Beltrán. Es que no hay registro de hijos bastardos del rey Enrique IV. Se sabe que tenía amantes, pero hijos no. Tardo siete años en preñar a Juana de Avis, pero ella no tardo en parir dos hijos de Pedro de Castilla. Tal vez no impotente, pero si estéril. Por otro lado, se menciona que utilizaron inseminación artificial. Aunque tienen razón, sin los restos de Juana no se puede asegurar nada. Había muchas intrigas en ese tiempo

    ResponderEliminar


Entradas relacionadas



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...