miércoles, 27 de marzo de 2013

Los embarazos de Catalina de Aragón

Posible retrato de Catalina de Aragón con un niño


El rey necesitaba herederos, por lo cual tenía sobradas razones para hacer asiduamente el amor con su esposa. En el caso de Enrique VIII, dado su afecto por Catalina y el hecho de que ella no fuera ni vieja ni fea ni carente de encantos, era un deber de Estado pero también agradable.



Cuando Tomás Moro elogió a la reina en su coronación por el esplendor de sus antepasados, agregó: "Y será la madre de reyes tan grandes como sus antecesores". A primera vista, esa profecía parecían contar con grandes probabilidades de convertirse en realidad. Era un buen augurio que Catalina de Aragón procediera de un linaje notablemente fértil: su madre había tenido cinco hijos supervivientes que habían llegado a la edad adulta; su hermana, la reina Juana, a pesar de su locura, tenía una familia de seis hijos, y su hermana menor María de Portugal daría a luz nada menos que nueve hijos. Proceder de una familia donde abundaban los alumbramientos era siempre un punto en favor de una mujer, ya que se pensaba que ella, y no el hombre, era quien determinaba esos asuntos. 



1. El primer embarazo malogrado

La reina Catalina concibió su primer hijo con adecuada prontitud después de la boda, en junio de 1509. Cuatro meses y medio más tarde el rey pudo escribirle a su padre político en España diciéndole no sólo que la reina estaba embarazada sino que "el niño en su vientre estaba vivo". La primera señal de vida del feto, aproximadamente a los cuatro meses, era siempre un momento importante; hasta ese momento las partes nunca se sentían absolutamente seguras de que estuvieran enfrentando un embarazo y no otro estado.

Fernando de Aragón


Ese bebé, una hija, nació muerta a los siete meses, el 31 de enero de 1510. Por algún tiempo, Catalina no se lo comunicó a Fernando en España y, cuando lo hizo, le pidió que no se enfadara con ella, pues "ha sido la voluntad de Dios". 



2. Enrique, príncipe de Gales

En todo caso, para el momento en que Catalina le dio la noticia, el 27 de mayo, ya hacía siete semanas que estaba embarazada de nuevo, aunque, según la costumbre de la época, era demasiado pronto para mencionar el hecho. Para fines de septiembre se pedían metros de terciopelo púrpura para "la sala de niños del rey". 

El 2 de enero de 1511 nació un hijo, al que llamaron Enrique por el padre, el abuelo y una larga linea que se extendía hacia atrás hasta los Enriques reales medievales. El príncipe bebé fue bautizado el 5 de enero (la archiduquesa Margarita era la madrina). Apenas unas cuantas semanas más tarde, las cuentas reales, que habían consignado numerosos pagos por terciopelo escarlata y carmesí para el torneo, pagaban a los comerciantes tela negra para el sepelio del príncipe Enrique, que solo había vivido cincuenta y dos días. 


3. Un aborto en 1513

La reina volvió a concebir en la primavera de 1513, poco antes de que el rey viajara a Francia, aunque abortó en octubre. Como no hubo preparativos para el parto, parece que fue aborto y no el nacimiento de un bebé muerto. 


4. Otro príncipe Enrique en 1514

A comienzos de febrero de 1514, como ella le contó a su padre, dio a luz a un hijo al final del embarazo: "Un príncipe que no siguió viviendo luego". Sin embargo, es importante no juzgar este relato de infortunio ginecológico según las pautas modernas, y mucho menos con el prejuicio que supone conocer el final de la historia. Se ha estimado que, en las familias aristocráticas de Inglaterra, sólo dos de cada cinco nacidos vivían. Hasta ese momento, en seis años, la reina había concebido al menos cuatro veces: aún no había cumplido los treinta. Y unos cuantos meses después del nacimiento del bebé en mayo de 1515, la reina volvió a quedar embarazada. 


5. Un parto exitoso: la princesa María

El 18 de febrero de 1516, a las cuatro de la mañana, la reina Catalina dio a luz una hija que fue llamada María. El parto había sido largo y duro. Aparte de los sufrimientos de la madre, el bebé era sano, robusto incluso. 




Como en todo alumbramiento de toda dama real de esa época, se había esperado con confianza "un príncipe". La llegada de una princesa significó que las celebraciones fueron adecuadamente reducidas. La reina Catalina nunca tuvo ocasión de decirle a su padre que Dios le había enviado al fin una hija saludable, aunque mujer. En realidad, la noticia de la muerte del rey Fernando le fue ocultada a la reina para que de la pena no se pusiera prematuramente de parto. 



6. El último embarazo 

En 1518 pareció que remediaría su única deficiencia: el aporte de un heredero varón. En algún momento de la primavera, tal vez a fines de febrero, volvió a quedar encinta.
El anuncio público de ese acontecimiento próximo "tan encarecidamente deseado por todo el reino", según las palabras de Giustinian, tuvo lugar a comienzos de julio. El príncipe esperado tan confiadamente resultó ser una princesa que nació muerta.



Bibliografia                                                                                         Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

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