jueves, 12 de abril de 2012

Juana I de Castilla "la Loca" (parte 1)




Primeros años
Nació el 6 de noviembre de 1479 en el alcázar de Toledo. Fue nombrada en recuerdo a su abuela Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico. Era tal el parecido que, en broma, la reina Isabel llamaba "suegra" y don Fernando "madre".

Fue educada con tal esmero que no sin justicia se dijo que era la princesa más instruida del Renacimiento. Se daba especial gracia para las artes musicales, y guardando el decoro que exigía la corte castellana, desde muy niña llamaba la atención por su encanto tanto en tañer el laúd, como en trenzar pasos de baile. De humanidades andaba sobrada, pues su madre se había cuidado de traer de Italia los mejores maestros, de manera que se expresaba en latín mejor que muchos canónigos. No en balde había tenido como maestra de latín a la conocida Beatriz Galindo, llamada la Latina.



Los Reyes Católicos pusieron fin a la dominación árabe en la Península, haciéndose con su último reducto, el reino de Granada. Por la mar atlántica, un genovés visionario, Cristobal Colón, descubre una tierra nueva. En la misma Alhambra de Granada, el 30 de marzo de 1492, firmaron ambos monarcas el decreto de expulsión de los judíos que se negaron a bautizarse.


Aspecto y personalidad



Como se ha dicho anteriormente, Juana tenía un gran parecido con su abuela paterna. No era hermosa; pero, según los retratos de Juan de Flandes, tenía un rostro ovalado muy fino, ojos bonitos y un poco rasgados, el cabello fino y castaño. Su frente era muy despejada, el cuello airoso, fino y alargado, y el busto bien dotado y poco recatado. Con respecto a su carácter, se sabe que Juana era una niña obstinada. Desde pequeña dio muestras de tener un carácter muy extremado. Educada piadosamente, a veces dormía en el suelo o se flagelaba siguiendo las historias de los santos que le contaban. 

Planes matrimoniales
Al único heredero varón de las coronas de Aragón y Castilla lo casaron a los dieciocho años con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano. La hija mayor de los Reyes Católicos, la infanta Isabel, había estado casada con el infante de Portugal, Alfonso. Al morir este, ella manifestó su deseo de entrar a un convento ya que había amado a su esposo. Pero en 1497 se casa con Manuel I de Portugal. 


Juan de Aragón

Juana fue comprometida con Felipe de Hasburgo, apodado el "Hermoso", hijo menor del emperador Maximiliano I y Maria de Borgoña. Por su cuna, Felipe gozaba de innumerables títulos: duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes. 

Pero en tanto tenían sus buenas relaciones con el imperio alemán que el enlace que concertaron fue doble: el citado entre Juana y Felipe el Hermoso, y del príncipe Juan y la princesa Margarita. Y
convinieron en que una armada de Castilla se desplazara a Flandes, llevando a la princesa que había de casar con el archiduque de Borgoña, y que a su regreso traería a la princesa Margarita para casar con el príncipe de Asturias. Eso sucedía en el verano del 1495 y la Reina Católica, pese a su austero sentido de la vida, armó una expedición naval fastuosa.

Traslado a Flandes
La reina Isabel, pese a no andar sobrada de salud, acompañó a su hija hasta Laredo. Era la reina Católica muy andariega y dada a la corte itinerante, cuidando de estar presente allá donde su real persona fuese necesaria, no rehuyendo siquiera los campos de batalla, como demostró en la toma de la ciudad de Granada. 

En agosto de 1496, la futura archiduquesa partió hacía su nuevo país. Debido a una tormenta, la armada se vio obligada a entrar al puerto inglés de Portsmouth, el día 31 de agosto.
Tanto alabaron al monarca inglés, Enrique VII, los encantos de
la princesa española que, según cuenta el mismo Edmond
Blot, se las ingenió para desplazarse hasta el puerto de
Portsmouth y poder verla de manera oculta, pues el protocolo no permitía que un rey saliera al encuentro de una princesa de no mediar razones de estado. Su curiosidad en parte estaba justificada ya que por aquellos días andaba negociando el matrimonio de su hijo primogénito con Catalina de Aragón.

Catalina de Aragón, hermana menor de Juana

Quedó tan prendado de aquella hermosura que pasados los años, siendo ambos viudos, y pese a que ella ya traía fama de estar loca, la pidió en matrimonio a su padre, el rey Fernando, quien no quiso dársela. Duró aquella primera estancia de la infanta en Inglaterra solamente dos días, ya que en cuanto se calmó el mar reembarcaron rumbo a Flandes, adonde arribaron el día 9 de septiembre. 

Matrimonio
La recepción de la corte flamenca fue muy cálida, aunque con el contratiempo de que su prometido, Felipe el Hermoso, duque de Borgoña, no pudo salir a recibirla por encontrarse en Lindau, a orillas del lago Constanza, presidiendo la dieta en nombre de su padre, el emperador Maximiliano de Austria.

Estaba convenido que ambos príncipes habían de entenderse en latín, pero pronto advirtieron a doña Juana que todo lo que tenía su prometido de hábil en toda clase de ejercicios físicos, bien de caza, de juegos de pelota, y no digamos de danzas y correrías, le faltaba para las humanidades, estando, por tanto, muy poco instruido en la lengua de Cicerón. 

El matrimonio se celebro en Lille, el 21 de agosto de 1496. Es natural que Felipe el Hermoso recibiera a Juana de Castilla en las mejores disposiciones de ánimo y quedara embargado ante la belleza de aquella doncella de diecisiete años, que supo mostrarse recatada en su presencia, pero sin perder un ápice de la dignidad que le confería el ser hija de la reina más notable de la cristiandad.


Felipe el Hermoso

El duque de Borgoña contaba con dieciocho años. En cuanto a lo físico era de buenas proporciones, alto, robusto y muy sufrido para el ejercicio físico. Su cabello rubio, como es habitual en los flamencos, y los ojos azules que sorprendían por la dulzura con los que sabía mirar; no estando enfadado, lo cual sucedía raramente, se mostraban siempre reidores. Se sentía muy ufano de sus manos, finas y alargadas, y disponía de un mayordomo cuyo único trabajo era cuidárselas, sobre todo las uñas, que siempre habían de tener la misma forma y medida. 

Felipe comunicó a sus caballeros que puesto que sus augustos padres habían dispuesto aquel matrimonio, y tanto él, como la princesa, estaban de acuerdo en ello, viendo en todo la voluntad de Dios, no había motivo para dilatarlo sino que en tal momento y ocasión había de celebrarse. Se intento razonar con el archiduque, tratando de convencerlo a que esperara que el obispo de Malinas los desposara, como estaba previsto. 


Se requirió la presencia del capellán del monasterio que vivía a media legua de allí, el cual era un fraile, también de la Orden de San Benito. Para contentar al obispo de Malinas, el día 18 de octubre se celebró una ceremonia religiosa en la catedral de Bruselas, en la que renovaron sus promesas matrimoniales.

Felipe se encargó de apartar de su mujer a los cortesanos castellanos, pues siendo reina de los flamencos, y no de los castellanos, era natural que fueran los primeros, y no los segundos, quienes atendieran a su soberana y la ilustraran en las costumbres y necesidades de su nuevo reino. 

No parece que estos cambios afectasen demasiado a doña Juana, hecha como estaba a no volver a Castilla, y muy decidida a ser en costumbres y maneras muy del gusto de su regio esposo. La vida en la corte flamenca era muy distinta a la española, hasta el punto que la reina Isabel, a la que habían llegado noticias de que Juana se confesaba con clérigos franceses tachados en España de "frívolos, libertinos y bebedores empedernidos", envío a Flandes a un fraile de su confianza para que le informase.

Primer embarazo
Juana quedo embarazada muy pronto, el 15 de noviembre de 1498, nace una niña a la que se bautiza como LeonorAl embajador veneciano le llamaba la atención lo de la posición lactante, puesto que las reinas no acostumbraban a criar a sus hijos a sus pechos, sino que recurrían a nodrizas, no sólo por comodidad, sino por entender los médicos que mediando parentesco entre los cónyuges reales, lo cual era muy frecuente, la leche ajena de mujer robusta, aunque fuera de baja condición, convenía más para la salud del recién nacido. Pero en el caso de doña Juana era tan portentosa su vitalidad que tuvo que amamantar a sus hijos, por lo menos a los tres mayores. 

Leonor de Austria

En el asunto de la infidelidad conyugal la costumbre en los matrimonios reales era que cuando llegaban los meses mayores del embarazo se abstuvieran de relaciones carnales, para asegurar su feliz término. Sin embargo, Juana reprendió públicamente a su esposo por el desvío que le mostró durante aquellos meses. No le reprochaba que tuviera una amante, sino que no la atendía en el lecho conyugal. 

Juana poseía una fecundidad muy deseada por los monarcas. En aquellos tiempos de embarazos complicados, abortos o fiebres puerperales, alcanzó a dar a luz a seis hijos, todos los cuales vivieron y llegaron a ser reyes, aunque esto último no pudo llegar a verlo el archiduque de Borgoña, fallecido en plena juventud. 

Nacimiento del futuro emperador Carlos V
El 24 de febrero del 1500 nació en Gante el primer hijo varón de los archiduques de Borgoña, Carlos. Y pocos meses después, el 22 de julio del mismo año, por fallecimiento de su primo Miguel, hijo de Isabel, la hermana mayor de doña Juana, se abría la sucesión en España a la casa de Austria, que haría del recién nacido rey de España y emperador de Alemania.


Carlos


La primogénita, Leonor, fue reina de Portugal y, después de enviudar, también de Francia; Carlos, el primogénito varón, fue rey de España y emperador de Alemania; su hermano Fernando sucedió al anterior como emperador de Alemania; Isabel fue reina de Dinamarca; María, de Bohemia y Hungría, y Catalina, la más joven y la más amada de su madre, de Portugal.

Felipe el Hermoso se apresuró a declararse príncipe de Asturias siguiendo las instrucciones de sus consejeros. El 27 de julio de 1501, Juana daba a luz a una niña, a quien llamaría Isabel. 

Los archiduques llegan a Francia
El viaje en el cual los archiduques viajarían a Castilla para ser proclamados herederos de los Reyes Católicos, comenzó en el mes de noviembre del 1501 con tal aparato y alarde de grandezas, que no desmerecía de la magna expedición naval que cinco años antes llevara a la princesa al reino de Flandes. 


Castillo de Blois

Debido al invierno, los archiduques fueron recibidos en el castillo de Blois por Luis XII de Francia. Durante los primeros días de su estancia en tan hermoso castillo se sucedieron las fiestas y agasajos, y doña Juana, que seguía conservando su belleza, tuvo ocasión de lucimiento bailando las danzas castellanas.

Pero llegó el domingo en el que hubo te déum de acción de gracias por el feliz encuentro, seguido de misa muy solemne, y en el momento del ofertorio la reina de Francia hizo llegar a doña Juana, por medio de un paje, una monedita de oro para que la echara en la bandeja de las ofrendas; otro tanto había hecho el rey, con don Felipe, siguiendo la costumbre de los Valois de distinguir a sus nobles, permitiéndoles que hicieran la ofrenda por ellos. Don Felipe accedió y echó la monedita, mas no así doña Juana, que sin recato alguno miró la moneda por una y otra cara, y como si se le hiciera poco, o no le satisficiera la efigie en ella acuñada, se la devolvió al paje, se quitó uno de sus zarcillos engarzado en piedras preciosas y lo puso en la bandeja de las ofrendas. 


Ana de Bretaña

La esposa del rey de Francia, Ana de Bretaña, que ya había estado casada con Carlos VIII, antecesor de su marido, tan a mal tomó el gesto de la archiduquesa que no la quiso esperar a la salida de la misa, y desde aquel día evitó el encontrarse con ella. 

El 20 de enero del 1502, festividad de San Sebastián, hicieron su entrada en España. El 22 de mayo, las Cortes castellanas declararon herederos al trono de Castilla.



Fuente
José Luis Olaizola, Juana la Loca
Fisas, C. (1988). Historias de las reinas de España. Barcelona, España: Planeta.

6 comentarios:

  1. Hola oye ¿cuál crees tú que era la verdadera dolencia mental de Juana? ¿Qué era, autista, tenía retraso mental, ninfómana o siemplemente que no tenía personalidad? Es un personaje agotador comparado con su hermana Catalina de Inglaterra y su madre. Saludos.

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  2. Hola. Hubo un tiempo en que yo no creía que ella padeciera alguna enfermedad mental, pero si un amor y celos obsesivos (algo común en muchas mujeres en el mundo actual) Hay un doctor que sugiere que Juana había heredado la esquizofrenia paranoide de su abuela, Isabel de Portugal.

    Los enfermos de esquizofrenia tienen una visión distorsionada de la realidad que les aísla del mundo que les rodea.

    Esta documentado que Juana se queda largos periodos de tiempo mirando el vació, se rehusaba a comer e incluso a cambiarse de ropa (se le hicieron llagas)

    Estoy de acuerdo en que Juana se queda corta en comparación con Isabel y Catalina, pero sin duda es un personaje trágico que fue recluida en Tordesillas primero por su padre y luego por su hijo. Saludos

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  3. Ojalá se hubiera casado con Enrique VIII ella, hubieran sido tal para cual. Isabel metió la gamba, se equivocó de hija. Amor no hubiera faltado, jeje.

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  4. Es que Catalina era la menor. Ojala hubiera sido así. Juana era muy fértil. Aunque habría sido desastroso si lo veía con una amante.

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  5. Sí, Juana hubiera matado a Enrique VIII con sus propias manos si le veía con otra. Pero Enrique era muy guapo en su juventud, nada que envidar a Felipe el Hermoso, Enrique se puso deforme más tarde, era muy atractivo cuando se casó con su hermana Catalina.
    Pero ya sabes, el destino está escrito, o eso dicen.

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  6. De hecho, creo que el apelativo "hermoso" fue algo exagerado. En sus retratos se ve que tiene un labio inferior muy prominente, algo que heredo Carlos V

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