viernes, 3 de mayo de 2013

María Tudor (Parte II)

Compromisos matrimoniales
Cuando María tenía dos años, un "tratado de paz universal" fue firmado y sellado con el compromiso entre la princesa inglesa y el delfín de Francia. Durante la larga ceremonia, la princesa fue sostenida en brazos por su enfermera, y se le presentó un anillo de diamantes que fue colocado en su pequeño dedo. El contrato matrimonial francés duró solamente cuatro años, después de que las relaciones diplomáticas con Francia cambiaron, y María fue prometida a su primo de veintidós años, el emperador Carlos V. María, con tan sólo seis años, se presentó ante el embajador imperial, danzando elegantemente y tocando el virginal. Gattinara, el canciller imperial, solicitaba que María fuese entregada a los siete años con una dote de 1.000.000 de ducados (330.000 libras). Wolsey respondió que María se quedaría en Inglaterra hasta cumplir los doce años y llevaría una dote de 90.000 libras. El compromiso se firma el 24 de noviembre de 1521 en Brujas entre Margarita de Austria y Juan de Berghes, como apoderados de Carlos V, y Wolsey en nombre de Enrique VIII. Hasta que María no cumpliera doce años Carlos no contraería matrimonio ni Enrique prometería a su hija con otro. A esa edad se casarían "per verba de praesenti", habiendo Carlos gestionado antes en Roma las oportunidas licencias por su estrecho parentesco. María sería enviada a Brujas o a Bilbao. Su dote alcanzaría las 80.000 libras si todavía fuera la heredera de la corona y 120.000 si ya no lo fuera. El nuevo tratado de Windsor, que ratificaba el anterior de Brujas, se concluyó el 19 de junio de 1522 y concedía a María los señoríos otorgados a Margarita de York en su boda con Carlos el Temerario. Este acuerdo con el emperador motivó a Enrique a consultar a sus juristas, entre ellos Stephen Gardiner, si los hombres por ley o por cortesía tenían derecho a los títulos de sus esposas. Se llegó a la conclusión de que el esposo de María no podría ser rey por derecho, aunque ella podía otorgarle el título y tratamiento de rey si lo quisiera.


Carlos V

Se cruzaría en el acuerdo una brillante competidora para la princesa María, su prima Isabel de Portugal, cuya dote era incomparablemente mayor. El emperador, tras su coronación en Aquisgrán, enviaría personas de su confianza para conocer cómo era aquella novia con la que se había comprometido. Los emisarios pudieron apreciar la alegría de María y comprobaron el sentir del pueblo inglés en las salidas públicas de la princesa. Todo convergía hacia ella; jamás pareció existir una niña más feliz, más amada y admirada. Admirada por todos, como posible reina de Inglaterra y futura emperatriz, había sido acostumbrada por su madre a dirigirse con sencillez hacia los más necesitados. Con entusiasmo apadrinaba a niños encumbrados y desvalidos; más de cien ahijados se le contaban ya, a quienes solía prodigar cuantos regalos le permitían las ordenanzas de su Casa.

Carlos V se sentía acosado por la petición de los españoles para que consolidara la monarquía con su bella prima Isabel de Portugal. Giovanni Battista Sangi comentaba en Roma: "No parece que la hija del rey de Inglaterra lleve este reino en dote ni para Carlos ni para el Delfín". De vez en cuando, Carlos solicitaba que su futura esposa fuera llevada a España para completar allí su educación. En respuesta recibió un cumplido hacia la persona de su tía Catalina:
"María es el único tesoro de su padre y del reino, no podía separarse tan pronto de ella; además, si el Emperador quisiera buscar por toda la Cristiandad la mejor maestra para educarla en los usos de España, no encontraría a otra más apropiada que la Reina, su madre, de sangre real española y tan afecta al Emperador para formarla y educarla a su entera satisfacción".

El 22 de julio de 1525 Carlos firma sus capitulaciones matrimoniales con Isabel de Portugal, para satisfacción de España y despecho de los ingleses. La unión entre Carlos y María nunca tuvo lugar, pero el vínculo entre ellos duró hasta la muerte, con María confiando en el consejo y apoyo del católico emperador, ya que el poderoso emperador estaba íntimamente asociado a los recuerdos de sus años felices.

Princesa de Gales
En el verano de 1525, María es enviada al castillo de Ludlow para presidir su propia corte en Gales. Enrique procedió a nombrar a Henry Fitzroy, su hijo ilegítimo, duque de Richmond y de Somerset, así como conde de Nottingham. Eran los títulos tradicionalmente reservados para el heredero al trono. Las protestas de la reina, afirmando que su hija era la heredera legítima, tocaban en lo más vivo el problema dinástico que ya empezaba a preocupar a Enrique VIII. El castillo de Ludlow sería la residencia de María durante un año y medio, hasta sus once años. María, en la sala del trono, tenía que dispensar justicia y ceremonia, atendida por más de veinte ujieres. Un complicado ceremonial presidía sus comidas oficiales, donde se llegaban a ofrecer hasta treinta y cinco platos.



Henry Fitzroy

Durante las visitas de María a la corte de sus padres debió percibir algo extraño en el ambiente, por más que Catalina intentará ocultar su sufrimiento y humillación. El 18 de agosto de 1527 se firmaba un contrato matrimonial de la princesa con el duque de Orleans, celebrado en Greenwich. Mientras María volvía a Ludlow, dos semanas después de aquella recepción por motivo de su compromiso con el hijo de Francisco de Francia, un tribunal presidido por Wolsey cuestionaba la validez del matrimonio de Catalina con Enrique VIII. En verano de 1527, Enrique informó a la reina de sus intenciones de divorcio, iniciando un proceso que se prolongaría por casi seis años, convirtiéndose en un período miserable para María. 

Adolescencia




Los años adolescentes de María fueron muy tristes. Se veía obligada a presenciar el rechazo dispensado a su madre, por un padre fascinado por una mujer a quien llamaban "la gran puta". La princesa que alguna vez había sido tan querida en la cote, ahora raramente aparecía en presencia del rey; en cambio, pasaba largas horas con su afligida madre, observando la desesperada lucha de la reina por mantener su dignidad. Entre los once y diecisiete años, María se enfrentaba a uno de los hechos más duros de su vida. Contemplaba un futuro incierto como hija bastarda de Enrique si éste conseguía anular su matrimonio.

En julio de 1533, la princesa María, de diecisiete años, recibió un terrible mensaje. Se le informó que el matrimonio de sus padres había sido declarado inválido y que el rey había desposado a Ana Bolena. También se le dijo que ya no podría comunicarse con su madre, ya sea verbalmente o por escrito. Según los relatos contemporáneos, María permaneció compuesta al recibir esta noticia, incluso escribió una carta para felicitar al rey por su matrimonio (lo cual es poco probable en vista de su postura respecto a la nueva reina). Interiormente, la princesa debió sentir que su mundo se había desmoronado.

Unos meses después de la boda de su padre, María se mantuvo en su residencia en Beaulieu, pero esta independencia no iba a durar. La reina Ana estaba determinada a humillar a su hijastra. Incluso se le escuchó jactarse de envenenar a María con "demasiada cena" o "casarla con algún criado". En septiembre de 1533, la reina Ana dio a luz a una niña, Isabel Tudor. Con el nacimiento de su medio hermana, María fue despojada de su título de princesa y se le ordenó trasladarse a Hatfield House, donde serviría como dama de honor de la princesa Isabel.

Hatfield House


Unos días antes de la Navidad de 1533, María fue trasladada a Hatfield. Ahora sería conocida como lady María y sería privada de la compañía de muchas de sus damas, incluida la mujer a quien veía como una madre sustituta, Margaret Pole. La llegada de María a Hatfield fue descrita más tarde por el embajador Chapuys, quien escribió al emperador que a la joven se le había asignado la peor habitación de la casa, donde ella se recluyó para llorar a solas.

Una batalla de voluntades se desarrolló cuando María adoptó una postura de determinada dignidad, mientras que los miembros de la comitiva de la princesa Isabel emprendieron una deliberada campaña para humillarla. En cada ocasión, María se negaba a responder al título de lady María así como dirigirse a su medio hermana como princesa. La joven fue castigada, primero con la confiscación de sus joyas y prendas. Su anterior institutriz, lady Shelton, quien ahora lo era de Isabel, además de ser tía de Ana Bolena, llegó a abofetear a María cuando se proclamaba princesa. Cuando llegaban visitantes con el fin de ver a lady María, la institutriz se aseguraba de que ella permaneciera encerrada en su habitación y con las ventanas cerradas. Cualquiera que fuera amable con lady María era despedido. Más angustiosas eran las visitas de su padre a la princesa Isabel, precedidas por la orden de que su hija mayor permaneciera en su habitación, lejos de su vista. Dos semanas después de su décimo noveno cumpleaños, María cayó seriamente enferma. Había comenzado a sufrir una serie de trastornos, dolores de estómago, dolor de cabeza y depresión, que la perseguirían por el resto de su vida, pero este ataque era especialmente aterrador. Mientras yacía en la cama, aquejada por dolor y fiebre, circulaban rumores que había sido envenenada. 

Catalina de Aragon

María todavía estaba débil y deprimida cuando recibió una noticia devastadora. El 12 de enero de 1536, lady Shelton le informó que su madre había muerto. Catalina había enfermado desde finales de 1535, muriendo el 7 de enero. Lady María debió sentir que se avecinaba un futuro oscuro, siendo que su fortuna estaba por cambiar, pues la muerte de su madre había acelerado la caída de la mujer que la había reemplazado en el trono. Cuatro meses después de la muerte de Catalina de Aragón, la reina Ana fue ejecutada por adulterio y el rey tomó como esposa a Jane Seymour.

A pesar de la muerte de Ana Bolena, Maria no estaba del todo segura. El rey había mandado al duque de Norfolk y algunos miembros del consejo privado para exigir a María que firmara unos artículos donde renunciaba a la supremacía del papa y la declaración de que el matrimonio de sus padres era inválido. Ella se negó a firmarlos viéndolo como una traición hacia su madre. Después de ser amenazada con ser enviada a la Torre de Londres, María firmó aquellos documentos el 15 de junio de 1536. A su regreso a la corte, tenía veinte años y hace cinco años que no veía a su padre. 

María recupera el favor real


Supuesto retrato de María Tudor

El trato que la tercera esposa de Enrique le dispensaba a su hijastra María era especialmente sensible. Mucho antes de su matrimonio, se consideraba que Jane Seymour estaba "bien dispuesta" hacia la muchacha orgullosa y triste siete años menor que ella; dadas las dificultades de sus respectivas posiciones, puede haber crecido cierta amistad entre ambas. María era sumamente dependiente de la amistad femenina, despojada del contacto con su madre durante muchos años antes de la muerte de esta última. En corrección, sentido del deber y piedad, las dos jóvenes, Jane, la reina, y María, la ex princesa, eran bastante parecidas. 
Las cuentas reales dan testimonio de un continuo intercambio de regalos entre la reina Jane y "su más humilde y obediente hija y servidora". 

María era de estatura muy baja, como su madre, y, como la difunta reina Catalina, tenía esa extraña voz ronca que contrastaba con su pequeña estatura; pero no era rechoncha como había sido la reina Catalina en su juventud: se la consideraba "delgada y delicada". Pero María no era fea, sino "más que moderadamente bonita" según una descripción.


Jane Seymour, tercera esposa de Enrique

Tanto Isabel como María eran ilegítimas. Pero las posiciones relativas de ambas jóvenes en ese punto eran muy diferentes. Con la rehabilitación de María, la cuestión de su matrimonio volvía a tener importancia. Dadas las grandes conexiones de María, se hablaba de que se la reconocería como presunta heredera de su padre hasta que llegara un hijo. Pero Isabel, sin lazos dignos de mención, por el momento sólo compartía la desgracia de su madre, ya que su posibilidad de casarse no podía considerarse una cuestión urgente. 



Jane fue muy amable con María. Le permitía sentarse a su lado en la mesa y que caminara a su lado, y no detrás de ella. Jane fue la única esposa que pudo darle un hijo varón a Enrique. El príncipe Eduardo nació el 12 de octubre de 1537. María tuvo el honor de actuar como madrina del príncipe  Desgraciadamente, 12 días después del nacimiento, Jane muere por fiebre puerperal. 


Ana de Cleves

En 1540, Enrique se caso con Ana de Cleves para lograr una alianza con un principado alemán. Enrique envió al pintor Holbein para que pintara a Ana y a su hermana Amelia. Enrique escogió a Ana, pero cuando la vio por primera vez, quedo totalmente decepcionado del aspecto de su futura esposa. María fue una de las mujeres que recibió a Ana en su llegada a Inglaterra, y de inmediato se hicieron amigas. Ana de Cleves asistió a la coronación de María en 1553. 


Catalina Howard

Enrique se había enamorado de una de las damas de Ana de Cleves, la joven Catalina Howard. Ella era prima de Ana Bolena y sobrina del duque de Norfolk. María no se llevaba bien con Catalina. La nueva reina era unos cinco años más joven que su hijastra. María tuvo dificultades para darle a Catalina la reverencia que había tenido con las dos anteriores reinas. Debido a esto, Catalina despidió a dos de las doncellas de María. En Año Nuevo, María envió a Catalina envió un regalo, a lo que la reina correspondió con obsequios. No hubo oportunidad de una reconciliación pues Catalina fue ejecutada en 1542 por adulterio. 



En 1543, Enrique se casa con su sexta esposa, Catalina Parr. Ella era educada y devota. Thomas Seymour (hermano de Jane Seymour) se sintió atraído por ella y le propuso matrimonio. Pero fue en ese entonces cuando Enrique se intereso en Catalina. La nueva reina miraba a su hijastra mayor más como una hermana, ya que era solo cuatro años mayor que María. Catalina se preocupaba por la salud de María y le enviaba medicamentos. Incluso le otorgaba dinero de su bolsillo. Catalina se intereso en unir a la familia del rey. La relación de Catalina con María se enfrió tras la muerte del rey Enrique y el apresurado matrimonio de la reina viuda con el hermano del lord protector, Thomas Seymour. 







Bibliografia
Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

Pérez Martín, María Jesús, "María Tudor. La gran reina desconocida", Ediciones RIALP, Madrid, 2008.



Bingham, Jane, "The Tudors", Metro Books, New York, 2012. 

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