lunes, 28 de enero de 2013

Catherine Howard, la rosa sin espinas (parte 2 y última)


Los hijos del rey

Con María, la mayor y la más difícil, tuvo un comienzo incómodo. María, que era por lo menos cuatro años mayor que su nueva madrastra, había fallado (según Chapuys) "para tratarla con el mismo respeto que sus dos predecesoras". Catalina, en venganza, recorto su establecimiento de criadas. Sin embargo, una escarmentado María, informo Chapuys, había "encontrado el medio para conciliarse con ella y piensa que sus doncellas se mantendrán"Aunque la grave María y Catalina, amante de los placeres, eran muy diferentes en carácter, trataban de convertirse en verdaderas amigas.

Chapuys informo el 17 de mayo que el rey y la reina habían visitado al príncipe en Waltham Holy Cross en Essex, a petición de María. Chapuys continuo informado que el rey le había concedido permiso a María para residir en la corte, lo cual fue tolerado por la reina de buen grado. 


Naturalmente, la narrativa del embajador omite a Elizabeth. Pero Catalina se aseguró de que ella también tuviera algún tipo de participación en la reunión familiar. 



Peligro
Pero la naturaleza buena e indiscriminada de Catalina tuvo otras consecuencias menos deseables. Catalina podía ser indiferente a la más amplia agenda política de los Howard. Pero ella sentía una fuerte lealtad a quienes la habían criado. Ella estaba también deseosa de hacer lo que pudiera por sus antiguos compañeros en la casa de la duquesa. Katherine Tilney, que había compartido el mismo dormitorio con Catalina en Horsham, se convirtió en dama de la reina.



Sin embargo, las señales de advertencia sobre el apresurado matrimonio real ya habían comenzado. La relación de Catalina con Dereham nunca había sido mantenida en secreto, aunque tal vez Enrique no se diera cuenta. Sus cortesanos murmuraban acerca del pasado de la reina. Y ella incluso, en agosto de 1541, le dio un puesto en su casa a Francis Dereham como secretario, que acababa de regresar algún tiempo antes de Irlanda y ahora se encontraba en Londres. Ahora, el peligro acechaba a Catalina, una joven inexperta e ignorante de las intrigas de la corte...



Romance con Culpeper y caída

Escena de la detención de Catalina Howard, pelicula "Enrique VIII y sus seis esposas"

En la primavera de 1541, el rey cayó bajo una grave fiebre. Se cree que fue en esta época cuando Catalina comenzó su romance con Culpeper, un apuesto joven al servicio del rey, y como prueba, sólo tenemos que leer su única carta única sobreviviente, escrita a Culpeper en abril de 1541. 


Master Culpeper,
Os ruego- le decía- que me enviéis a decir cómo os encontráis.
Me dijeron que estabais enfermo, y jamás he deseado cosa alguna tanto como veros.
Mi corazón muere sólo de pensar que no puede permanecer para siempre en vuestra compañía.
Venid cuando esté aquí Lady Rochford, pues así me será más fácil estar a vuestras órdenes.
Os agradezco que hayáis prometido ayudar a ese pobre, mi criado, ya que, si él se marchare, no me atrevería a enviaros recado con ningún otro.
Os ruego le deis un caballo, pues yo no he podido conseguir uno para él; por lo tanto, mandadme uno para él; y con esto me despido, esperando veros de aquí a poco.
Ojalá estuviera yo ahora con vos, para que vierais el trabajo que me cuesta escribiros.
Vuestra mientras dure la vida,
Catalina

Olvidaba deciros una cosa, y es que habléis a mi criado y le mandéis que se quede aquí, pues dice que hará lo que vos le ordenéis.

Carta de Catalina a Culpeper

Cuando el rey se recuperó, llevo a Catalina consigo en un progreso real a través del norte de Inglaterra y de nuevo el embajador francés informó de los rumores de su embarazo. Se sugirió incluso que, si su condición era confirmada, Catalina sería coronada en la catedral de York.  

No conocemos la verdadera naturaleza de los sentimientos de Culpeper. Uno de los pocos datos que conocemos sobre el no es muy agradable. Había violado brutalmente a una mujer mientras tres de sus siervos la sujetaban durante el ataque, aparte de asesinar a un campesino que intentó ayudarla.  
Pero había varios en la corte que sabían de la relación, y ya no quisieron callar. Cuando el progreso del norte terminó el 1 de noviembre, la pareja real se estableció en Hampton Court, donde las indiscreciones del pasado y del presente de Catalina se encontraron con ella. 

Indiscreciones 
El Día de Todos los Santos fue uno de los días en el cual el rey tomó la comunión públicamente en la Capilla Real. Allí, en Hampton Court, Enrique ofreció sus oraciones de agradecimiento por su recién descubierta felicidad marital con Catalina. También ordenó al obispo Longland de Lincoln, su confesor, "hacer la oración y dar gracias con él".


El día siguiente, sin embargo, la capilla fue testigo de una escena muy diferente. Enrique asistió a la misa del Día de los Difuntos. Pero en su asiento se encontró una carta. La abrió y la leyó. La carta afirmaba, que durante el tiempo de Catalina en casa de la duquesa, Francis Dereham se había metido en la cama con ella en su jubón y calzas. Y que Henry Manox también conocía una marca privada en el cuerpo de Catalina. El conocimiento de las relaciones de Catalina con Manox y Dereham eran un secreto a voces en la Casa de la duquesa. Pero las acusaciones de esta carta fue mucho más lejos que cualquier otra cosa.


La fuente de esta información era Mary Hall, de soltera Lascelles, quien había sido una mujer que sirvió a la duquesa al mismo tiempo que Catalina. Ella había hablado con su hermano, John Lascelles, y Lascellles, a su vez, había hablado con Cranmer. Lascelles afirmó que la información había surgido inocentemente. Pero el hecho de que él fue quemado como hereje después sugiere fuertemente que él tenía un motivo para la denuncia de la reina Howard. 

Por orden del rey, los soldados de su guardia acudieron a arrestarla. Se cuenta que al verlos, Catalina advirtió su infortunio, logro eludirlos y salio corriendo por los corredores del palacio, en busca de su esposo para rogarle por su vida. Pero los guardias la alcanzaron antes de que llegara a donde estaba su marido. También se dice que cuando la encerraron en la torre del palacio de Hampton Court, ella intento escapar disfrazada de mucama, pero que su distinguida forma de caminar la delato ante los soldados.  

Condena
Cranmer tuvo la desagradable tarea de interrogar a la aterrorizada chica. Estaba histérica, convencida de que iba a ser ejecutada al igual que su prima, incluso el arzobispo sentía lástima por su condición. Quizás, sugirió una opción para Enrique VIII que había propuesto por primera vez a Ana Bolena - que Catalina admitiera sus pecados y su matrimonio sería anulado. El precontrato con Dereham fue la excusa perfecta. Catalina sólo necesitaba admitir la existencia de dicho precontrato y su vida estaría a salvo. Era la "más amable misericordia" del rey, y su única oportunidad posible para sobrevivir. Pero Catalina, asustada y sin ningún consejo, no se dio cuenta de que el precontrato le salvaría la vida. En cambio, ella estaba convencida de que sería utilizado para condenarla. 

Mientras tanto, el 5 de noviembre, el mismo Manox estaba siendo interrogado en Lambeth por Wriothesley. Al ser interrogado fríamente por el Secretario, el profesor de música se contrajo a una historia más compleja y creíble. Catalina, como hemos visto, le había negado el coito completo. Manox lo aceptó, pero pidió una muestra de su afecto. "Sin embargo", le dijo a ella, "déjame sentir tu secreto (lo nombra claramente) y luego voy a pensar que en realidad me amas". "Estoy contenta", dijo Catalina: "de manera que usted no desea más que eso."


Pero Dereham, a quien Wriothesley había interrogado más tarde, no podía ofrecer dicha defensa. "Él ha tenido conocimiento carnal con la Reina", admitió, "acostado en la cama con ella en su jubón y calzas diversas veces y seis o siete en la cama desnudo con ella". Otras damas del Hogar de la duquesa, que fueron interrogadas posteriormente, agregaron al testimonio de Dereham detalles lascivos.
Dos galanes, Dereham y Edward Waldegrave, un caballero que atendía a la duquesa, hallaron el modo de visitar secretamente de noche a Catalina y a otra muchacha, Joan Bulmer. Dereham y Waldegrave se acostaban en las camas de las muchachas durante las horas de la noche hasta el amanecer; en cuanto a lo que sucedía entonces, hay relatos de cómo Catalina y Dereham solían "besarse y unirse por el vientre como si fueran dos gorriones" y ciertos "bufidos y resoplidos" que se oían en la oscuridad y que denotaban sexo para quienes los oían. Se intercambiaban prendas de amor: regalos de raso y terciopelo de Dereham, una banda para el brazo de él de Catalina, y un nudo frailero bordado. 

El 22 de diciembre, fue el turno de la duquesa, Lord William, la condesa de Bridgewater y las mujeres del hogar de la Duquesa. Fueron juzgados por "encubrimiento de traición a la patria", por ocultar y encubrir los delitos de Catalina y fueron condenados a prisión a voluntad del Rey y el decomiso de bienes.

Thomas Howard, tercer duque de Norfolk

El rumor era que Norfolk compartiría el mismo destino que sus parientes. Pero el 12 de diciembre, escribió una carta muy sentida a Enrique. Él se distancio de sus malogrados familiares. Y denunció "los actos más abominables realizados por dos de mis sobrinas", la reina Ana y la reina Catalina. La carta resultó excusa suficiente. Norfolk fue restaurado rápidamente en el favor real e incluso los condenados miembros de su familia fueron indultados. 

Enrique era implacable sólo contra Catalina y lady Rochford. Esta última había participado preparando encuentro entre la reina y Culpeper. Ellas fueron condenadas por una ley de proscripción. El proyecto de ley fue presentado el 21 de enero 1542 y fueron completadas todas las etapas parlamentarias tres semanas después. Las cláusulas principales de la ley son flagrantemente retrospectivas. Si alguna mujer de vida ligera se atreve a casarse con el rey, sin una declaración de su impúdica vida al rey, sería traición. Y el fracaso por parte de los testigos a revelar esos delitos fue encubrimiento de traición. Finalmente, Catalina y lady Rochford fueron declaradas culpables de alta traición. Durante todo este tiempo, Catalina había sido confinada en Syon House.

El 10 de diciembre de 1451, Dereham había pagado una pena terrible por sus "crímenes", fue colgado, arrastrado, y descuartizado (destripado y castrado mientras todavía estaba consciente) como un traidor. Culpeper también fue ejecutado ese mismo día, a pesar de que sufrió una decapitación más misericordiosa, la cual fue ordenada por el rey, tal vez debido a su más alto rango y servicio personal en su corte. También puede deberse a un vestigio de afecto por él. Como le escribió Marillac al rey Francisco, Thomas Culpeper se había criado en la cámara del rey inglés desde la infancia "y corrientemente compartía su cama" ("al parecer, también había querido compartir la cama de la reina" agregaba el francés con ironía).

Ejecución 
El Viernes, 10 de febrero de 1542, el duque de Suffolk llegó para conducir a Catalina a la Torre de Londres. El frenesí histérico regresó, ella luchó y tuvo que ser forzada a subirse a la barcaza. Iba vestida con terciopelo negro y fue alojada en los apartamentos de la Reina, aunque ya no era reina. 

Catalina Howard en el patíbulo, pelicula "Enrique VIII y sus seis esposas"

Chapuys cuenta que Catalina no sólo estaba preparada para su muerte, que incluso pasó por una especie de ensayo general para asegurarse de que las cosas fueran bien. Más tarde en la noche del domingo, informó el embajador, "ella pidió ver el bloque, fingiendo que quería saber cómo iba a colocar su cabeza sobre ella".  Iba a ser su último acto en un gran escenario, y quería morir con toda la dignidad y compostura posible.

Alrededor de las siete del lunes 13 de febrero, varios concejales llegaron como escolta. Su tío Norfolk no estaba entre ellos. Catalina estaba débil y asustada y tuvo que ser ayudada a subir los escalones hasta el patíbulo. Pero una vez allí, hizo un discurso pequeño y tranquilo con respecto a su "digno y justo castigo", rezaba por la preservación del rey y el perdón de Dios. La ejecución real fue más rápida. El cuerpo de Catalina fue enterrado en la capilla cerca de San Pedro ad Vincula. 


El reinado de Catalina fue corto, y probablemente intrascendente. Sin embargo, Catalina solo era una niña ignorante de las intrigas que habitaban en la corte. Fue enterrada cerca de su desdichada prima, Ana Bolena, ambas habían tenido el mismo trágico destino. Sin duda, Catalina no merecía ser un títere de las ambiciones de su familia, ni ligarse con un monarca que desechaba y decapitaba a sus mujeres, ni sufrir una muerte como la que tuvo. 

Bibliografia 
Starkey, David: Six Wives, Harper, New York, 2004. 

Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

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