sábado, 2 de marzo de 2013

Los embarazos de Ana Bolena


La consumación 
Se ha sugerido que fue en Calais, en el otoño de 1532, que el rey Enrique, después de casi seis años, finalmente transformó a su ennoblecida novia (al otorgarle el marquesado de Pembroke) en su amante, en el sentido pleno de la palabra. Otra teoría es que lady Ana Bolena recibió el título de marqués a comienzos de septiembre como recompensa por ceder, pero la concesión del título tuvo que ver sin duda con la expedición francesa, donde el rey deseaba que Ana tuviera un rango adecuado, así que eso parece poco plausible. 

La verdad nunca se sabrá con certeza. Lo único cierto es que Enrique VIII hizo el amor con Ana en algún momento antes de fines de 1532. Pero el sentido común nos lleva a suponer que la celebrada "conjunción última" no contribuyo en realidad una gran novedad sexual ni para el rey ni para la dama. Como se ha sugerido, las cosas probablemente fueron avanzando en esa dirección durante algunos años, con Ana como el único foco del anhelo del rey, puesto que los satisfacía.
Pero durante ese período, Ana había tenido buen cuidado en no quedar embarazada, ya que ni ella ni el rey tenían deseo de presentar un hijo cuya condición fuera extramatrimonial, no mejor que la del joven duque de Richmond. Aunque, significativamente, el nuevo título de ella no se limitaba a sus herederos nacidos legalmente dentro del matrimonio. Ahora al fin, en una atmósfera favorable, podía aflojarse la vigilancia en ese sentido. Ésa era la verdadera diferencia: el rey y la reina putativa podían disponerse ahora a concebir ese hijo varón y heredero. 

Isabel Tudor -1533



Hacia fines de la primera semana de diciembre de 1532, Ana Bolena quedó embarazada (esto si fueron nueve los meses de gestación del bebe nacido el siguiente 7 de septiembre). A comienzos de enero ella debió haberlo sospechado y esperado. A medida que fue transcurriendo el mes, la cuestión del matrimonio del rey cobró nueva urgencia. Como los matrimonios reales por entonces eran asuntos privados, no había nada de extraordinario en una rápida ceremonia secreta.


El matrimonio secreto del rey Enrique con Ana

Había un motivo para mantener el embarazo en secreto, aparte de que no había llegado todavía al cuarto mes, momento en que se consideraban superados los peligros de un aborto temprano o del cálculo optimista erróneo. Lo cierto era que el rey, aunque se había vuelto a casar, aún no se había divorciado. 

A comienzos de abril —cuando Ana estaba embarazada exactamente desde hacía cuatro meses— la noticia se hizo pública, aunque se tuvo el tacto de no revelar la fecha del casamiento. 

El hijo de ambos sería sin duda varón. Todo el mundo lo sabía. Los astrólogos lo predecían, así como los médicos del rey. El 3 de septiembre, esos dos cuerpos de profesionales científicos unieron fuerzas para asegurarle al rey que la reina "sin duda" le daría un heredero varón. Los nombres propuestos fueron Enrique o Eduardo.


Ana Bolena con su bebe, escena de "Anne of the Thousand Days"

Fue una criatura bella y sana, nacida hacia las tres de la tarde del 7 de septiembre de 1533. Pero fue una niña, una princesa: Isabel por la madre del rey, no Enrique por él mismo, ni Eduardo por su abuelo y la larga hilera de soberanos varones que lo habían precedido. 


Ana Bolena y su hija, escena de The Tudors

Demuestra lo desconcertante e inesperado que fue este acontecimiento el documento oficial con el que la reina Ana tuvo que dar la noticia al mundo. Era lo establecido que las reinas lo anunciaran. Las misivas se habían escrito con anticipación donde se anunciaba el nacimiento de un príncipe, pero fueron alteradas, al tener que agregar una "s" a la palabra "prince". Esa notable aliteración atestigua la sorpresa y el disgusto que causó el nacimiento de la futura reina Isabel. 

Un aborto en 1534
Para el Año Nuevo de 1534, la reina Ana le hizo al rey un regalo magnífico: una fuente dorada diseñada por Hans Holbein con su halcón heráldico. Pero el obsequio que Enrique VIII esperaba de su esposa era ese "nuevo hijo varón de la sangre del rey" que, citando otra vez las celebraciones de la coronación, produciría "un mundo dorado" para su pueblo. Como la responsabilidad de proporcionar un hijo por supuesto se consideraba que era de ella, debe haber sido una extraordinaria sensación de alivio que a comienzos de año la reina Ana descubrió que estaba embarazada. El 28 de enero de 1534, el rey Enrique le dijo en tono triunfal a Chapuys que pronto volvería a ser padre. 


La reina Ana le comunica al rey que esta embarazada de nuevo, escena de The Tudors

Entre el 8 de marzo y el 8 de abril se hicieron trabajos en las salas reales de los niños, en el palacio de Eltham, "para la llegada del príncipe". Se fabrico un armazón de hierro que se pondría sobre la cuna, se prestó atención a la colocación de los cristales en "las cámaras del príncipe" y la ebanistería se pintó de ocre amarillo. Si suponemos que la reina Ana estaba embarazada desde hacía aproximadamente cuatro meses en el momento en que se encargó el trabajo entonces ella había concebido en noviembre, es decir, unos dos meses después del nacimiento de Isabel. ésa era una fecha perfectamente posible, ya que como otras damas reales o aristocráticas, la reina Ana no amamantaba a su bebé.
Es significativo que el nuevo bebé fuera concebido en un momento en que la pasión del rey por Ana se había renovado manifiestamente. Una dama de la corte próxima a la reina oyó que el rey decía "varias veces" que antes que abandonar a su nueva esposa "mendigaría de puerta en puerta". Ana había vuelto a cautivarlo. En consecuencia, un informador en la corte le escribió a lady Lisle en Calais, el 27 de abril de 1534, contándole que "la reina tiene un buen vientre", y que él imploraba: "Que nuestro Señor nos envíe un heredero". La reina, Dios mediante, alumbraría a ese príncipe a mediados de verano. 
El embarazo de su esposa significaba que el rey tenía una base emocional satisfactoria para todo: sin duda se estaba cumpliendo el plan que Dios tenía previsto para Inglaterra y él mismo. Según le dijo a Chapuys a fines de febrero, la princesa Isabel no sería su heredera mucho tiempo, ya que esperaba que la reina alumbrara a un hijo varón "muy pronto". El rey Enrique era perfectamente capaz de ignorar el hecho de que, en marzo de 1534, mientras se preparaban una vez más las salas de los niños para el hijo de Ana Bolena, el Papa finalmente llegara a una decisión respecto de la reina Catalina. Al fin declaró que su matrimonio con el rey Enrique había sido siempre válido. 


Enrique VIII y Eleonor Luke, personaje ficticio de la serie inspirado en la dama que se gano el favor del rey en 1534.

Hubo "una joven muy hermosa" en otoño de 1534, según Chapuys. Había demostrado apego por "la princesa", que era como Chapuys se refería a María y no a Isabel, momento en que la inconstante corte empezó a tratar con más respeto a María. Luego estuvo Madge Shelton, cuyo goce de los favores reales parece haber durado unos seis meses; porque más tarde, en 1535, el rey tuvo otra de sus aventuras, esta vez con Jane Seymour. En el otoño de 1534, Ana le hizo una escena al rey "por la joven muy hermosa", quejándose de que ella no la trataba con suficiente respeto "en sus palabras y en sus acciones". El rey se marchó furioso. Pero con la ayuda de su cuñada Jane, vizcondesa de Rochford, fue fácil para la reina despedir a su rival de la corte. Madge Shelton, la siguiente en tener el favor del rey, no parece haber representado una amenaza; dada la estrecha relación de los Shelton con los Bolena, se ha sugerido incluso que la reina Ana fue quien proveyó a su bella prima para deleite del rey (aunque no hay ninguna prueba de ello).

Cuando la reina Ana alejó de la corte a "la joven muy hermosa", el rey estalló, diciéndole "que tenía buenos motivos para estar contenta con lo que había hecho por ella, que no lo haría ahora si la cosa debiera comenzar y que ella debía considerar de lo que había venido y otras cosas".


Ana Bolena aborta a su segundo bebé, escena de The Tudors

En ese contexto, entonces, el fracaso del embarazo de 1534 fue un duro golpe. El fin más probable debió de ser un hijo muerto, tal vez prematuro en un mes, pues la reina no se había retirado a su cámara. Pero no se anuncio: tales desgracias nunca eran el tema de los comunicados oficiales. La reina Ana tenía "un abultado vientre" a fines de abril de 1534 y un "vientre tan bueno" como hubiera visto nunca sir William Kingston el 24 de junio. Ella estaba suficientemente embarazada en verano para que el rey empleara eso como excusa para posponer otro encuentro con el rey Francisco "dado el estado de ella". Si concibió en noviembre, como eso sugiere, el bebé debía nacer en agosto. Luego sigue el silencio. No fue hasta fines de septiembre que Chapuys —desconectado de la corte durante el desplazamiento de verano que él no realizó— informó de que la reina ya no estaba embarazada. 


Ana Bolena tras haber perdido a su bebé

Si bien se ha planteado la teoría de que ése fue un falso embarazo causado por la desesperada ansiedad de la reina, es una complicación innecesaria. La única prueba a su favor (aparte de la poco sorprendente carencia de información oficial) es un comentario del que Chapuys se hizo eco, de segunda o tercera mano probablemente. El flirteo del rey Enrique en el otoño de 1534, que enfureció a la reina Ana, se decía que se debió a las dudas del monarca en cuanto a que su esposa hubiera estado realmente enciente


¿Un aborto en 1535?

La única evidencia de un aborto involuntario en 1535 surge de una frase en una carta escrita por William Kingston a Lord Lisle el 24 de junio de 1535 en la que hace referencia al vientre de la reina. Sin embargo se cree que pudo haber un error en la fecha de la carta, y que en realidad fue escrita en 1533 o en 1534, ya que se hace referencia a sir Christopher Garneys, el cual murió en octubre de 1534.



El fatídico aborto de 1536
A lo largo de otoño de 1535 el estado de la reina se fue deteriorando. Para Navidad se informó que estaba muy grave. Pero en la corte, las tradicionales celebraciones de Año Nuevo fueron alegres, en particular para la reina Ana. No era tanto la enfermedad mortal de su predecesora lo que la llevaba al deleite sino el hecho de estar una vez más incuestionablemente embarazada: se acercaba a los tres meses a fin de año. En las primeras semanas de octubre de 1535, poco antes de la visita del rey a los Seymour de Wolf Hall, la reina Ana había concebido un hijo. A pesar de los amours de su esposo, de su creciente entusiasmo por la recatada Jane Seymour, Ana podía considerarse de nuevo "la más feliz"


Jane Seymour

A fines de enero —el 29 es una fecha probable— la reina Ana abortó. Era "un bebé varón", de algo más de tres meses. En ese momento, según el relato contemporáneo, la reina Ana estaba histérica por la decepción, y sin duda por la aprensión. El rey acababa de tener una caída en una justa que lo había dejado inconsciente dos horas. La reina estalló diciendo que esa desagradable conmoción había causado el aborto, tan grande era su amor por él. El alegato y las excusas cayeron en oídos igualmente sordos. Se supone que el rey comentó "de muy mal humor" que, cuando la reina se hubiera levantado de su lecho de enfermedad, "iré a hablar con vos". Pero una parte más ominosa de la misma historia tenía que ver con la exclamación del rey: "Veo que Dios no desea darme hijos varones". 



La biografía favorable de Ana Bolena de George Wyatt, que si bien escrita muchos años más tarde conserva las tradiciones de sus damas de compañía, transmite la misma impresión de una escena inquietante. Ahí el rey va a Ana "gimiendo y lamentando" la pérdida de su hijo, sólo para que Ana se derrumbe y se refiera a la "falta de bondad" de él. Las últimas palabras del rey fueron inequívocadamente amenazadoras: "Él no tendría más hijos con ella". 



Si el rey Enrique realmente encaró el aborto de su esposa con tal falta de simpatía no podemos saberlo con seguridad; pero que invocara la voluntad de Dios resulta más que plausible, dada la conocida tendencia del rey a interpretar sus propios infortunios a la luz de la divina desaprobación. Según otro relato contemporáneo de los Exeter, el rey le dijo a una persona de su círculo íntimo en la cámara privada que Dios le estaba negando un hijo varón. Lo más siniestro de todo esto fue la explicación que daba de ello: había sido embrujado por Ana Bolena, "seducido y obligado a ese segundo matrimonio mediante sortilegios y hechizos". Eso, después de todo, era negar definitivamente su responsabilidad personal en todo cuanto había hecho para abandonar a su primera esposa, ahora desaparecida para siempre.


Jane Seymour en los Tudors

Chapuys se enteró de que fue la noticia de los obsequios que el rey había dado recientemente a la "señorita Seymour" lo que causó el aborto de Ana. Según una historia de una fecha posterior, la reina Ana encontró a la señorita Seymour sentada sobre el regazo de su esposo; "reprochando" eso al rey, la reina Ana culpó de su aborto a ese desagradable descubrimiento. Se decía que había habido "muchos arañazos y golpes entre la reina y su doncella". 


Bibliografia                                                                                                      Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

3 comentarios:

  1. La verdad que yo creo que la presión a la que se vio sometida Ana Bolena influyó mucho en el fracaso de sus embararazos después del nacimiento de su hija Elizabeth.
    A los celos y a la desconfianza que tenía de Henry con Jane Seymour y otras mujeres, se le unía sus obligaciones como reina y el hecho de quedarse embarazada y alumbrar un varón. Yo creo, que aunque suene a cómputos demasiados modernos, Ana estaba demasiado estresada, por eso era o incapaz de concebir o incapazar de llevar un embarazo sano que no le condujera a un aborto malogrado. Yo no creo que tuviera seis dedos, ni que estuviera embarazada de su hermano, ni en toda la leyenda negra que pululò a su alrededor siglos por parte de sus detractores.
    Simplemente nos encontramos ante una mujer joven y ambiciosa a la que la situación se le fue de las manos y cuya neurosis histérica acabó con su caída en desgracia ante los ojos de toda la Corte, y del propio Enrique, quien era tan veleidoso en el amor como una flor a la que mueve el viento. Sus enemigos esperaron y esperaron para ver la caída de Ana, lo que no esperaban es que su hija resultase una gran reina.

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  2. También la presión que el rey presionaba a ana influye en los abortos de ana sin embargo después de dar a luz a Elizabeth Tudor fue una mujer que vivió y murió virgen fue la Reina Isabel I una de las monarcas británicos de la historia y también la mas misteriosa nadie sabe porque se mantenio virgen el parto fue complicado para ana bolena y Elizabeth Tudor pudieron morir tras el parto nació prematuramente por eso fue complicado y eso que el rey Enrique viii quería un hijo varón pero ana no se lo pudo dar tal vez sufrió una ruptura de matriz por eso no le pudo dar hijos aparte aborto varias veces eso afecta pero la única que sobrevivió fue Elizabeth de tu vientre distes luz a una de las reinas más importantes tras de Victoria I y su hermana Maria I y Juana I bye

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  3. Es cierto, porque es natural que durante el embarazo de Elizabeth se sintiera muy segura en su posición. Los demás embarazos ya debieron ser más estresantes. De hecho, Ana siempre muy propensa a las crisis nerviosas.

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