domingo, 18 de noviembre de 2012

La reina Victoria del Reino Unido


La reina Victoria del Reino Unido tuvo uno de los reinados más duraderos de todos los que existieron en Europa. Victoria reino durante casi 64 años, en los cuales el Imperio Británico logró una gran expansión y grandeza. 

Infancia 
Alejandrina Victoria nació el 24 de mayo de 1819 en el palacio de Kensington, Londres, única hija, del príncipe Eduardo, duque de Kent y Strathearn y cuarto hijo varón del rey Jorge III y de Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld .  


Victoria con su madre, la duquesa de Kent


La niña, cuyo nombre completo era Alejandrina Victoria, perdió a su padre cuando sólo contaba un año de edad y fue educada bajo la atenta mirada de su madre, revelando muy pronto un carácter afectuoso y sensible, a la par que despabilado y poco proclive a dejarse dominar por cualquiera. El vacío paternal fue ampliamente suplido por el enérgico temperamento de la madre, cuya vigilancia sobre la pequeña era tan tiránica que, al alborear la adolescencia, Victoria todavía no había podido dar un paso en el palacio ni en los contados actos públicos sin la compañía de ayas e institutrices o de su misma progenitora. 

Muerto su abuelo Jorge III el mismo año que su padre, no tardó en ser evidente que Victoria estaba destinada a ocupar el trono de su país, pues ninguno de los restantes hijos varones del rey tenía descendencia. 


Victoria a la edad de cuatro años.

La pequeña princesa hablaba únicamente alemán, idioma materno de su madre e institutriz. Cuando se hizo evidente que algún día podría ocupar el trono, se ven en la imperiosa necesidad de enseñarle el Inglés. Su educador fue el Reverendo Jorge Davys. 

La princesa Victoria tenía talento para el canto, el dibujo y la pintura. Fue llevada a menudo a la ópera y al teatro. Sin embargo, la joven princesa rara vez se mezclaba con otros niños, y en años posteriores se podría pensar de su infancia como una época más bien triste.

Destinada al trono ingles




El 20 de junio de 1837 fallece Guillermo IV. Ese mismo día el arzobispo de Canterbury entró en el dormitorio de la princesa Victoria y, arrodillándose ante ella, le comunicó con extrema emoción que, a partir de aquel día, ella era la Reina del Reino Unido. La joven Victoria tenía tan sólo 18 años. Permaneció callada un buen raro, dirigió una mirada serena al arzobispo, y le dijo con firmeza; 
“seré una buena reina”.

Ese día, la muchacha escribió en su diario: 
"Ya que la Providencia ha querido colocarme en este puesto, haré todo lo posible para cumplir mi obligación con mi país. Soy muy joven y quizás en muchas cosas me falte experiencia, aunque no en todas; pero estoy segura de que no hay demasiadas personas con la buena voluntad y el firme deseo de hacer las cosas bien que yo tengo". 

La solemne ceremonia de su coronación tuvo lugar en la abadía de Westminster el 28 de junio de 1838.

Los celosos cuidados de la madre habían procurado sustraerla por completo a las influencias perniciosas de sus tíos y del ambiente disoluto de la corte, regulando su instrucción según austeras pautas, imbuidas de un severo anglicanismo. Sus hombres de Estado tuvieron que gastar largas horas en enseñarle a deslindar el ámbito regio en las prácticas constitucionales, y procuraron recortar la influencia de personajes dudosos de la corte, como el barón de Stockmar, médico, o la baronesa de Lehzen, una antigua institutriz. 

La personalidad de la reina

Observando y analizando los manuscritos de la Reina, es curiosa la evolución desde su caligrafía impulsiva, pasional y creativa de sus primeros años, hacia una escritura mucho más prudente y controlada en su etapa de madurez. 

 La consistencia de un temperamento autoritario y firme, compensado con una inquietud apasionada y una sobresaliente sensibilidad para abarcar todo ese mundo de personajes, ideas, cambios, que danzaba a su alrededor, pintan el retrato de la que no podía ser menos que una Soberana. Victoria era una mujer extremadamente inteligente, muy creativa, idealista, y que sabía apostar por sus ideas para lanzarlas en proyecto y sacar de ellas el máximo fruto.

Su carácter impositor e imponente, reafirmado por esa confianza y conciencia absoluta que ella misma tenía puesta en cómo era y en quien era. 


La nueva reina difícilmente podría ser descrita como bastante bonita, ella era baja, rechoncha y llana, con la barbilla huidiza de Jorge III y las características típicas de los Hannover. 

Victoria y el príncipe Alberto, un amor para la eternidad


El príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, alemán y primo de Victoria, era uno de los escasos hombres jóvenes que la adolescente soberana había tratado en su vida y sin duda el primero con el que se le permitió conversar a solas. Victoria y Alberto se casaron el 10 de febrero de 1840 en la Capilla Real del palacio de St. James (Londres). A partir de entonces, Alberto fue conocido como el Principe consorte, aunque solo obtuvo formalmente el titulo hasta 1857. 

Desde el principio formaron un matrimonio ejemplar basado en la confianza y el respeco, un amor verdadero del que nacieron nueve hijos: 

  • Victoria (en 1858 se casó con Federico III, emperador de Alemania y rey de Prusia)
  •  Eduardo (sucesor de su madre, se convirtió en el rey Eduardo VII)
  •  Alicia (casada en 1862 con Luis IV, Gran Duque de Hesse y del Rin)
  •  Alberto (en 1874 contrajo matrimonio con María Alexandrovna, hermana del Zar Alejandro III)
  •  Helena (casada en 1866 con el príncipe Christian de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg)
  •  Luisa (en 1871 se casa con John Campbell, IX duque de Argyll)
  •  Arturo (casado en 1879 con Luisa Margarita de Prusia)
  •  Leopoldo (Elena de Waldeck-Pyrmont se convirtió en su esposa en 1882)
  •  Beatriz (en 1886 se casó con el príncipe Enrique de Battenberg y fue la madre de la futura reina Victoria Eugenia de España). 

Es por estas uniones conyugales de sus hijos con otros monarcas de Europa lo que le otorgó a Victoria el popular título de “la Abuela de Europa”. 



Victoria había conseguido formar una familia envidiable, sin embargo, la dicha de la reina se vio empañada por dos fallecimientos que marcaron sus últimos años. Su madre murió el 16 de marzo de 1861 y a los pocos meses, el 14 de diciembre, Victoria perdió a la persona con la que había compartido no sólo el gran peso de la corona sino también un amor eterno, el príncipe Alberto. Desde su fallecimiento, la soberana mantuvo un estado casi permanente de luto y vistió de riguroso negro para el resto de su vida. Además, Victoria se apartó de la vida pública y muchos la apodaban como la “Viuda de Windsor”. 

El esplendor de un imperio


Mientras en la palestra política dos nuevos protagonistas, el liberal Gladstone y el conservador Disraeli, daban comienzo a un nuevo acto en la historia del parlamentarismo inglés, la reina alcanzaba desde su privilegiada posición una notoria celebridad internacional.

Logró también que una aristocracia proverbialmente licenciosa se fuera impregnando de los valores morales de la burguesía, a medida que ésta llevaba a su apogeo la revolución industrial y cercenaba las competencias del último reducto nobiliario, la Cámara de los Lores. 

En 1877 es coronada emperatriz de la India, después de dominar allí la gran rebelión nacional y religiosa de los cipayos. La hábil política de Disraeli puso asimismo el broche a la formidable expansión colonial (el imperio inglés llegó a comprender hasta el 24 % de todas las tierras emergidas y 450 millones de habitantes, regido por los 37 millones de la metrópoli) con la adquisición y control del canal de Suez. Londres pasó a ser así, durante mucho tiempo, el primer centro financiero y de intercambio mundial. Un sinfín de guerras coloniales llevó la presencia británica hasta los últimos confines de Asia, África y Oceanía.

Últimos años
Victoria, cuya ascendencia era casi exclusivamente alemana, fue la última monarca de la Casa de Hannover y su hijo y sucesor, Eduardo VII, el último de la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha que ascendió al trono. Su reinado, que recibió el nombre de la Era Victoriana, estuvo marcado por la gran expansión del Imperio Británico y por la Revolución industrial, un período de cambios que acabaron por consolidar al Reino Unido como la primera potencia de su época. Además, gobernó a su pueblo con los mismos principios que le habían inculcado siendo niña: religión, familia, trabajo y austeridad. Así, el puritanismo imperante en la época se hizo exacerbado durante su reinado, pero pese a todas las restricciones a la libertad que impuso, la popularidad de la Reina no decreció y se convirtió no sólo en la soberana más poderosa y querida de la historia británica e inglesa. 

Las relaciones de Victoria con su hijo y heredero, Eduardo, nunca fueron buenas. La reina no estaba de acuerdo con su estilo de vida, por ejemplo, sus numerosas amantes, o la afición por las carreras de caballos. Ella hablaba de su eventual ascenso al trono como "demasiado horrible" de contemplar. 


Su reinado fue testigo de una gran cantidad de cambios. Fue el primer monarca británico que viajo en tren o en ser fotografiada, generalmente vestida de viuda y más bien severa y triste. En 1897, Victoria celebró su Jubileo de Diamante (60° aniversario de su coronación). 



La reina Victoria vivió para presenciar el amanecer del siglo XX. Hacia el final del año 1900, se hizo evidente que la salud de la reina estaba disminuyendo. Ella tenía una tendencia inherente a ganar peso fácilmente, que al final de su vida su cintura medía 46 pulgadas. 

Su vida se extinguió lenta, cándida y calladamente el 22 de enero de 1901, La inmensa mayoría de sus súbditos no recordaba un día en que Victoria no hubiese sido su reina.


La era Victoriana
La reina Victoria ejerció gran influencia en todos los aspectos de la vida inglesa, por ejemplo; culturales, políticos, económicos, industriales y científicos. 
Cuando Victoria ascendió al trono, se encontró con un reino principalmente rural y agrario. A su muerte, el Reino Unido estaba altamente industrializado y conectado por una red de ferrocarril en expansión  La economía se traslado a las ciudades. 
Durante gran parte del siglo XIX, la libra esterlina británica fue la moneda corriente dentro de los mercados mundiales, la flota británica la autoridad máxima en ultramar, las humeantes fábricas y las incontables vías del ferrocarril fueron el ejemplo a seguir para todas las demás potencias que imitaron la Revolución Industrial británica.



Fuentes: 

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