jueves, 7 de noviembre de 2013

Mata Hari, el icono de la seducción




Mata Hari es un personaje controvertido, intrigante y, sobre todo, apasionante. Su verdadero nombre fue Margaretha Zelle. Nació el 7 de agosto de 1876. Era hija de un modesto sombrerero holandés, de quien heredo el orgullo y la ambición. Su belleza e indiscutible capacidad de seducción, constituyeron sin duda su mejor arma para conseguir todo lo que quería. Mata Hari no tenía el físico común en su país (piel blanca, pelo rubio y ojos azules), sino que era de tez aceitunada y con cabello oscuro. 

"Amo a los militares. Los he amado siempre y prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero rico" -frase de Mata Hari.

Su fascinación por los uniformes la hizo interesarse por un anuncio del periódico  en el que un oficial deseaba encontrar “señorita de buen carácter con fines matrimoniales”. Él se llamaba Rudolf MacLeod, y tenía 39 años. Ella tenía 18 años cuando recién casada y ya embarazada puso por primera vez los pies en las Indias Orientales Holandesas, donde ya comenzaba a fraguarse el personaje de Mata Hari. La pasión ardiente de los primeros años dio como fruto dos hijos y un estrepitoso divorcio. Conoció la fascinación de Oriente y los secretos de las danzas javanesas, que le serían muy útiles tras el naufragio de su matrimonio y la muerte de uno de sus hijos, que la empujaron a volver a Europa en 1902. 



Armada de valor y amparada en su exótico físico, se inventó una identidad y se lanzó al espectáculo en París como la bailarina Mata Hari ("ojo del alba", en javanés), especializada en danzas eróticas. Pronto creció su fama y frecuentó a hombres ricos, políticos y militares que engrosaron su lista de amantes. Entre 1904 y la Primera Guerra Mundial fue la cortesana más famosa de la época, conoció todas las ciudades de Europa y no pocos secretos de política gracias a las confidencias de alcoba. 

La vida profesional de un bailarín generalmente es corta. Mata Hari no fue una excepción a esta regla. Había empezado su carrera cuando tenía cerca de 30 años, mucho más tarde que la mayoría de los bailarines. Cuando se acercó a los 40, Mata Hari obtenía sustento de ser una cortesana en vez de una bailarina. Mata Hari desarrolló intrincadas relaciones afectivas, ya veces exclusiva con los hombres que la apoyaron en un estilo elegante. Ella parece haber sido bastante experto en el arte del placer. Curiosamente, incluso cuando ella estaba haciendo el amor, nunca estaba completamente desnuda: sus copas para el pecho se quedaban en su lugar. 



Mientras vivía con una sucesión de hombres adinerados, también hizo varios intentos de contactar con su hija. Sus cartas fueron devueltas sin abrir por Rudolph MacLeod. Mata Hari anhelaba una relación con su único hijo restante. Dado que el padre de la niña se negó a permitir que madre e hija se comunicaran, la desesperada mujer urdió un plan para secuestrar a su hija de trece años. Mata Hari tenía una sirvienta, a la cual mando a la ciudad donde vivía su hija con el padre. La sirvienta espero a la niña pero el pan se frustró puesto que Rudolpgh había ido a recogerla. 

Mata Hari y su esposo

Durante el estallido de la Primera Guerra Mundial, Mata Hari estaba actuando en Berlín, y era amante del cónsul alemán en Ámsterdam, que a su vez era jefe de espionaje de Alemania. La intriga estaba servida en bandeja de plata. Mata Hari fue propuesta como espía al servicio de los alemanes, pero el cónsul no contó con que la dama también había aceptado ser espía de los franceses, a propuesta del capitán Ladoux. Mata Hari se convierte así en la agente H-21.

En febrero de 1917, Mata Hari es arrestada y acusada de alta traición por la justicia francesa, y protagonista de un farragoso juicio, donde nunca hasta hoy ha quedado claro si realmente actuó como espía, o simplemente se dedicó a juguetear de cama en cama, con esos uniformados que tanto la atraían. Fue encarcelada en una prisión sin baños y poco higiénica  No le estaba permitido ningún cambio de ropa limpia.

Mata Hari el día de su ejecución

El final llegó a Mata Hari temprano en la mañana del 15 de octubre de 1917. Mata Hari se enfrentó a la muerte con valentía, caminar con la cabeza alta y rechazar la oferta habitual de una venda. El prisionero vio doce rifles apuntando a ella. Ella lanzó un beso a sus ejecutores. Una bala acertó en su corazón. Nadie reclamó su cadáver, así que este fue trasladado a una escuela de medicina para ser utilizado por los estudiantes.

"¿Una ramera? ¡sí!, pero una traidora, ¡jamás!" es una frase que se le atribuye a Mata Hari durante el juicio al que fue sometida.


Por una triste coincidencia, la hija de Mata Hari murió joven y repentinamente. Falleció mientras dormía, probablemente de un ataque al corazón. Sin embargo, la carrera de Mata Hari como espía fue efímera e improductiva. Ya sea o no que ella fue siempre el doble agente que se cree es muy discutible. Ella es uno de los espías más famosos de la historia, pero sus verdaderos talentos no consistían en el espionaje, sino en el arte de la seducción.


Fuentes:
Artículo: "The Execution of Mata Hari, 1917," EyeWitness to History, www.eyewitnesstohistory.com (2005).

http://www.mata-hari.com

http://www.muyinteresante.es/

sábado, 2 de noviembre de 2013

Abelardo y Eloísa



Abelardo nació en 1079 en Le Pallet, Bretaña, una aldea próxima a Nantes. Berengario, su padre, era una persona culta e ilustre que pudo proporcionar una educación esmerada a su hijo. Siendo muy joven, Abelardo estaba destinado a la carrera militar, que luego abandono por su pasión por el estudio. A los 20 años, Abelardo se marchó a París, donde había una famosa escuela episcopal dirigida por Guillermo de Champeaux. 

En el año 1117 se convirtió en tutor de Eloísa, una bella joven de talento excepcional, sobrina de Fulberto, canónigo de París. Había nacido en 1101 y ella tenía entonces 17 años. Aquella mujer prefería mantenerse alejada de la frivolidad y así poder dedicarse enteramente al estudio. Abelardo encontró en ella a su alma gemela. Abelardo y Eloísa se enamoraron y mantuvieron una relación en secreto. Cuando Eloísa quedó embarazada, Abelardo decidió raptarla por temor a las represalias del tío de la joven. La condujo a Bretaña, donde ambos se casaron y tuvieron a un niño llamado Astrolabio. 



Pero cuando la pareja regresó a París, Fulberto lo esperaba para ejecutar su venganza: mutilo al amante de su sobrina. Eloísa, por su parte, tomaría los hábitos en la abadía de Saint-Argenteuil y Abelardo ingresaría en el convento de Saint-Denis. 

Su primera obra publicada es un tratado sobre la Trinidad (1121), que fue condenada y quemada por un concilio católico de Soissons en ese mismo año. Abelardo fue un hombre que se gano muchos conflictos debido a su razonamiento teológico  Más adelante, abandonaría el claustro para dedicarse nuevamente a la enseñanza y al debate filosófico, aumentando su fama y con ello, la cantidad de seguidores y adversarios. Abelardo, debido a sus ideas, fue rechazado por los monjes de Saint-Denis, por lo que se retiró a la diócesis de Troyes donde se comprometió con una vida austera y rigurosa. Allí fundó la escuela del Paracleto. Durante el Concilio de Sens, en 1140, Bernando de Claraval, que considera poco respetuosos los métodos dialécticos de Abelardo, logro que este fuera condenado por sus escritos.

Abelardo y Eloísa siempre se mantuvieron contactados mediante cartas de amor. Este es un fragmento de una de las cartas de Eloísa: "...el tiempo, que todo consume, no ha podido destruir el odio de estos contra ti, y tu virtud se ve aún perseguida, prometo publicar nuestras desgracias en diferentes idiomas para avergonzar al siglo injusto que no te ha conocido: nada omitiré...". Hay una frase en una de las cartas de Abelardo, que dice: "Hice voto de olvidarte, y sólo he olvidado el voto". 


Sepulcro de Abelardo y Eloísa

Abelardo murió en la abadía de Saint-Marcel, en Chalon-sur-Saône, el 21 de abril de 1142. Su amada reclamó su cuerpo. Eloísa murió en 1163. Fue en 1808 cuando los restos de ambos amantes pudieron descansar juntos. Y en el año 1817 sus restos fueron trasladados al cementerio de Père-Lachaise de París. Abelardo y Eloísa, ambos conocidos por su erudición, nunca dejaron de lado el amor que sentían.


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