sábado, 6 de octubre de 2012

El nacimiento de la princesa Elizabeth Tudor (Parte 1)


  

La nueva reina en estado
Hacia fines de la primera semana de diciembre de 1532, Ana Bolena quedó embarazada (esto si fueron nueve los meses de gestación del bebe nacido el siguiente 7 de septiembre). A comienzos de enero ella debió haberlo sospechado y esperado. A medida que fue transcurriendo el mes, la cuestión del matrimonio del rey cobró nueva urgencia. Como los matrimonios reales por entonces eran asuntos privados, no había nada de extraordinario en una rápida ceremonia secreta.

La noticia se mantuvo oficialmente en secreto por el momento, aunque para mediados de febrero a Ana le resultaba imposible resistirse a hacer gala a su estado. Y lo hizo del modo poco delicado propio de ella, o eso opinaron sus detractores. Chapuys contó como la dama salió de su habitación, y ahí mismo, "sin rima ni razón en medio de una gran compañía", le comentó a su anterior admirador Wyatt "un furioso deseo de comer manzanas, como nunca antes había sentido en la vida", que le había dado tres días antes. "El rey le había dicho que era una señal de que estaba embarazada, pero ella había dicho que no era nada de eso". Luego se echó a reír y volvió a su habitación. Casi toda la corte oyó ese anuncio y, según Chapuys, "la mayoría de los presentes quedaron muy sorprendidos y conmocionados". 

Había un motivo para mantener el embarazo en secreto, aparte de que no había llegado todavía al cuarto mes, momento en que se consideraban superados los peligros de un aborto temprano o del cálculo optimista erróneo. Lo cierto era que el rey, aunque se había vuelto a casar, aún no se había divorciado. A comienzos de abril —cuando Ana estaba embarazada exactamente desde hacía cuatro meses— la noticia se hizo pública, aunque se tuvo el tacto de no revelar la fecha del casamiento. 


En general había un fuerte vínculo entre la ceremonia y los herederos. La visible fecundidad de la reina Ana —«ella está ahora un poco grande con el hijo», admitió Cranmer al embajador inglés ante la corte del emperador— la convertía en una candidata apropiada para recibir la corona del consorte. Hall captó el sabor de esto cuando escribió en su Chronicle que algunas personas juzgaban que Dios quería ese nuevo matrimonio porque «la nueva reina pronto estuvo embarazada».



El hijo de ambos sería sin duda varón. Todo el mundo lo sabía. Los astrólogos lo predecían, así como los médicos del rey. El 3 de septiembre, esos dos cuerpos de profesionales científicos unieron fuerzas para asegurarle al rey que la reina "sin duda" le daría un heredero varón. Los nombres propuestos fueron Enrique o Eduardo.



La reclusión antes del parto
En 26 agosto de 1533, Ana Bolena se encontraba en un avanzado estado de gestación. Según la costumbre, la reina Ana se recluyó en su cámara por anticipado, para aguardar el nacimiento de su hijo. El precedente era de suma importancia en esos asuntos, aunque hubiera habido un cambio de reina. Lord Mountjoy, veterano de los confinamientos de la reina Catalina, aconsejó a lord Cobham, chambelán de la reina Ana, sobre el procedimiento correcto. Las reglas se habían fijado en el reinado de Enrique VII: "Un cómodo jergón" se debía colocar junto a la cama real para el parto. Todas las ventanas salvo una debían cubrirse con tapicería de Arras ricamente bordada. " "Ningún hombre debe entrar en la cámara, sino mujeres"

Ana Bolena (Natalie Dormer) después del parto en The Tudor



La cámara de la reina
El historiador David Starkey, describe la cámara de la reina como “un cruce entre una capilla y una celda lujosamente acolchada”. 
El tapiz que cubría una de las ventanas de la cámara de Ana, se quedo suelto, de modo que la reina pudiera recibir un poco de luz y aire. Sin embargo, esto no se consideraba aconsejable. 
En cuanto al diseño de las cortinas y tapices se tomaban muchas precauciones. Los tapices que contenían muchas figuras, por ejemplo personas o animales, eran descartados. Ya que se temía que se desencadenaran fantasías en la mente de la reina, que provocarían que esta diese a luz hijos deformes. 


Este tapiz habría sido considerado inadecuado para colocarlo en la cámara de la reina. 


Nace una princesa 
El 7 de septiembre a las 3 de la tarde, Ana dio a luz a una niña a la que llamaron Elizabeth, igual que sus abuelas. La niña tenía el cabello rojo de su padre y los profundos ojos negros de su madre. 

El parto fue sencillo, tanto la niña como la reina estaban sanas. Los astrólogos y médicos habían pronosticado que nacería un varón. 

Demuestra lo desconcertante e inesperado que fue este acontecimiento el documento oficial con el que la reina Ana tuvo que dar la noticia al mundo. Era lo establecido que las reinas lo anunciaran. Ese documento, dirigido a su chambelán lord Cobham, ya estaba preparado. Comenzaba de un modo muy florido: "Y donde ha agradado a la bondad de Dios Todopoderoso, con su infinita merced y gracia, enviarnos, en este momento, gran rapidez en el parto y el alumbramiento de un príncipe..."

Terminaba en estilo semejante: "A Dios Todopoderoso, buena salud, prosperidad, alabanza y elogio, y rogad por la buena salud, prosperidad y continua preservación de dicho príncipe" Estaba sellado con un timbre en nombre de "Ana, la reina". Pero hubo que añadir apresuradamente una "s" a príncipe [prince en inglés] para convertirlo en una aceptable versión para el siglo XVI de "princesa" [princess en inglés]. Esa notable aliteración atestigua la sorpresa y el disgusto que causó el nacimiento de la futura reina Elizabeth. 

Ana Bolena

Enrique VIII

Enrique VIII estaba decepcionado por el sexo de la criatura, sin embargo, este suceso no disminuyo el amor del rey por Ana. Elizabeth era la prueba de que Enrique era capaz de tener hijos sanos. En la capilla Real se canto un Te Deum y se planeo un lujoso bautizo. 

El bautizo 

Para el bautismo de la princesa Elizabeth, la reina Ana solicitó una "tela triunfal" especial que su predecesora la reina Catalina había traído consigo de España para los bautizos. Como era de esperar, Catalina se negó. "Dios no lo permita", se estremeció, que ella diera alguna "ayuda, asistencia o favor", directa o indirectamente, en "un caso tan horrible como éste". Parece ser que en esa ocasión Catalina sostuvo con éxito su negativa, a diferencia del año anterior, cuando una segunda orden del rey había tenido como consecuencia la entrega de sus joyas. 


Vestido de bautizo utilizado por la princesa Elizabeth. 
Pero, al parecer, el rey no tenía interés en las telas triunfales. En todo caso, el bautismo de esa inesperada princesa fue un asunto de tono menor: por ejemplo, la espléndida justa planeada en honor de un príncipe se canceló de inmediato. 


Thomas Cranmer

El arzobispo Cranmer fue el padrino, como el cardenal Wolsey lo había sido de la princesa María. La madrina de bautismo fue la matriarca de la familia Howard, Agnes, duquesa viuda de Norfolk, una elección muy apropiada: también había sido una de las patrocinadoras de la hija mayor del rey. 

Pero en la confirmación que siguió de inmediato, Gertrude, marquesa de Exeter, leal amiga de la reina Catalina, se vio obligada a ser la madrina y a obsequiar a la princesa bebé tres cuencos grabados de oro y plata. Como gesto, la invitación a lady Exeter —que ella no pudo rehusar— fue tal vez  menos tajante que la petición a Catalina de la tela para el bautismo.




Bibliografia                                                                                                      Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.


Fuentes: 

Elizabethan-era

6 comentarios:

  1. Elizabeth fue muy superior a su madre y a su padre como gobernante, aunque no se le diera importancia. Su reinado conocido como "la edad de oro" lo demuestra. Pero no debió recibir excesivo cariño de niña, quizá eso hizo que ella fuera tan fuerte de mayor.

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  2. Enrique siempre quiso un hijo igual a el que gobernara a su muerte. Pero ese heredero resulto ser una mujer con mucho carácter.

    Al parece, Ana si era cariñosa con su hija aunque Enrique dejaba mucho que desear.

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  3. Por cierto ¿dónde está la tumba de Ana Bolena? Así podrían saber si tenía seis dedos realmente. Te agradezco tanto tus respuesta porque son cosas que siempre he querido saber, y nunca supe.

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  4. Hola. La tumba de Ana Bolena esta en la Iglesia de San Pedro ad Vincula, en la Torre de Londres.
    Acerca del sexto dedo, supongo que es poco probable. En esa época cualquier deformación habría sido visto como un signo del diablo y Ana jamas habría sido exhibida en la corte con el riesgo de que la juzgaran por brujería.

    Aunque también se realizo una exhumación de su cuerpo y no se hallaron evidencias de que tuviera un sexto dedo o una malformación en la mano. Al contrario, sus huesos estaban muy bien formados. Muchas gracias por tu comentario.

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  5. ¿Era alta? Simple curiosidad....es que Ana Bolena me fascina.

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  6. Ana Bolena no era muy alta, sería de estatura mediana, había incluso contemporáneos que la describían como baja. Aunque su hija si era un poco más alta que el promedio de altura en mujeres.

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