jueves, 11 de diciembre de 2014

Los chismes en la corte



En la actualidad, las celebridades tienen la desventaja de no tener vida privada. Son perseguidos por paparazzis o entrevistados por revistas. Cualquier desliz en su vida privada se hace público por culpa de los medios de comunicación. En el siglo XV, XVI o XVII, la realeza sufría algo parecido a lo que ocurre con las celebridades actuales. Un monarca castellano del siglo XV, Enrique IV, fue llamado "el Impotente", ya que tardó siete años en preñar a su esposa (y todavía quedó marcado como un cuernudo). Juana I de Castilla, tristemente conocida como "la Loca" debido a sus supuestos desvaríos. Otro caso fue Carlos II de España, a quien llamaban "el Hechizado", pues se atribuía su lamentable estado físico a alguna influencia diabólica. Una conocida del siglo XVI fue María Tudor, a quien apodaron "Bloody Mary" por las persecuciones durante su reinado. 

En tiempos de los Tudor, los chismes contribuyeron a la difamación de muchas personas. El caso más notable es el de Ana Bolena, cuyos cargos se basaban en habladurías sin ningún fundamento, por ejemplo, como el testimonio de lady Rochford acerca de la cercanía entre Ana y su hermano o la carta de Bridget Wingfield. Otra reina consorte de Enrique VIII, Catalina Howard, también se vio perjudicada por la habladurías que imperaban en torno a su nombre (aunque tal vez estas hayan sido verdad). Todo comenzó cuando el hermano de Mary Lassells sugirió a Mary que buscara un puesto en la casa de la reina Catalina Howard. Su hermana se negó, dando como razón el comportamiento inadecuado de Catalina. De esta forma, el hermano de Mary se lo comunicó a Cranmer, quien a su vez se encargó de informárselo al rey. 

La nobleza tampoco se libraba de los cotilleos. La tirante relación entre el tercer duque de Norfolk y su esposa Elizabeth fue motivo de escándalo en su tiempo, pues al duque se le acusaba de golpear brutalmente a su mujer. En la corte de Enrique VIII, los extranjeros tomaban gran parte en esas murmuraciones. El embajador Chapuys, por ejemplo, era quien daba informes a su señor del sufrimiento de Catalina de Aragón y su hija. Había otros como Nicholas Sander, quienes aportaban testimonios denigrantes.


Ricardo III

Otro personaje víctima de la calumnia (aunque de esto tampoco podemos estar seguros) fue Ricardo III. William Shakespeare nos presentó la versión de un rey cojo y jorobado que asesina a sus dos sobrinos. Su obra literaria tuvo una fuerte influencia en la imagen del último monarca York. Sin embargo, hubo otro hombre (Tomás Moro) que inculpó a Ricardo del asesinato antes que Shakespeare. 

Por otro lado, en nuestros tiempos es imposible contener la oleada de chismes. En aquella época, hablar mal de un soberano podía ser peligroso, en especial cuando se sugería su impotencia, como ocurría con Enrique VIII. 

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