martes, 14 de junio de 2011

La caída y muerte de Ana Bolena (parte 1)

El trágico aborto de la reina Ana


Escena de The Tudors

El interés del rey por Jane Seymour podía estar intensificándose, pero su segunda esposa estaba embarazada, y ese acontecimiento por el que esperaba la nación —el nacimiento de un hijo varón— al parecer entro en juego una vez más. 
El 29 de enero la reina Ana abortó. Era "un bebé varón", de algo más de tres meses. En ese momento, según el relato contemporáneo, la reina Ana estaba histérica por la decepción, y sin duda por la aprensión. El rey acababa de tener una caída en una justa que lo había dejado inconsciente dos horas. La reina estalló diciendo que esa desagradable conmoción había causado el aborto, tan grande era su amor por él. El alegato y las excusas cayeron en oídos igualmente sordos. Se supone que el rey comentó "de muy mal humor" que, cuando la reina se hubiera levantado de su lecho de enfermedad, "iré a hablar con vos". Pero una parte más ominosa de la misma historia tenía que ver con la exclamación del rey: "Veo que Dios no desea darme hijos varones". 

Si el rey Enrique realmente encaró el aborto de su esposa con tal falta de simpatía no podemos saberlo con seguridad; pero que invocara la voluntad de Dios resulta más que plausible, dada la conocida tendencia del rey a interpretar sus propios infortunios a la luz de la divina desaprobación. 

La señorita Seymour


Jane Seymour, escena de The Tudors


Chapuys se enteró de que fue la noticia de los obsequios que el rey había dado recientemente a la "señorita Seymour" lo que causó el aborto de Ana. Según una historia de una fecha posterior, la reina Ana encontró a la señorita Seymour sentada sobre el regazo de su esposo; "reprochando" eso al rey, la reina Ana culpó de su aborto a ese desagradable descubrimiento. Se decía que había habido "muchos arañazos y golpes entre la reina y su doncella". 


Jane Seymour

Ana Bolena

A diferencia de lo que ocurre con las invocaciones de la voluntad divina por parte del rey, no hay pruebas contemporáneas de que se dieras incidentes tan violentos; el carácter de Jane Seymour que se describe en 1536 es por el contrario casto, casi gazmoño. Como veremos, hay buenas razones para creer que el rey encontró en esa misma castidad una fuente de atracción, al igual que antes se había vuelto hacia la encantadora Ana Bolena desde la virtuosa Catalina.

Chapuys la describía como "de estatura media y no gran belleza". Su rasgo más distintivo era su famosa tez "blanca pura". Según Holbein tenía una gran nariz y una boca firme con los labios ligeramente apretados, pero la cara de grata forma oval con la alta frente entonces tan apreciada. En conjunto, si Ana Bolena transmite la fascinación de lo nuevo, Jane Seymour posee un aire digno de algo estólido que recuerda apropiadamente a las consortes medievales inglesas. 
No sabemos con seguridad la fecha en que empezaron a proyectar reemplazar a Ana Bolena por Jane Seymour los enemigos políticos de Ana (y de su familia). Obviamente, nada podía avanzar mucho mientras Ana estuviera embarazada, pero después de su aborto los acontecimientos se precipitaron, lo que sugiere que la noticia del embarazo real había interrumpido temporalmente la trama ya preparada.

Los complots contra la reina
Entretanto, la facción antibolena de la corte inglesa apoyaba la causa de Jane Seymour para que tuviera su propia cama grande ricamente ornamentada, que en ese caso el rey compartiría. 

En esa primavera de 1536, la corte inglesa era un lugar lleno de rumores de ascenso y de caída. Esa reina, a diferencia de su predecesora, nunca había podido construirse una base de poder, aparte de sus propios parientes (al menos uno de los cuales, el duque de Norfolk, sentía una fuerte antipatía por ella y no compartía sus ideas religiosas), mientras que por temperamento prefería desafiar antes que calmar. 


Thomas Howard, tercer duque de Norfolk



Sir Nicholas Carew

Formaban ya parte de esa facción no sólo los grandes como lord Montagu, que encabezaba la familia semirreal de los De la Pole, y los Exeter, sino también importantes miembros de la casa real, celosos de los Bolena. Sir Nicholas Carew, por ejemplo, el Maestro del Caballo, un hombre aproximadamente de la misma edad que el rey Enrique.

La alianza Imperial 


Carlos V

A los embrollos de la política inglesa y de sus luchas internas se sumaban ahora las presiones internacionales. Si debía haber un acuerdo entre España e Inglaterra entonces el emperador debía tragarse como fuera el insulto a España que representaba el trato dado a su tía. La muerte de Catalina, seguida por los rumores de que "la concubina" podía ser a su vez reemplazada, creaban una atmósfera en general favorable a un acuerdo. Si bien las demandas públicas del emperador en el sentido de que el rey Enrique reconociera una vez más la autoridad de Roma eran poco realistas, puesto que el rey Enrique seguía recibiendo los abundantes beneficios de la ex Iglesia católica en Inglaterra. 


Thomas Cromwell

Chapuys le aseguro a Cromwell que "el mundo nunca reconocería a Ana como esposa verdadera de Enrique pero que tal vez aceptaría a otra dama". El mismo Cromwell estaba consciente de que mientras Ana portara la corona de Inglaterra, la alianza con el emperador sería inestable. 

Caída inminente                                                                          La reina Ana era impotente. Sólo cabe sentir simpatía por la desesperada mujer. Después de todo, ¿qué crimen había cometido? (aparte de no alumbrar a un hijo varón). De modo que observaba cómo se deslizaba su destino alejándose de ella en medio de los espléndidos rituales de la corte: rituales que ella sabía muy bien cómo interpretar. En marzo se había informado de su "intensa ira" por el asunto amoroso del rey. 




Escena de The Tudors

El 23 de abril, una ceremonia constituyo el primer signo exterior de la revolución interna que se estaba produciendo. Sir Nicholas Carew fue nombrado candidato para la Orden de la Jarretera en lugar del hermano de la reina, George, vizconde de Rochford, que en general se esperaba que recibiera ese honor. Tales nombramientos eran valorados como una indicación pública del favor real. Todo el mundo sabía que Carew estaba "asesorando" a Jane Seymour. En privado, el 24 de abril, instigado por Cromwell, el rey Enrique firmó un documento crucial en el que nombraba al lord canciller Audley, a algunos jueces y a varios nobles, entre otros el tío de la reina, Norfolk, y el padre, para que investigaran ciertas actividades sin especificar que podían implicar traición. 

Intentos de reconciliación 


El rey Enrique y el embajador Chapuys en The Tudors

Ahora recurrió a métodos más suaves. Chapuys había declinado ir a la corte cuando la reina se encontraba allí y saludarla con el beso formal que correspondía a un embajador. Pero cuando, el mismo día en que los Seymour se instalaron en Greenwich, asistió a misa en la corte, la reina lo trató con mucha cortesía: "Porque cuando yo estaba detrás de la puerta por la cual entró ella, se dio la vuelta, sólo para hacerme una reverencia". Pero Chapuys, un sofisticado cortesano que entendía aquel lenguaje, respondió con la mayor frialdad. 


María Tudor respondiendo a Ana Bolena, escena de The Tudors

Aún más patéticos —en el sentido de que estaban condenados al fracaso— fueron los intentos de último minuto de la reina por establecer una relación más amistosa con su hijastra María, de los que informo Chapuys. Comprensiblemente, lady María no estaba dispuesta a ceder entonces y reconocer, como ella misma expresó, "a ninguna otra reina" salvo su difunta madre. 

Mark Smeaton es arrestado



En consecuencia, Mark Smeaton, el músico y "diestro bailarín" de la cámara del rey, fue alejado de la corte en Greenwich y arrestado el domingo 30 de abril. Posiblemente fuese torturado. No era noble para merecer un trato considerado, sino un joven de origen humilde (tal vez flamenco, su apellido pudo haber sido originalmente Smet o Smedt). Smeaton no contaba con otro sustento salvo su talento musical —las cuentas reales muestran pagos por sus camisas, medias y zapatos, y "gorras" desde 1529—; eso, y el hecho de que por consenso general era "un hombre muy apuesto". Si la historia de una cuerda anudada alrededor de su cabeza y apretada con un garrote es improbable, hubo otra historia "de que fue primero penosamente atormentado". Pero en todo caso, aquel joven asustado tenía pocas probabilidades contra el poder del Estado. Mark Smeaton hizo una confesión. 


Bibliografia                                                                                                        Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

2 comentarios:

  1. Personalmente Ana Bolena y Jane Seymour fueron las esposas más importantes que Henry tuvo. La primera fue una gran pasión para él, y la segunda le brindó un amor tranquilo y limpio, un auténtico amor. Yo pienso que ambas fueron determinantes para él. Jane no tenía más opción que obedecer al rey. Ana era más rebelde y más inteligente, pero también más ambiciosa. Jane sabía estar en su sitio de reina sumisa, lo cual también denota inteligencia. Además la dorada belleza de Jane Seymour es en la serie de "Los Tudor" tan bien retratada...como un ángel. Recuerdo la escena cuando Henry la conoce que le toca su melena dorada. Y también cuando vio a Ana la primera vez, con su brillante personalidad. Me gustan ambas.

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  2. Es que ambas son como la noche y el día. Y es curioso que el carácter voluble de Enrique VIII se ve reflejado en sus esposas. A su primera esposa (una mujer calmada y devota) la cambio por una mujer vibrante y apasionada, que a su vez fue reemplazada por una más sumisa. Y luego volvió a ser la misma secuencia con Ana de Cleves, Catalina Howard y Catalina Parr. Pero es cierto, Jane supo mantenerse en su lugar de reina. A la vez fue conciliadora.

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