domingo, 29 de abril de 2012

El cabello de las brujas


Una característica de las mujeres en la Edad Media era la larga cabellera. Las brujas, por lo tanto, no podian dejar de utilizar tan valioso elemento para su magia. Aunque existen registros desde antes de la Edad Media, de la utilización de pelo para hechicería. 
Una bruja que poseyera pelo perteneciente a la cabeza de alguna persona se suponía que tendría poder sobre su mente. Pero si en cambio, tenia el pelo púbico, tendría poder sobre su sexualidad y pasiones. 

Una antigua tradición consiste en quemar o enterrar el cabello que se le cortaba a las personas por miedo a que fuese utilizado para realizar un maleficio. Para la realización de este maleficio, se hacia una estuatilla humana con barro u otro material agregándole pelo y/o uñas de la persona, y luego someter la estuatilla a los mas oscuros tormentos, creyendo que lo mismo ocurriría con la victima. 

La perdida del cabello era concebida como la perdida de la vida, y en el caso de las brujas, sus poderes; por tal razón, cuando se acusaba a una mujer de practicar la brujería, se le rapaba. 

Articulo original:
Blog "Cuentos de Brujas"
Fuente de imagen:
condenados.mforos.com

Amor y sexualidad en la Edad Media


El papel de la Iglesia en el amor y sexualidad



La Iglesia, durante la Edad Media, recogió la antorcha del Imperio Romano y siendo cristiana, judía o musulmana, aglutinó tierras y gentes, convirtiéndose en un pilar fundamental para cualquier estado y sociedad.

Así, los clérigos pasaron a ser los consejeros espirituales y morales, siendo los únicos capaces de marcar la diferencia entre el Bien y el Mal. Tal era el nivel de implicación, que consiguieron además de explicar fenómenos meteorológicos, procesos evolutivos y enfermedades y curas, acceder hasta los espacios privados, las relaciones familiares y de pareja así como a las prácticas sexuales entre ellos.


Sexo y matrimonio
El objetivo por parte de las altas esferas eclesiásticas fue acabar con las tradiciones provenientes de los bárbaros, quienes, entre otras prácticas, tenían como aceptado: las relaciones adúlteras, homosexuales, grupales, masturbación y libertad de juego sexual. Este nuevo orden sexual tenía como finalidad la procreación. El derramamiento de semen, la imposibilidad de concebir, las tendencias homosexuales o el conocimiento carnal por placer son severamente catalogados. 

Por ello la respuesta de la Iglesia fue el asentar el matrimonio como institución que llevaría al buen orden social, alejando prácticas poco deseables. La Iglesia decreto que la practica sexual se daría con el único fin de procrear. En el matrimonio, el hombre se encargaba de mantener a la familia, mientras que su mujer cuidaba del hogar y de los hijos. 


Se articularon una serie de principios que corroboraban las teorías divinas relacionadas con las relaciones de pareja y las prácticas sexuales, entre las que se incluía el pecado que suponían éstas fuera del matrimonio o que la mujer no llegase doncella al matrimonio, organizando todo un culto entorno a la virginidad como virtud que cualquier mujer debía mantener. En cambio, estas exigencias se fueron aflojando para los varones. 

La iglesia dictaba, incluso, como se debía realizar el acto sexual. Cualquier cosa que no fuera la común posición del misionero, se consideraba antinatural y pecaminosa. El sexo anal o la mujer en posición superior no eran bien vistos. 

Homosexualidad
La postura de la Iglesia con respecto a la homosexualidad estaba bastante clara. La sodomía se definía como "un acto contra natura". Esta practica era castigada con la muerte: mutilación, quema en la hoguera, la horca o eran enjaulados para que murieran de hambre. A pesar de la oposición de la iglesia, hubo personajes como Ricardo Corazón de León, de quien se pensaba que era homosexual. 

Virilidad
Uno de los accesorios de moda más populares de la Edad Media fue la bragueta - una bolsa que se adjunta a la parte delantera de los pantalones de los hombres y acentúa de tal manera que se enfatizan o exageran los genitales. Estos estaban llenos de aserrín y se mantenían cerrados por lazos de cuerda, botones u otros métodos. La entrepierna era a menudo muy grande o le dio la idea de un pene erecto. La palabra bragueta, proviene del inglés medieval, que significa escroto. 


Otro símbolo de la virilidad en la moda era un estilo de zapato llamado poulaine. Estos eran unos zapatos largos y puntiagudos, que también pretendían sugerir el tamaño del pene del portador. 

Prostitución 
                                                                                  

La prostitución floreció en la Edad Media, fuera aprobada o no. En las grandes ciudades, las prostitutas podían ejercer su profesión en el anonimato. Sin embargo, los mismos miembros de la Iglesia permitieron la prostitución, admitiendo que era un mal necesario. Se creía que era una forma de prevenir la homosexualidad a una escala mayor. La mayoría de las aldeas contaban con un burdel. En algunos pueblos, las prostitutas eran identificadas con determinados elementos, por ejemplo, con un velo con una raya amarilla. 

 Anticoncepción                                                                                
La anticoncepción fue visto como un problema moral menor. Aún así, los teólogos no estaban de acuerdo con la anticoncepción. Además de la práctica del coito interrumpido, hay referencias al uso del condón por parte de los hombres. En aquel entonces, los condones consistían en intestinos de animales atados con una cuerda. Estos eran reutilizados. Era utilizado a menudo para prevenir enfermedades como la sífilis. Años más tarde el condón fue hecho con lino pero su uso como preservativo no fue sino hasta mediados de 1600. Las mujeres también utilizaban una variedad de brebajes que actuaban como un tipo de espermicida. Eran aplicados dentro de la vagina. 

La virginidad
Hay entre todas las características de esta época, una fijación con la virginidad de la mujer. Esta es la garantía de calidad para un esposo, una mujer nueva, o casi una niña, intocada, lo que asegura que la desfloración abra las puertas a una posible paternidad propia, y no ajena. La virginidad se eleva en la categoría de las virtudes, es una llave para las puertas del cielo, y debe ser preservada hasta su entrega al esposo legal.
En los matrimonios del medioevo, no era extraño que un testigo estuviese presente en la consumación del matrimonio. 



Fuentes:
Sexo en la Edad Media

lunes, 23 de abril de 2012

Atenea, diosa de la sabiduria



Algunas fuentes relatan que Zeus se empeñó en conquistar a la titánide Metis, a pesar de su actitud esquiva. De hecho, sus intentos para despistar al poderoso dios no hicieron otra cosa que acentuar sus deseos, que después de numerosas artimañas acabaron cumpliéndose.

Metis se quedó embarazada y el destino acabaría interviniendo en la gestación. Los oráculos anunciaron que daría a luz primero a una hembra y luego a un varón que destronaría a Zeus. El poderoso dios recordó que él mismo había cumplido esa profecía al luchar contra su padre Cronos. Sin pensárselo dos veces, se comió a la embarazada. Pero en la curiosa digestión, el feto de la futura Atenea siguió su proceso y, al cabo del tiempo reglamentario, Zeus sintió dolores de parto. Sin saber a qué se debían, se tiró al lago Tritón para aplacar en sus aguas el extraño síntoma. De nada le valió el chapuzón, ahora era la cabeza la que le molestaba más que nunca. Al verlo en tan penosa situación, se acercaron el resto de las divinidades del Olimpo y Hermes diagnosticó certeramente la causa de la jaqueca: un embarazo craneal. Algunos autores cuentan que fue el dios herrero Hefesto el que se apiadó del dolor de Zeus y le abrió el cráneo de un golpe certero. Por la violenta trepanación, en una espectacular arribada al mundo celestial, salió la triunfante Atenea, armada de pies a cabeza y bramando como un soldado embravecido ante las filas enemigas, en vez de llorar como cualquier recién nacido. Conocida como la diosa de la guerra, la justicia y la sabiduría. Preside las artes y la literatura. 

Funciones 

  • La religión ateniense, representa a Atenea como la ayudante y protectora de la agricultura, papel bajo el que se representa a la diosa como inventora del arado y el rastrillo.
  • Creó el olivo, enseñó a la gente a uncir los bueyes para arar, cuidó de la cría de caballos e instruyó a los hombres en su doma con bridas, otra invención suya.
  • Además de las invenciones relativas a la agricultura, también se le atribuían otras relacionadas con varios tipos de ciencia, industria y arte, y todos sus inventos no son del tipo que los hombres harían por azar o accidente, sino que requerían reflexión y meditación.
  • Pueden señalarse la invención de los números,34 del carro y de la navegación. En la historia ateniense enseña a Erictonio a atar sus caballos al carro, y en la corintia enseña a Belerofonte a dominar a Pegaso. Respecto a todos los tipos de artes útiles, se creía que había familiarizado a los hombres con los medios e instrumentos que eran necesarios para practicarlas, como con el arte de producir fuego. 
  • También se creía que había inventado casi todos los tipos de trabajo en los que se empleaba a las mujeres, como el hilado y el tejido, y ella misma era diestra en ellos. Incluso en Homero todos los productos del arte femenino, se califican de «obras de Atenea». Muchos paladios (estatuas de Palas) llevaban un huso y una rueca en la mano izquierda. 
  • Su genio cubre el campo de la música y el baile: fue la inventora de la flauta y la trompeta,35 así como de la danza de guerra pírrica, de la que se decía que fue su ejecutora más antigua, en la celebración de la victoria de los dioses sobre los Gigantes. 
  • Como todas las demás deidades que se suponía que dispensaban las bendiciones de la naturaleza, es la protectora del crecimiento de los niños, y como diosa del cielo claro y el aire puro, otorga salud y aleja la enfermedad. 
  • También mantenía la autoridad de la ley, la justicia y el orden, en las cortes y la asamblea del pueblo. Esta noción era tan antigua como los poemas homéricos, en los que se describe a Atenea ayudando a Odiseo contra la conducta sin leyes de los pretendientes.38 Se creía que había instituido la antigua corte del Areópago, y en casos en los que los votos de los jueces estaban empatados, daba el decisivo en favor del acusado.


Atributos
Se la representa con la armadura hoplítica, es decir, con la lanza, el casco y la égida (especie de coraza de piel de cabra). En la égide hay representada la cabeza de la gorgona Medusa, que le había dado Perseo. Su animal favorito es la lechuza; su planta, el olivo. Alta, de rasgos serenos, más majestuosa que bella, Atenea se la describe tradicionalmente como la "diosa de ojos garzos".

                      El juicio de parís. Atenea es la del centro. 

Palas Ateneas
Atenea permaneció virgen, pero se cuenta que tuvo un hijo. Había ido a visitar a Hefesto en su fragua para procurarse armas, y el dios, quien había sido abandonado por Afrodita, se prendó de Atenea en cuanto la vio y comenzó a perseguirla. Atenea huyó pero Hefesto, a pesar de ser cojo, logró alcanzarla y la cogió en brazos. En su deseo, Hefesto mojó de semen la pierna de la diosa, la cual, asqueada, se secó con lana y la tiro al suelo. De la tierra así fecundada nació Erictonio, a quien Atenea consideró hijo suyo, lo educó y quiso hacerle inmortal; lo encerró en un cofre, guardado por una serpiente, y lo confirió a las hijas del rey de Atenas.


Fuentes:
http://www.galeon.com/mitoinfo/aficiones511201.html
http://www.elolimpo.com/Atenea.per.html
http://es.wikipedia.org/


Afrodita, diosa del amor (parte II)



Pero, la diosa fue especialmente conocida por sus maldiciones e iras, pues cuando alguien caía en la desgracia de ofender a la diosa, se condenaba a tormentos terribles. Por ejemplo, castigó a la Aurora con un amor irrefrenable por Orión, ya que había cedido a las seducciones de Ares. También castigó a todas las mujeres de Lemnos, ya que éstas no la honraban, y las impregnó con un olor insoportable que provocó que sus hombres las abandonaran. De igual manera castigó a las hijas de Cíniras y las obligó a prostituirse con extranjeros.




La manzana de la discordia 




Según el mito, que en vísperas de la boda del héroe griego Peleo con la diosa del mar, Tetis, la única que no fue invitada fue la problemática diosa, mejor conocida como la Discordia. Esta, encolerizada por el desaire, idea una peculiar venganza. 
Eris coloco en el lugar donde se llevo a cabo el banquete de boda, una manzana de oro que decía: "Para la más bella de las diosas" Esto provoco una disputa entre las diosas.
Pero entre todas las diosas, hubo tres de ellas que eran las más aptas para poseer la manzana. 
Rea, la hermana y esposa de Zeus, reina de los dioses, protectora de los matrimonios. Atenea, hija de Zeus, poderosa guerrera y dotada de gran sabiduría.
Y por ultimo, Afrodita, diosa del amor y la belleza, nacida de la espuma del mar. 

                                        Atenea

                                             Rea

Ningún dios se atrevió a escoger entre las tres poderosas deidades. Por lo que decidieron dejar la decisión a un mortal.  
Las tres diosas, precedidas por el dios Hermes, que actuaría como mensajero, descendieron del Olimpo para entrevistarse con el hermoso príncipe Paris, hijo del rey Príamo de Troya y de su esposa Ecuba. Paris, en aquellos días, se encontraba cuidando un rebaño de ovejas en el Monte Ida, lugar desde el que, se dice, los dioses contemplaron más tarde las batallas de Troya.

Cada una de las diosas intento sobornarlo; Hera le ofreció reinar sobre Asia y Europa, Atenea le prometió habilidad militar y fama. Y Afrodita le propuso que le entregaría la mano de Helena, considerada la más bella mujer del mundo. Paris, sin dudarlo, acepto la oferta de Afrodita. Paris sedujo o capturo a Helena, lo cual origino la guerra de Troya. 


Culto
Así el mar pasa a ser la cuna de la diosa y de ahí que en su principal santuario, en el de Pafos, las sacerdotisas se bañaran ritualmente en el mar cercano, como una rememoración de su nacimiento. Los autores clásicos contaban que en sus grandiosos palacios, como el que se dice que tuvo en Cnosos, las más bellas conchas marinas cubrían los suelos, mientras que los pescados y los mariscos eran su manjar simbólico. Por eso hoy todavía se tiene por "afrodisíacos", es decir "de Afrodita" a estos alimentos, sin saber discernir de dónde viene la razón original de la denominación y ese tan pretendido poder vigorizante y erótico. Aunque la escena de la bella saliendo entre las olas del mar, navegando en su cocha semicircular llamada venera, es la imagen predilecta de los artistas, la que ha ganado con mucho a las otras y la que siempre se ha preferido a la hora de representar su triunfo natal, la proclama gloriosa de su divinidad de belleza inigualable. 

Los animales favoritos de esta diosa eran las palomas, y estas aves arrastraban su carro. Sus plantas eran la rosa y el mirto.




Fuentes:

Afrodita, la diosa del amor (parte I)


Afrodita es la diosa del amor y la belleza, y se identifica en Roma con la antigua divinidad itálica Venus. Según una tradición es hija de Urano y según otra de Zeus y Dione. 

En el caso de la primera historia, el nacimiento ocurre en el momento que Cronos (dios del tiempo) corta los genitales de su padre Urano y los lanza al mar, de donde surge Afrodita. De ahí que se le conozca como "la diosa nacida de las olas" o "nacida del semen de dios".

Una vez que salió del mar, Afrodita fue llevada por los vientos Céfiros, primero a Citera y luego a Chipre, donde las Horas la vistieron y la guiaron a la morada de los Inmortales.
Posteriormente, Platón imaginó que había una Afrodita Urania, la diosa del amor puro e hija de Urano; y Afrodita Pandemo, hija de Dione y diosa del amor vulgar. Sin embargo esta es una concepción filósofica tardía.
Afrodita es partícipe de un sinnúmero de leyendas. Primero, se casó con Hefesto (el divino cojo y dios del Fuego), pero estaba enamorada de Ares (dios de la Guerra). 
Durante su plácido tiempo matrimonial, Afrodita dio a luz tres hijos: dos muchachos y una chica. Destacaba que los dos varones no tenían buenas costumbres y hacían gala de unos pésimos sentimientos, mientras que la hija era una dulce y encantadora joven. Ellos son nada más y nada menos que Deimos (el espanto) y Fobos (el miedo) y ella no es otra mas que la hermosa Armonía. 

Cuenta Homero (escritor de La Odisea y La Iliada) que mientras los enamorados se entregaban a la pasión en una madrugada, en el lecho de Afrodita, Hefesto celoso les había puesto una trampa, pues el Sol le había contado que su amada le estaba siendo infiel.
Hefesto
Ares, dios de la guerra
Hefesto urdió una buena estratagema para certificar el engaño de su mujer y para cazar en flagrante delito al despreciable Ares. Tejió una red metálica, fuerte y sutil, la tendió sobre el lecho matrimonial, de manera que se disparase sobre los que en él se hallasen, y allí los dejara atrapados hasta que él los liberara. Después dejó ver claramente a su esposa que iba a pasar una temporada en la isla de Lemnos. Se fue y Afrodita se reunió rápidamente con su amante Ares. 

Durante la noche, la red les inmovilizó y quedaron atrapados hasta la vuelta efectiva de Hefesto, quien reunió a los dioses, ya que las diosas evitaron el acto, para que le sirvieran de testigos y jueces. Hefesto pedía recuperar lo que pagó en su día por Afrodita a su padre Zeus; Apolo deseó públicamente a la desnuda presa; mientras que Hermes no se limitó a observarla, e hizo saber que le gustaría gozar con Afrodita, aunque fuera a costa de compartir un encierro; y finalmente Poseidón intentó arreglar el asunto proponiendo que Ares pagase lo reclamado por Hefesto, aunque si no lo hacía, él se comprometía a casarse con la adúltera. Tal situación terminó por agotar sus posibilidades y la red se levantó, Afrodita dio a conocer su belleza para posteriores aventuras y, como era de esperar, nadie pagó nada a Hefesto. 



Fuentes:

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viernes, 20 de abril de 2012

Juana I de Castilla "la Loca" (parte 2)

Atrapada en Castilla
El 19 de diciembre del 1502 don Felipe atravesó la frontera francesa, dejando a su esposa a dos meses de dar a luz. Fue una despedida tormentosa, según los testigos, el archiduque alegó que no era conveniente que la princesa viaja en tan avanzado estado de gestación. 




Con la soltura en ella habitual, doña Juana había dado a luz al futuro emperador, Fernando de Alemania, el 10 de marzo del 1503; era su segundo hijo varón, y el primero que nacía en España, por lo que el acontecimiento se festejó como se merecía. Pero se restableció con la celeridad acostumbrada y mostró deseos vehementes de regresar a Flandes para reunirse con su esposo y los tres hijos que habían quedado allí. 

La reina Isabel prometió a su hija que en cuanto llegaran las calmas del verano se organizaría el viaje por mar, pero llegó el verano y como la princesa no viera preparativo alguno para su viaje, sino sólo dilaciones, montó en cólera. Esto sucedía en Alcalá de Henares y madre e hija tuvieron un altercado de buenas proporciones y ahí fue cuando comenzaron a tacharla de loca.



Fue llevada al castillo de la Mota, prometiéndole que en cuanto hubiera tregua entre Francia y España, le organizarían el viaje por tierra, pues el verano se había pasado y con él las posibilidades de trasladarse por mar. Como ya se ha anticipado, hubo una tregua, que se firmó en los primeros días del mes de noviembre del 1503, pero cuidaron de ocultárselo a la princesa, y ahí sí que se equivocaron los que bien la querían, pero no acertaban en lo que le convenía. Había dispuesto la reina Isabel (que siguiendo el consejo de los doctores se había quedado en Segovia) que estuviera doña Juana muy atendida en todo, pero cuidando de que no le dieran noticias que la pudieran alterar, sin caer en la cuenta de que lo que más la alteraba era, precisamente, la falta de noticias. 


Castillo de la Mota


Pero doña Juana acabó por enterarse de lo de la tregua. Fue aquel mes de noviembre muy triste y lluvioso, sin otro entretenimiento para la princesa en el austero castillo de la Mota que los oficios religiosos que, por ser de difuntos como corresponde al mes de noviembre, la sumieron en una melancolía que la tenía postrada, durmiendo mal y comiendo peor. Estas noticias llegaban a la corte, en Segovia, en la que se encontraba aquella doña Beatriz de Bobadilla.




Dio órdenes por medio de correos para que los carros que con su equipaje esperaban en Fuenterrabía atravesaran la frontera. Y al mismo tiempo ordenó a sus criados y despenseros que empaquetasen sus enseres personales para partir al día siguiente.

Las órdenes en parte se cumplieron, y en parte no, pues muchos de los criados sabiendo que aquello no sería del gusto de la Reina Católica se mostraron remisos y ahí es cuando la princesa, tomando una fusta, azotó a algunos de ellos, lo cual tampoco era desusado en aquellos tiempos, entre señores y criados. Pero pronto llegó la noticia a Segovia, que distaba del castillo no más de cincuenta leguas, y la reina Isabel, que se hallaba postrada por las fiebres, comenzó a mandar a sus más altos dignatarios para que hicieran entrar en razón a la princesa.



Ligera de ropas para la estación, Juana se encaminó hacia la poterna de salida, siendo tal la majestad de su figura, que nadie se atrevió a detenerla. Iba la tarde de caída, muy fría, y al obispo Fonseca se le ocurrió ordenar a la tropa que cerrase todas las barbacanas del castillo para que la princesa no pudiera salir al campo abierto. 




Esto sucedía el 8 de noviembre del 1503, que cuentan que fue la noche más fría de aquel invierno, y cuando doña Juana se encontró las barbacanas cerradas se quedó en una de ellas, la que miraba hacia Francia, y no consintió en moverse de allí en toda la noche y todo el día siguiente. Nadie se atrevió a ponerle la mano encima y, pese a las súplicas de Beatriz de Bobadilla, no consintió ni siquiera en echarse una manta sobre los hombros.



Al segundo día accedió a retirarse de la barbacana, pero dijo que si no se le permitía usar de carros y caballerías, porque no eran suyos, tampoco le pertenecía aquel castillo y, por tanto, se quedó en un chamizo del cuerpo de guardia, con la sola compañía de Beatriz de Bobadilla, única persona a la que soportaba. 


La reina Isabel, contra la expresa prohibición de los médicos de cámara, emprendió el camino de Medina del Campo, para encontrarse con el cuadro más patético que imaginar pueda una madre. Doña Juana salió triunfante del empeño ya que su madre consintió en que emprendiera el viaje a Flandes. 

La infidelidad de Felipe

Felipe se encaprichó de una dama de la corte, de la que se sabe que era de buenas proporciones y piel muy blanca. También consta que no era mujer de muchas luces, o por lo menos no acertó a saber con quién se las tenía, al ufanarse de ser la amante del rey. Dicen que la princesa se lanzó contra la dama y le corto el cabello, sin que nadie se atreviera a detenerla. A raíz de este incidente, la princesa comenzó a descuidar su persona, tanto en el vestir como en el aseo personal. 



Reina de Castilla

Poco tiempo después, el 26 de noviembre de 1504, muere la reina Isabel a causa en Medina del Campo. En su testamento dispuso que su hija, doña Juana, debía ser proclamada reina de Castilla, y desde ese día, Fernando el Católico dejó de usar el título de soberano de Castilla. Su padre, Fernando, había dejado de usar el título de rey de Castilla, que no le correspondía, pero pretendía gobernar como regente con el pretexto de que su hija no estaba en su sano juicio. Pero a los nobles castellanos no les agradaba la idea de que su nueva soberana fuera declarada loca. 

Fernando por su parte, viendo que la nobleza castellana podía serle adversa, tentó de asegurar la continuidad de su dinastía en el reino de Aragón. Fernando contrajo matrimonio con Germana de Foix, la sobrina del rey de Francia. El 12 de julio del 1506 las Cortes declararon a doña Juana como reina propietaria de Castilla y a don
Felipe como «verdadero y legítimo señor», pero no por derecho propio sino porque era su «legítimo marido».


Muerte de Felipe el Hermoso
Con tan solo 28 años, en el mes de septiembre de 1507, Felipe jugaba un partido de pelota en Burgos, se quejaba del calor y no hacía más que beber agua muy fría. Fue entonces cuando se dijo que Felipe el Hermoso murió por beber estando sudado.
Murió el 25 de septiembre de 1507. Hubo rumores acerca de la posibilidad de que fuese envenenado por su suegro, pero jamas se pudo comprobar.




Al momento de recibir la noticia, Juana no derramo ni una sola lagrima, pero era evidente su desconsuelo. Cuenta la leyenda que la reina se dedicó a pasear el féretro de don Felipe, de plaza en plaza, de noche, a la luz de las antorchas. Cierto que mandó embalsamar su cadáver, como era costumbre hacer con los monarcas, y cierto que lo hizo depositar en la Cartuja de Miraflores, próxima a Burgos, a la que cada dos o tres días iba a rezarle misas, pero lo hacía por vía de sufragios para que cuanto antes saliera del purgatorio, en el que pensaba que se encontraba por sus muchas codicias y pecados de la vida pasada. 

Entretanto, y pese a tantas penas, dio a luz a su última hija, la infanta Catalina, el 14 de febrero del 1507. 

Juana en Tordesillas
Juana fue recluida en Tordesillas el mes de  febrero de 1509 por decisión de su padre con la intención de evitar que se formase un partido nobiliario en torno a su hija. Más tarde, aquel encierro se mantendría por orden de su hijo, Carlos I, el cual temía que el pueblo la considerara la verdadera reina. Una vez que la amenaza de la revuelta comunera fue sofocada, las represalias contra su madre no se hicieron esperar. Se le prohibió a la reina incluso salir de su propio cuarto, el cual tenía clausuradas las ventanas que impedían la entrada de la luz del día. Sólo era posible la visibilidad a la luz de las velas. Su única compañía fue su hija Catalina, a quien se le concedieron por orden del emperador ciertos privilegios de acuerdo a su rango. A Juana sólo se le permitió la compañía de unos músicos flamencos a quienes la reina no se cansaba de escuchar, ya que además de ser aficionada a la música, ella misma tocaba algún instrumento. En 1525, Catalina, su querida hija y única compañera, abandonó Tordesillas para casarse con el rey de Portugal, dejando a la reina en la soledad más absoluta durante el resto de su vida: treinta años más. 

Juana encerrada en Tordesillas, acompañada por la infanta Catalina


Cuando la reina era ya anciana, el marqués de Denia informó a Carlos que la reina no cumplía con sus deberes religiosos. Se temía que estuviera endemoniada. Por este motivo, en 1552, Felipe II envió a un religioso a entrevistar a la reina, el jesuita Francisco de Borja. Francisco desmintió las acusaciones contra la reina, encontrándolas faltas de fundamento y ayudó a la reina tratándola con comprensión y dulzura. Juana volvió a sus prácticas religiosas. En 1554, Francisco volvió a visitar a Juana, quien le contó las razones de su alejamiento de la religión, acusando a las mujeres que le asistían: "porque a los tiempos que rezaba, le quitaban el libro de las manos y le reñían y se burlaban de su oración", escupían sobre las imágenes y hacían "muchas suciedades en el agua bendita,...y durante la misa le mandaban que no dixese sino lo que ellas quisieren...". De este modo, la reina volvió a oír misa y dejó que se rociase con agua bendita todo el palacio. Cuando se percató que las dueñas habían regresado, volvió a dejar estas prácticas.

A estas alturas la pobre Juana no solo tiene el alma quebrantada sino también el cuerpo. Su salud de hierro había empezado a mermar debido a un edema en las piernas que cada vez se inflamaba más, a una serie de llagas de muy difícil curación y finalmente gangrena con tremendos dolores. En 1555, cuando Juana ya estaba al final de su vida, volvió a visitarla San Francisco de Borja. La reina recobró la razón durante sus últimos días e incluso dejó de tener las ideas delirantes. Ante la duda sobre si Juana estaba en condiciones de recibir los sacramentos, se pidió parecer al teólogo más destacado de la Universidad de Salamanca, Domingo de Soto, quien acudió a Tordesillas y habló largamente con la reina. El dominico dictaminó que podía recibir la extremaunción pero no la comunión. Era el 11 de abril de 1555. Al día siguiente, 12 de abril de 1555, viernes santo, a las seis de la mañana, Juana murió asistida por San Francisco de Borja. Sus últimas palabras fueron: "Jesucristo crucificado, sea conmigo". El 12 de abril de 1555 falleció en Tordesillas a los 75 años. 



Fuente:
http://www.artehistoria.com/


Juana I de Castilla "la Loca" (parte 2)

Atrapada en Castilla
El 19 de diciembre del 1502 don Felipe atravesó la frontera francesa, dejando a su esposa a dos meses de dar a luz. Fue una despedida tormentosa, según los testigos, el archiduque alegó que no era conveniente que la princesa viaja en tan avanzado estado de gestación. 




Con la soltura en ella habitual, doña Juana había dado a luz al futuro emperador, Fernando de Alemania, el 10 de marzo del 1503; era su segundo hijo varón, y el primero que nacía en España, por lo que el acontecimiento se festejó como se merecía. Pero se restableció con la celeridad acostumbrada y mostró deseos vehementes de regresar a Flandes para reunirse con su esposo y los tres hijos que habían quedado allí. 
La reina Isabel prometió a su hija que en cuanto llegaran las calmas del verano se organizaría el viaje por mar, pero llegó el verano y como la princesa no viera preparativo alguno para su viaje, sino sólo dilaciones, montó en cólera. Esto sucedía en Alcalá de Henares y madre e hija tuvieron un altercado de buenas proporciones y ahí fue cuando comenzaron a tacharla de loca.


Fue llevada al castillo de la Mota, prometiéndole que en cuanto hubiera tregua entre Francia y España, le organizarían el viaje por tierra, pues el verano se había pasado y con él las posibilidades de trasladarse por mar. Como ya se ha anticipado, hubo una tregua, que se firmó en los primeros días del mes de noviembre del 1503, pero cuidaron de ocultárselo a la princesa, y ahí sí que se equivocaron los que bien la querían, pero no acertaban en lo que le convenía. Había dispuesto la reina Isabel (que siguiendo el consejo de los doctores se había quedado en Segovia) que estuviera doña Juana muy atendida en todo, pero cuidando de que no le dieran noticias que la pudieran alterar, sin caer en la cuenta de que lo que más la alteraba era, precisamente, la falta de noticias. 


Castillo de la Mota

Pero doña Juana acabó por enterarse de lo de la tregua. Fue aquel mes de noviembre muy triste y lluvioso, sin otro entretenimiento para la princesa en el austero castillo de la Mota que los oficios religiosos que, por ser de difuntos como corresponde al mes de noviembre, la sumieron en una melancolía que la tenía postrada, durmiendo mal y comiendo peor. Estas noticias llegaban a la corte, en Segovia, en la que se encontraba aquella doña Beatriz de Bobadilla.



Dio órdenes por medio de correos para que los carros que con su equipaje esperaban en Fuenterrabía atravesaran la frontera. Y al mismo tiempo ordenó a sus criados y despenseros que empaquetasen sus enseres personales para partir al día siguiente.

Las órdenes en parte se cumplieron, y en parte no, pues muchos de los criados sabiendo que aquello no sería del gusto de la Reina Católica se mostraron remisos y ahí es cuando la princesa, tomando una fusta, azotó a algunos de ellos, lo cual tampoco era desusado en aquellos tiempos, entre señores y criados. Pero pronto llegó la noticia a Segovia, que distaba del castillo no más de cincuenta leguas, y la reina Isabel, que se hallaba postrada por las fiebres, comenzó a mandar a sus más altos dignatarios para que hicieran entrar en razón a la princesa.


Ligera de ropas para la estación, Juana se encaminó hacia la poterna de salida, siendo tal la majestad de su figura, que nadie se atrevió a detenerla. Iba la tarde de caída, muy fría, y al obispo Fonseca se le ocurrió ordenar a la tropa que cerrase todas las barbacanas del castillo para que la princesa no pudiera salir al campo abierto. 



Esto sucedía el 8 de noviembre del 1503, que cuentan que fue la noche más fría de aquel invierno, y cuando doña Juana se encontró las barbacanas cerradas se quedó en una de ellas, la que miraba hacia Francia, y no consintió en moverse de allí en toda la noche y todo el día siguiente. Nadie se atrevió a ponerle la mano encima y, pese a las súplicas de Beatriz de Bobadilla, no consintió ni siquiera en echarse una manta sobre los hombros.



Al segundo día accedió a retirarse de la barbacana, pero dijo que si no se le permitía usar de carros y caballerías, porque no eran suyos, tampoco le pertenecía aquel castillo y, por tanto, se quedó en un chamizo del cuerpo de guardia, con la sola compañía de Beatriz de Bobadilla, única persona a la que soportaba. 


La reina Isabel, contra la expresa prohibición de los médicos de cámara, emprendió el camino de Medina del Campo, para encontrarse con el cuadro más patético que imaginar pueda una madre. Doña Juana salió triunfante del empeño ya que su madre consintió en que emprendiera el viaje a Flandes. 

La infidelidad de Felipe

Felipe se encaprichó de una dama de la corte, de la que se sabe que era de buenas proporciones y piel muy blanca. También consta que no era mujer de muchas luces, o por lo menos no acertó a saber con quién se las tenía, al ufanarse de ser la amante del rey. Dicen que la princesa se lanzó contra la dama y le corto el cabello, sin que nadie se atreviera a detenerla. A raíz de este incidente, la princesa comenzó a descuidar su persona, tanto en el vestir como en el aseo personal. 



Reina de Castilla

Poco tiempo después, el 26 de noviembre de 1504, muere la reina Isabel a causa en Medina del Campo. En su testamento dispuso que su hija, doña Juana, debía ser proclamada reina de Castilla, y desde ese día, Fernando el Católico dejó de usar el título de soberano de Castilla. Su padre, Fernando, había dejado de usar el título de rey de Castilla, que no le correspondía, pero pretendía gobernar como regente con el pretexto de que su hija no estaba en su sano juicio. Pero a los nobles castellanos no les agradaba la idea de que su nueva soberana fuera declarada loca. 

Fernando por su parte, viendo que la nobleza castellana podía serle adversa, tentó de asegurar la continuidad de su dinastía en el reino de Aragón. Fernando contrajo matrimonio con Germana de Foix, la sobrina del rey de Francia. El 12 de julio del 1506 las Cortes declararon a doña Juana como reina propietaria de Castilla y a don
Felipe como «verdadero y legítimo señor», pero no por derecho propio sino porque era su «legítimo marido».


Muerte de Felipe el Hermoso
Con tan solo 28 años, en el mes de septiembre de 1507, Felipe jugaba un partido de pelota en Burgos, se quejaba del calor y no hacía más que beber agua muy fría. Fue entonces cuando se dijo que Felipe el Hermoso murió por beber estando sudado.
Murió el 25 de septiembre de 1507. Hubo rumores acerca de la posibilidad de que fuese envenenado por su suegro, pero jamas se pudo comprobar.



Al momento de recibir la noticia, Juana no derramo ni una sola lagrima, pero era evidente su desconsuelo. Cuenta la leyenda que la reina se dedicó a pasear el féretro de don Felipe, de plaza en plaza, de noche, a la luz de las antorchas. Cierto que mandó embalsamar su cadáver, como era costumbre hacer con los monarcas, y cierto que lo hizo depositar en la Cartuja de Miraflores, próxima a Burgos, a la que cada dos o tres días iba a rezarle misas, pero lo hacía por vía de sufragios para que cuanto antes saliera del purgatorio, en el que pensaba que se encontraba por sus muchas codicias y pecados de la vida pasada. 

Entretanto, y pese a tantas penas, dio a luz a su última hija, la infanta Catalina, el 14 de febrero del 1507. 

Juana en Tordesillas
Juana fue recluida en Tordesillas el mes de  febrero de 1509 por decisión de su padre con la intención de evitar que se formase un partido nobiliario en torno a su hija. Más tarde, aquel encierro se mantendría por orden de su hijo, Carlos I, el cual temía que el pueblo la considerara la verdadera reina. Una vez que la amenaza de la revuelta comunera fue sofocada, las represalias contra su madre no se hicieron esperar. Se le prohibió a la reina incluso salir de su propio cuarto, el cual tenía clausuradas las ventanas que impedían la entrada de la luz del día. Sólo era posible la visibilidad a la luz de las velas. Su única compañía fue su hija Catalina, a quien se le concedieron por orden del emperador ciertos privilegios de acuerdo a su rango. A Juana sólo se le permitió la compañía de unos músicos flamencos a quienes la reina no se cansaba de escuchar, ya que además de ser aficionada a la música, ella misma tocaba algún instrumento. En 1525, Catalina, su querida hija y única compañera, abandonó Tordesillas para casarse con el rey de Portugal, dejando a la reina en la soledad más absoluta durante el resto de su vida: treinta años más. 

Juana encerrada en Tordesillas, acompañada por la infanta Catalina

Cuando la reina era ya anciana, el marqués de Denia informó a Carlos que la reina no cumplía con sus deberes religiosos. Se temía que estuviera endemoniada. Por este motivo, en 1552, Felipe II envió a un religioso a entrevistar a la reina, el jesuita Francisco de Borja. Francisco desmintió las acusaciones contra la reina, encontrándolas faltas de fundamento y ayudó a la reina tratándola con comprensión y dulzura. Juana volvió a sus prácticas religiosas. En 1554, Francisco volvió a visitar a Juana, quien le contó las razones de su alejamiento de la religión, acusando a las mujeres que le asistían: "porque a los tiempos que rezaba, le quitaban el libro de las manos y le reñían y se burlaban de su oración", escupían sobre las imágenes y hacían "muchas suciedades en el agua bendita,...y durante la misa le mandaban que no dixese sino lo que ellas quisieren...". De este modo, la reina volvió a oír misa y dejó que se rociase con agua bendita todo el palacio. Cuando se percató que las dueñas habían regresado, volvió a dejar estas prácticas.

A estas alturas la pobre Juana no solo tiene el alma quebrantada sino también el cuerpo. Su salud de hierro había empezado a mermar debido a un edema en las piernas que cada vez se inflamaba más, a una serie de llagas de muy difícil curación y finalmente gangrena con tremendos dolores. En 1555, cuando Juana ya estaba al final de su vida, volvió a visitarla San Francisco de Borja. La reina recobró la razón durante sus últimos días e incluso dejó de tener las ideas delirantes. Ante la duda sobre si Juana estaba en condiciones de recibir los sacramentos, se pidió parecer al teólogo más destacado de la Universidad de Salamanca, Domingo de Soto, quien acudió a Tordesillas y habló largamente con la reina. El dominico dictaminó que podía recibir la extremaunción pero no la comunión. Era el 11 de abril de 1555. Al día siguiente, 12 de abril de 1555, viernes santo, a las seis de la mañana, Juana murió asistida por San Francisco de Borja. Sus últimas palabras fueron: "Jesucristo crucificado, sea conmigo". El 12 de abril de 1555 falleció en Tordesillas a los 75 años. 


viernes, 13 de abril de 2012

Leyenda: la fundación de Roma



Roma, como casi todos los pueblos a lo largo de la historia, posee mitos y leyendas que intentan explicar sus orígenes. Según la leyenda más famosa acerca de Roma, la ciudad fue fundada Rómulo y Remo, hermanos gemelos descendientes de Eneas, héroe troyano, y también de Marte, el dios de la guerra. 


Tras la guerra de Troya y la destrucción de esta ciudad por los griegos, el príncipe Eneas partió al exilio junto a un grupo de fugitivos en busca de una nueva patria. El mar los llevo hasta las orillas del mar Tíber, donde, tras la muerte de Eneas, su hijo Lulo fundo una ciudad e inauguro una dinastía. 


Siglos después sus herederos se enfrentaron por el poder. Amulio destronó a Numitor, asesino a sus hijos y consagro a su hija, Rea Silvia, a la diosa Vesta y al celibato. Pero Marte, dios de la guerra, engendro dos gemelos en la vestal (doncella). Cuando Amulio lo supo, mandó a una criada que abandonara a los recién nacidos en las aguas del Tíber. La criada se apiado y deposito a los niños en una cesta de mimbre que fue vagando rió abajo. Una loba que había perdido a su camada oyó los llantos de los pequeños, los recogió y los crió. El jefe de los rebaños del rey, testigo del hecho, los confió a su esposa. A los dieciocho años los hermanos recibieron la revelación de su origen y decidieron fundar una ciudad, Roma, eligiendo para su emplazamiento el lugar en el que fueron salvados. 





Luperca (loba) amamantando a los gemelos Romulo y Remo.


Cada uno, sin embargo, tenía sus preferencias y había imaginado su ciudad de una manera distinta, así que optaron por consultar a los dioses sobre quien decidiría. Subieron a la entonces colina del Palatino, una de las siete colinas, donde Romulo vio pasar seis buitres y Remo doce. Como Romulo los había visto primero, trazo el primer perímetro de la ciudad con un arado tirado por bueyes y juro que mataría al que lo atravesara: Remo, enfadado, penetro en el recinto de su hermano y este, sin dudarlo, le clavo su espada. La fecha legendaria de la fundación de Roma se sitúa el 21 de abril del 753 a.C. (siendo este el 0 en el calendario romano)

El rapto de las sabinas
Creó el Senado -compuesto por 100 personas conocidas como patres, cuyos descendientes fueron los patricios- y dividió la ciudad en 30 congregaciones. Los primeros habitantes, por otro lado, fueron los asylum: refugiados, libertos, esclavos, prófugos que llegaban sin mujeres. El 21 de agosto se organizaron en la ciudad unas fiestas en honor de los latinos y sus vecinos los sabinos; pero a una orden de Romulo, todos sus compañeros se apoderaron de las mujeres sabinas. Los hombres de esta ciudad decidieron rescatarlas, provocando a las sabinas un dilema: si morían los sabinos, morían sus padres y hermanos, pero si morían los romanos, morían sus maridos e hijos. Finalmente, Rómulo pactó con el rey sabino Tito Tacio una diarquía hasta la muerte de este último.


Rómulo murió en 716 a.C. en medio de una tormenta provocada por el dios Marte. Tras este hecho se produjo un año de interregnum y fue su concuñado Numa Pompilio quien le sucedió como rey de Roma.


Fuente:
Rendal, Enric, La enciclopedia del estudiante: tomo 2: historia universal.  Buenos Aires: Santillana, edición 2006.
 Wikipedia.com


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