sábado, 2 de marzo de 2013

La monja de Kent



La monja de Kent murió ahorcada en Tyburn, junto con un sacerdote, dos monjes y dos frailes, el 20 de abril de 1534. (Se decía que se había retractado de sus visiones subversivas después del examen "porque sabía que hora aún no había llegado"). Se ha sostenido que su confesión había sido extraída por la fuerza, y por lo tanto sin valor, pero la evidencia de su impostura parece concluyente. 

La monja no fue una víctima de las Leyes de Supremacía y Sucesión: se la condenó por haber profetizado la muerte del rey en el lapso de un mes si se casaba con Ana Bolena (una de las muchas profecías de la época que no se materializaron). Sin embargo, cuando sir Tomás Moro y el obispo Fisher fueron arrestados por no jurar, se intentó relacionarlos con el caso de ella. 


Tomás Moro

El obispo Fisher

La reina Catalina, con su habitual sensatez, se había negado rotundamente a recibirla cuando estaba en condiciones de hacerlo, así que no pudo ser implicada en su caída (para frustración de Cranmer y Cromwell). 

Nacida, probablemente en 1506, su nombre era Elizabeth Barton. Conocida como "la monja de Kent" o "la santa doncella de Kent", cuyas profecías la llevaron a su ejecución durante el reinado de Enrique VIII. Ella ha sido la fuente de una histórica controversia que se resuelve en la pregunta: ¿Estaba dotada con conocimientos sobrenaturales o era una impostora?

En 1525, cuando tenía diecinueve años de edad, trabajaba en aquel entonces como empleada doméstica. Elizabeth Barton comenzó a tener visiones divinas alrededor la Pascua de 1525. 

El asunto de la monja de Kent, Elizabeth Barton, que culminó en su arresto en julio de 1533, fue calculado para incrementar la paranoia del rey Enrique. Esa joven se había hecho más famosa tanto por sus ataques, que la dejaban "tan inmóvil como un cadáver", como por sus profecías: "Mientras yacía inconsciente pronunciaba palabras misteriosas". Al principio, las visiones místicas de la monja era recibidas con respeto, e incluso fue presentada al cardenal Wolsey. Pero se volvió una violenta opositora del divorcio real, alentada por su confesor, un monje de Canterbury. Cuando se acercaba la nueva boda del rey, sus profecías empezaron a tomar un giro claramente subversivo. 
En 15322, por ejemplo, ella tuvo una visión de Cristo nuevamente crucificado por el adulterio del rey, y de Ana Bolena como Jezabel a la que se comerían los perros. Empezaron a difundirse peligrosos rumores de que la monja, en su estado profético, había contemplado a lord Montagu sucediendo al rey Enrique en el trono. 


Enrique VIII y Ana Bolena


Barton articuló el miedo a las políticas del rey Enrique, que era compartido por muchos de sus súbditos. La infracción prevista en Roma hizo que los ciudadanos de Inglaterra se sintieran inseguros acerca de la estabilidad futura del reino, y abundaban los pronósticos sobre el estado del país. 



Fuentes: 
Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

http://www.newadvent.org/cathen/02319b.htm
http://www.luminarium.org/

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