viernes, 17 de octubre de 2014

Los galanteos del joven Enrique VIII

En la primera década de su reinado, Enrique VIII se comportó como un esposo fiel. No tenía amantes fijas: los diversos rumores de romances en ese período ni siquiera son demasiados, se refieren a galanteos de acuerdo a la moda del Renacimiento, relaciones que seguían un modelo ardiente, subidas de tono pero no necesariamente sexuales. 

Hubo informes de galanteos de Enrique en la corte de Flandes en 1513. El rey, de veintidós años, un hombre en el continente sin su esposa, tocaba la flauta y demostraba su habilidad para bailar con la archiduquesa Margarita. En el siguiente mes de agosto, una muchacha del campo, Etiennette La Baume, le envió una carta al rey, junto con un pájaro y "algunas raíces de gran valor que pertenecen a este país". Ella le recordaba el encuentro de ambos en Lila: "Vos me nombrasteis vuestro paje" y "me dijisteis muchas cosas bonitas" [beaucoup de belles choses]. Agregaba: "Cuando nos separamos en Tournai, me dijisteis que cuando me casara os lo hiciera saber y ello me valdría 10.000 coronas". Ahora le había agradado al padre de ella casarla y la joven esperaba el regalo...(los archivos demuestran que Etiennette La Baume se casó con cierto Jean Neufchatel, señor de Marnay, en octubre de 1514, pero no dicen si el rey envió el dinero).

Lady Anne Hastings

Anteriormente, en Inglaterra, había habido un episodio, en 1510, relativo a dos atractivas hermanas del duque de Buckingham (ambas casadas), lady Elizabeth Fitzwalter y lady Anne Hastings, que en virtud de su alto rango eran camareras de la reina. No está claro que sucedió. Corrió el rumor de que el rey había deseado tener avances con lady Anne. Estuvo implicado en el asunto William Compton, que por entonces era sirviente del sillico. Tal vez él actuara como intermediario para su amo, o tal vez fuese otro amante potencial de lady Anne. Luego, lady Elizabeth causó problemas a su hermana con la reina. 


Del enfado del rey con la conducta de las damas de su reina que "insidiosamente espían todo momento inobservado" cabe deducir que no había sucedido nada importante para el momento en que lord Hastings apartó a lady Anne de la corte. Luego el rey insistió en que los Fitzwalter fueran despedidos. Finalmente, en un acceso de furia por el hecho de que el nombre de sus hermanas hubiera sido mancillado por alguien de origen tan humilde como Compton, el duque de Buckingham riñó con el servidor, fue reprendido por el rey y se marchó ofendido del palacio. Cuando el embajador español, informado por habladurías de la corte española, trató de sermonear a fray Diego acerca de la correcta conducta para la reina en tales circunstancias, el fraile le dijo que estaba muy mal informado. Y tal vez fuera cierto. 



De todos modos, fue una tormenta en un vaso de agua y, como tal, rápidamente olvidada. 





Bibliografia
Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

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