viernes, 3 de mayo de 2013

El romance de Isabel Tudor con Thomas Seymour


Isabel Tudor

Tras la muerte de Enrique VIII, lady Isabel estuvo bajo el ala de la reina viuda. Uno de aquellos que ya apreciaban su atractivo era el esposo de su madrastra, Thomas Seymour. Bullicioso por naturaleza, consciente del efecto de sus encantos sobre las mujeres, pudo haberle parecido natural a Seymour dedicarse a los juegos sexuales con la joven protegida de su esposa. 


En Pentecostés de 1548 (mediados de mayo), cuando estalló la crisis, la reina Catalina estaba embarazada de casi seis meses; dada su condición, a Seymour pudo haberle parecido natural buscar diversión en otra parte. Pero si ésos eran los instintos naturales de Seymour, su razón debió haberlo contenido, la razón de un hombre con mucha experiencia en la corte, familiarizado con los dorados pasillos del poder Tudor. Para un soltero era bastante peligroso acercarse de esa manera a la segunda heredera en orden de sucesión al trono; para un casado no sólo era peligroso sino también un escándalo. 


Thomas Seymour

Pero Seymour tomó la costumbre de entrar en el dormitorio de la muchacha antes de que ella estuviera vestida por completo. Le daba unos golpecitos "en la espalda o en las nalgas familiarmente", le robaba besos e incluso se guardaba la llave de la habitación para que ella no pudiera escapar. Luego él mismo se presentaba con las piernas desnudas y vestido sólo con un corto camisón (bata). La servidora de Isabel, Katherine Ashley, contaba que el lord almirante descorría las cortinas de la cama de Isabel para saludarla de mañana mientras la muchacha se retraía (en actitud de modestia, de éxtasis, o una combinación de ambas, Isabel nunca lo reveló). En una ocasión, en Hanworth, participó Catalina con la "alegría y el buen pasatiempo" por los que había sido conocida durante su matrimonio con el rey Enrique: sostuvo a la muchacha mientras Seymour cortaba su traje negro en cien pedazos.  

Thomas Seymour y Elizabeth Tudor, escena de The Young Bess
Fue Catalina la que finalmente decidió que ya era suficiente y despidió a la muchacha. Isabel se marchó a Cheshunt, donde fue puesta al cuidado de sir Anthony Denny. Katherine Ashley dio como razón la angustia de la reina al encontrar a Isabel en brazos de Seymour, pero después retiró la historia. Dado que Catalina e Isabel siguieron luego en términos afectuosos, probablemente la reina obró tanto en interés de la reputación de su hijastra como por celos. 

Catalina Parr

La mujer más joven obviamente había recibido un sermón sobre el tema del decoro y, al considerarlo, había decidido que su madrastra tenía razón: "Me sentí muy abrumada por la pena al separarme de Vuestra Alteza, especialmente al dejaros con dudosa salud...Lo sopesé más profundamente cuando dijisteis que me advertiríais de todos los males de que os enterarais de mi, porque si Vuestra Alteza no tuviera una buena opinión de mí no me habríais ofrecido amistad de esa manera". 
La verdadera medida de la continuada devoción de Isabel al recuerdo de su madrastra se ve en su manejo de la fama de la reina Catalina durante su propio reinado. Se permitió que la reina Catalina fuera representada como una de las "reinas virtuosas" de la historia, con la reina Ester, santa Margarita de Escocia y la propia reina Isabel. La reina Isabel I no era conocida por favorecer al sexo femenino. Ninguna otra consorte de Enrique VIII fue honrada de esa manera.


Bibliografia                                                                                                      Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

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