viernes, 28 de junio de 2013

Inés de Castro


Nacida en Galicia, en 1325. Hija ilegítima de Pedro Fernández de Castro y Aldonza Lorenzo de Valladares. Al ser biznieta de Sancho IV de Castilla, resultaba prima segunda de Pedro I. Quedo huérfana de madre siendo muy niña. A los quince años abandono su tierra para dirigirse a Portugal, destinada a ser dama de compañía de Constanza Manuel, esposa del infante Pedro. 

El rey era Alfonso IV el Bravo, padre de don Pedro. Se cuenta que al llegar ambas a la corte, el infante se enamoró perdidamente de una de las jóvenes gallegas. No precisamente de la que iba a ser su esposa, doña Constanza, sino de su prima y dama, Inés de Castro. 

Romance

El infante Pedro
En su llegada a la corte, Ines encendió una viva pasión en el corazón del infante Pedro. Aquella relación generó tensión en la corte portuguesa, pero no serían los celos de Constanza los que provocarían la muerte de Inès, sino en el nacimiento del futuro heredero al trono, Fernando, ya que la sucesión peligraría. 

Pero existía otro factor que empeoro la situación de Ines. Su familia contaba con muchos enemigos, especialmente tres caballeros: Alonso Gonçalvez, Pedro Coelho y Diego López Pacheco. Inés y Pedro vivieron juntos como una pareja, procreando cuatro hijos.

  • Alfonso (1346), muerto al poco de nacer.
  • Beatriz (1347 - 1381), se casó con el infante Sancho de Castilla.
  • Juan (1349 - 1387), duque de Valencia de Campos.
  • Dionisio (1354 - 1397).
Pedro nació en abril de 1320 en Coimbra, la entonces capital del reino. Conoció a Inés en la víspera de su boda con Constanza. Doña Inés fue descrita como una joven muy hermosa y elegante; esbelta, cabellos dorados y ojos claros. No se conoce con exactitud cuando nació la pasión entre ambos jóvenes, pero debió ser con relativa presteza. Lo confirmaría una anécdota ocurrida en 1343.   

Constanza urdió un plan para separar a los enamorados. Designó a Inés como madrina del bebé que esperaba, el infante Luis, confiando en que el parentesco espiritual acabaría con la relación. Si esto surgió efecto, no seria por mucho tiempo, pues el pequeño infante fallecería poco después.  

 Inés de Castro



El rey Alfonso IV, padre del infante Pedro, no podía permitir semejante escándalo, así que desterró a Ines. Pero ella permaneció en la frontera con Portugal, en el castillo de Alburquerque.

Constanza murió el 13 de noviembre de 1345 al dar a luz al futuro rey Fernando I. Después de la muerte de Constanza, Pedro busco una forma de rescatar a Ines del exilio y se la llevo a vivir al norte de Portugal, donde criaron a sus cuatro hijos. 




Nueve años después de la muerte de Constanza, se casó éste con la que había sido su amante durante tanto tiempo, santificando su unión ante el obispo de Guarda y de algunos servidores. Si la unión fue bendecida, ningún documento pudo comprobarlo.


Asesinato
Un día, aprovechando que el príncipe Pedro había salido de caza, el rey y los principales instigadores de este atentado (Alonso Gonçálvez, Pedro Coelho y Diego López Pacheco) se dirigieron secretamente al Monasterio de Santa Clara. Cuando Inés supo de la llegada de su suegro y sus intenciones, se rodeó de sus hijos y salió a esperar al monarca, a quien supo conmover con lágrimas y súplicas. El rey estaba dispuesto a marcharse, pero sus consejeros le suplicaron que les enviase a matar a Inés. Presionado, el rey accedió, y doña Ines fue asesinada a apuñaladas frente a sus hijos. 


Pedro, al enterarse de la muerte de su amada, entró en cólera y emprendió una lucha contra su padre. Sin embargo, Pedro alcanzó a reconciliarse con su padre dos años antes de que este muriera, en 1357. Al morir Alfonso IV, Pedro subió al trono y su primer acto como rey fue mandar buscar a los asesinos de Inés de Castro, que se refugiaban en Castilla.


Venganza y leyenda


Pedro ascendió entonces al trono de Portugal. Lo primero que hizo fue buscar y capturar a los asesinos de Inés; uno de ellos consiguió escapar. Los otros dos fueron capturados. 
Pedro Coelho y Antonio Gonçalves expiaron de un modo terrible su crimen: al primero le fue arrancado el corazón por el pecho, y al segundo por la espalda. 

La leyenda consiste en que Pedro I ordenó exhumar el cadáver podrido de Inés, se inclinó sobre el ataúd y le beso los labios descarnados; años después, este hecho sería retomado por Charles Perrault para escribir la historia de la Bella Durmiente del Bosque. Pero la realidad no tenía nada de hermoso: en un acto enfermizo, dio instrucciones de que vistieran el cadáver putrefacto con la ropa de gala que se utilizaba en la coronación real; esto incluía las costosas joyas de la corona. 
Pedro la sentó en el trono de la reina, ubicado junto al suyo, y organizó una ceremonia donde la hizo coronar ante todos sus súbditos, que no daban crédito a lo que veían. 




Debido a que el hedor era insoportable, rodeó el cuerpo de Inés con numerosas vasijas llenas de incienso y perfumes exóticos. Por pudor, el rostro de la reina fue cubierto con un velo negro, pero esta tela no alcanzaba a ocultar las cuencas vacías, ni el rostro deforme y podrido del cadáver. Después obligó a los cortesanos a que le rindieran pleitesía a la muerta; todos tenían que darle los honores debidos a una reina, entre ellos besar su mano.



Amor eterno



Tras morir, Pedro de Portugal fue enterrado con los honores de un rey. Suntuosos fueron también los nuevos funerales que se hicieron a Inés; su cuerpo fue depositado en una tumba de mármol blanco, con una efigie coronada que Pedro había hecho preparar de antemano, cerca de la cual hizo erigir su propia sepultura. El rey dispuso antes de morir que los catafalcos se tocaran los pies: quería que el día de la resurrección, al levantarse, su primera imagen a contemplar fuera la de Inés. Ambas sepulturas pueden admirarse en el monasterio de Alcobaca. Se consideran lo más bellos ejemplares del arte funerario portugués. La descendencia de Inés no ascendió directamente al trono, pero contrajo alianzas con todas las familias reinantes en Europa, en especial su hija Beatriz. 


Tumba del rey Pedro I


Fuentes:
historiageneral.com

5 comentarios:

  1. Esta historia de Inés de Castro o cuello de Garza es tan triste y tan macabra....lo que hizo el rey con su cadaver fue imperdonable....reinar después de morir, pero hasta donde llega a veces la capacidad humana de amar y la obsesión...yo creo que esta mujer la pobre no tuvo dignidad en vida ni en muerte, fue demasiado lo que hicieron con ella...por Dios que vida!

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  2. Pedro debió haber enloquecido como para hacer algo semejante. Sin embargo, es obvio que estaba loco por ella.

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  3. Amar sin medida es lo que tiene, quería decirte has oido hablar de la histora de Raquel la judía de Toledo? Es extroardinaria, has de buscarla por internet, seguro que te llama la atención. En tu blog quedaría estupenda, sería una gran adicción. http://sobreleyendas.com/2010/05/07/la-leyenda-de-raquel-la-judia-de-toledo/

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  4. eso lla fue un acto enfermizo besar los labios de un cuerpo putrefacto pobre mujer creo que no descanzo en paz parece que Pedro I de Portugal fue el rey mas loco de todos

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  5. Sin duda, fue un amor obsesivo, pobres de sus hijos que tuvieron que ver el cadaver. La leì hace poco y es cierto, es parecida a la de Ines de Castro. La pobre mujer sufrió un triste destino.

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