sábado, 11 de marzo de 2017

Isabel de Baviera "Sissi" (parte 2)

Preparativos

Dominio público
Elena (izquierda) y Sissi (derecha)
Creado el: 1 de enero de 1853

Los primeros comentarios acerca de la futura emperatriz de Austria es que, aunque perteneciera a una familia de la alta aristocracia, no tenía la alcurnia de los Habsburgo. El 31 de agosto de 1853 la estancia en Bad Ischl terminó. El emperador debía regresar a sus deberes en Viena y Sissi al castillo de Possenhofen. Para el emperador no resultó fácil separarse de Sissi, e igualmente a Sissi le esperaba un intenso programa de estudios al regreso. La prometida del emperador tuvo que prepararse para su nuevo cometido; aprender francés e italiano, mejorar en poco tiempo su descuidada formación y aprender historia austríaca. Tres veces por semana la visitaba un historiador, el conde Johann Mailáth, quien se ganó el afecto de la futura emperatriz.


Docenas de modistas, bordadoras, zapateros y sombrereras de Baviera trabajaron para tener a tiempo el ajuar de la futura emperatriz. Mientras tanto, la archiduquesa Sofía no dejaba de dar consejos y recordar a su hermana que la princesa debía limpiarse mejor los dientes. Sissi demostró poco interés por los vestidos, joyas y demás regalos costosos. Ninguno de los presentes le causó tanta ilusión como un papagayo que el emperador envió a Baviera. El afecto de Sissi hacia su prometido iba en aumento y cada separación provocaba en ella un mayor desconsuelo.

A principios de marzo de 1854, una vez conseguida la dispensa papal, se firmó el contrato matrimonial. Isabel recibiría como dote la cantidad de cincuenta mil florines. El emperador se comprometió a aumentar esta modesta dote con otros cien mil ducados, a los que añadió doce mil ducados más en concepto del Morgengabe, el «regalo de la mañana», una antigua costumbre de la Casa Imperial que consistía en indemnizar a la esposa en la mañana siguiente de su noche de bodas por la pérdida de su virginidad. Además, la emperatriz obtendría cien mil ducados destinados solo a «vestidos, adornos y limosnas y otros gastos menores». Porque todo lo demás (mesa, ropa de casa y caballos, mantenimiento y pago de la servidumbre, así como lo relativo al mobiliario y decoración de los palacios imperiales) corría a cargo de Francisco José. La asignación anual de que Sissi iba a disponer tras ser coronada emperatriz de Austria era cinco veces mayor que la de la archiduquesa Sofía.

En su última visita a Munich antes de contraer matrimonio, Francisco José entregó a su prometida una valiosa joya que debía lucir el día de la boda. Era una diadema de ópalos y brillantes a juego con el collar y los pendientes, obsequio de Sofía. Por el momento, Sissi no podía quejarse de la forma en que su futura suegra se comportaba con ella. Además de espléndidos regalos, la archiduquesa se volcó en decorar con el máximo lujo la vivienda destinada a los recién casados. El juego de tocador de Sissi era de oro macizo. Sofía decoró los aposentos del apartamento imperial con numerosos tesoros artísticos, cuadros, objetos de plata, porcelanas chinas, estatuas y relojes provenientes de las diversas colecciones privadas de la Casa Imperial.

Cuando Sissi escribió una carta a su futura suegra para darle las gracias por todas las atenciones, a ésta no le gustó el tono de familiaridad que empleó y así se lo hizo saber a su hijo. Francisco José le dijo al respecto a Sissi: «No estaría bien que yo, su hijo verdadero, la tratase de usted pero todos los demás tienen que tratar a mi madre con el respeto y la consideración que merece por su edad y condición». Aquel incidente hirió su sensibilidad y le dejó un amargo recuerdo. Era solamente el comienzo de una relación imposible con su suegra marcada por las constantes desavenencias. Su tía y suegra Sofía de Baviera no iba a ser para ella una «segunda madre» como tanto deseaba Ludovica, sino su peor enemiga en la corte. 

En los días previos a la boda, el ajuar de la futura emperatriz quedó listo y fue enviado en veinticinco baúles a la corte de Viena. En el meticuloso inventario que se hizo de todas sus pertenencias queda patente que la novia del emperador no era lo que se consideraba entonces «un buen partido». La mayoría de las joyas que Sissi llevó consigo eran regalo del novio y de su suegra con ocasión de la petición de mano. Las damas de la corte pronto comenzarían a juzgar, a la vista de tan modesto ajuar, a la futura esposa del emperador, a quien desde el primer instante consideraron «una duquesa bávara sin fortuna ni alcurnia».

Para Isabel, que sólo tenía dieciséis años y pasaba sus días corriendo en zuecos libremente por los bosques y parques de Possenhofen, semejante ajuar representaba un lujo hasta entonces desconocido. Acostumbrada a una vida sencilla en el campo, la visión de aquellos elegantes vestidos de raso, de tul o de seda junto a tocados de plumas, encajes y perlas, y sus correspondientes corpiños y miriñaques, le pareció un sueño. El sueño infantil pronto se convirtió en pesadilla, pues a Sissi, que odiaba la altanería aristocrática, le resultó difícil encajar en una corte tan estricta y conservadora como la vienesa. El 27 de marzo de 1854, en un acto que tuvo lugar en la sala del trono del palacio ducal de Munich y en presencia de toda la corte, la princesa Isabel renunció a sus eventuales derechos al trono de Baviera. Aquel mismo día quedó fijada la fecha de la boda.

Boda 

A finales de abril la duquesa Isabel de Baviera abandonaba Munich en compañía de su madre y sus hermanas. Durante buena parte del viaje, que duró tres días enteros, apenas dejó de llorar, tal como fue testigo el enviado prusiano que escribió: «La joven duquesa, a pesar de todo el esplendor y la magnificencia de la posición que le aguarda junto a su egregio esposo, parece muy triste por verse forzada a alejarse de su familia y de su país. Y el dolor de esta separación parece proyectar una sombra de melancolía sobre su rostro…».  
Cuando el carruaje llegó a orillas del Danubio, les aguardaba un majestuoso vapor fluvial —el Francisco José—, puesto a disposición del emperador para trasladar a la comitiva nupcial. El barco estaba equipado con un lujo extraordinario: el camarote de Sissi era de terciopelo púrpura y la cubierta había sido transformada en un jardín florido con una glorieta de rosas en el centro para que la novia pudiera retirarse a descansar.


A lo largo de la travesía, miles de personas, en su mayoría pobres campesinos, se acercaron a las orillas con la esperanza de poder ver a la novia. Aunque se encontraba agotada por el fatigoso viaje, Sissi no dejó de saludar con un pañuelo de encaje y sonreír tímidamente. Aún estaban con ella su madre y sus hermanas, que intentaban entretenerla para aliviar su nerviosismo. Pero a la duquesa Ludovica, que conocía muy bien a su hija, le preocupaba verla tan pálida, silenciosa y asustada. Al llegar al embarcadero de Nussdorf, cerca de Viena, todos los pasajeros se cambiaron de ropa. La futura emperatriz de Austria fue recibida por los vieneses con grandes muestras de afecto y admiración. Autoridades, dignatarios del imperio, los miembros más destacados de la casa de Habsburgo-Lorena y aristócratas esperaban impacientes bajo un arco de flores construido para la ocasión. Sissi hizo su aparición ataviada con un vaporoso vestido de seda rosa, con un amplio miriñaque, mantilla de encaje blanco y un pequeño sombrero a juego. Antes de que el vapor atracara en el muelle, Francisco José, llevado por la impaciencia, saltó a bordo desde la orilla para saludar a su prometida.


Delante de miles de personas que se agolpaban para ver a la novia, la estrechó entre sus brazos y la besó con entusiasmo. Ante esta espontánea escena de amor, el público estalló en vítores y aplausos. Hacía mucho tiempo que los habitantes de Viena deseaban tener una emperatriz como Sissi. Ahora con este matrimonio los austríacos confiaban en que Viena recuperara su antiguo esplendor gracias al encanto y juventud de su emperatriz. Al ver al emperador tan enamorado, muchos pensaron que llegarían tiempos mejores y que, llevado por su felicidad, se mostraría menos déspota y más abierto a las reformas que tanto ansiaba el país. 


Tras abrirse paso entre la multitud la pareja imperial se subió a una carroza dorada y puso rumbo al palacio de Schönbrunn, la espléndida residencia de verano de los Habsburgo. Durante varias horas le fueron presentados, uno por uno, todos los miembros de la casa de Habsburgo —entre ellos los tres hermanos menores de su esposo, primos, tías y tíos—, así como los altos funcionarios de la corte. Tras el intercambio de los regalos de boda, Sissi se retiró a sus aposentos rendida de cansancio, pero la jornada aún no había acabado. Le quedaba por conocer a las personas que a partir de ahora estarían a su servicio en sustitución de sus damas bávaras, obligadas a regresar a Munich. Su camarera mayor era la condesa Sofía de Esterházy, nacida princesa de Liechtenstein y persona de suma confianza de la madre del emperador. Esta estirada dama de cincuenta y seis años, ceremoniosa y severa, prácticamente iba a ejercer de institutriz de la soberana. Desde el primer instante Isabel sintió un profundo desagrado hacia ella porque la consideraba una espía al servicio de su suegra. Tal como anotó un ayudante del emperador: «Por un lado trataba a la joven soberana con demasiados aires de institutriz, mientras que, por otro, veía una de sus principales tareas en iniciar a la futura esposa imperial en toda la chismografía de la alta aristocracia, por la que, naturalmente, la princesa bávara apenas  se interesaba». En cambio sus jóvenes damas de honor, encargadas de iniciarla en las costumbres y ceremonias de la corte, le resultaron bastante más simpáticas. La archiduquesa Sofía le advirtió que, como emperatriz, no debía estrechar lazos de amistad con ninguna persona de su servicio.


La casa de la emperatriz Isabel se componía, además de un secretario, de una camarera, dos doncellas, un mayordomo, un gentilhombre de entrada, cuatro lacayos, un criado y una sirvienta. Cuando ya muy avanzada la noche llegó al fin la hora de acostarse, Sissi recibió de manos de su camarera mayor un cuaderno con el siguiente epígrafe: «Ceremonial para la introducción en la Corte Imperial de Su Alteza Real la Serenísima princesa Isabel de Baviera»Debía estudiar su contenido al pie de la letra para que al día siguiente no cometiera ningún desliz y todo se desarrollara según una tradición que se mantenía inalterable desde siglos atrás.

La prometida del emperador de Austria hizo su entrada en la ciudad de Viena en una rica carroza tirada por ocho caballos blancos con las crines trenzadas y escoltada por dos lacayos vestidos de gala y peluca blanca. Sissi, acompañada por su madre la duquesa Ludovica, lucía un vaporoso vestido de color rosa bordado con hilos de plata y adornado con pequeñas guirnaldas rosas. En la cabeza portaba la diadema de brillantes regalo de su prometido. Con lágrimas en los ojos y un nudo en el estómago, Sissi llegó al que ahora sería su nuevo hogar: el impresionante Palacio Imperial de Hofburg, el edificio más grande de toda la capital. Ajena al sufrimiento y la tristeza de su futura nuera, la archiduquesa Sofía, que esperaba a la novia a la entrada del palacio en compañía de toda su familia, escribió en su diario: «El comportamiento de mi querida niña fue perfecto, lleno de dulce y graciosa dignidad».

La fastuosa boda imperial tuvo lugar en la tarde del 24 de abril de 1854 en la iglesia de los Agustinos y fue oficiada por el arzobispo de Viena. Sissi vestía un delicado vestido blanco, bordado en oro y plata y cola de encaje. En su cabello recogido lucía la diadema de brillantes y ópalos que había pertenecido a Sofía. Todos los cronistas coinciden en el insuperable boato y la magnificencia de este enlace pensado para mostrar al mundo el poderío del Imperio austríaco. Uno de los invitados, el embajador de Bélgica, dijo al respecto: «En una ciudad donde no hace mucho el espíritu revolucionario originó tantos estragos, convenía desplegar toda la grandeza y pompa monárquicas»



Fuente:
Morato, Cristina Morato, "Reinas malditas", Plaza&Janes, 2014.

viernes, 10 de marzo de 2017

Aviso

Un saludo a todos los seguidores. En los últimos meses he tenido dificultades para publicar debido a deberes de la universidad. En los próximos días continuare las biografías del emperador Carlos y Sissi de Baviera

sábado, 21 de enero de 2017

Isabel de Baviera "Sissi" (parte 1)



Nacimiento e infancia
La legendaria Sissi vino al mundo en el palacio ducal de Munich la fría noche del 24 de diciembre de 1837. Al ser domingo y día de Nochebuena, su llegada fue recibida como un feliz augurio. Su madre, la princesa Ludovica de Wittlesbach, era hija del rey Maximiliano I de Baviera y de su segunda esposa, Carolina de Baden. Ludovica era la pariente pobre de sus poderosas hermanas, todas ellas bien casadas con reyes y emperadores. Contrajo matrimonio en 1828 con un primo segundo, el duque Maximiliano de Baviera, hombre liberal y bastante excéntrico que pertenecía a una rama menor de la casa de Wittlesbach. 

Ludovica, madre de Isabel

Desde el principio, Maximiliano confesó a su esposa que no la amaba. Aunque fue un matrimonio de conveniencia, tuvieron diez hijos, de los que dos murieron al poco tiempo de nacer. Ludovica, una mujer de notable belleza en su juventud, contó más tarde a sus hijos que había pasado su primer aniversario de boda llorando todo el día porque se sentía inmensamente desgraciada. Fue una esposa sumisa que soportó las infidelidades del duque, quien solía almorzar en sus aposentos con sus dos hijas ilegítimas. Por su rango, los padres de Isabel no tenían que ejercer ninguna función oficial y llevaban una vida sencilla y despreocupada en el campo sin ningún tipo de obligaciones.

Maximiliano, padre de Isabel

Max, un hombre rico y juerguista, dilapidó su fortuna viviendo como quiso. Pero también era muy culto y poseía una magnífica biblioteca de casi treinta mil volúmenes que decía haber leído o consultado. De todos sus hijos sentía una especial debilidad por Sissi —se refería a ella como «su regalo de Navidad»—, que era la más parecida a él en gustos y carácter.

Sissi y el duque Max, escena "La princesa Sissi", protagonizada por Romy Schneider

Isabel pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en el castillo de Possenhofen, situado en un paraje a orillas del lago de Starnberg. Aunque veía poco a su padre, en el tiempo que Maximiliano pasó con sus hijos les inculcó su amor a la naturaleza, la libertad y la vida sencilla. Otra de sus pasiones eran los caballos purasangre, y en su palacio de Munich organizaba concursos de equitación en un hipódromo que mandó construir en su propio jardín. Como su padre, Sissi prefería el campo a la ciudad y no cambiaba los frondosos paisajes que rodeaban Possenhofen por el brillo de los salones palaciegos. Ya de niña amaba la vida al aire libre, montar a caballo, nadar en el lago, pescar con anzuelo, pasear sola por los bosques y practicar el montañismo. También le gustaba la cerveza y sentía debilidad por las salchichas bávaras, que tanto añorará en la corte de Viena.

Escena de película "La princesa Sissi", protagonizada por Romy Schneider

Ludovica, a pesar de ostentar desde su nacimiento el título de Su Alteza Real y Princesa Real de Baviera, se comportaba más como un ama de casa burguesa. Apenas disponía de servicio y ella misma educó a sus ocho hijos. La duquesa no tenía grandes ambiciones políticas, pero vivía bajo la influencia de su enérgica hermana, la archiduquesa Sofía de Austria.

Apariencia

La futura emperatriz Sissi fue considerada una de las mujeres más bellas de su época.  En su diario la archiduquesa Sofía escribió sus primeras impresiones sobre la joven: «¡Pero qué mona es Sissi! Se la ve fresca como una almendra cuando se abre, y… ¡qué espléndida corona de cabellos enmarca su cara! Tiene los ojos dulces y hermosos, y sus labios parecen fresas»

Alta, hermosa y con una figura envidiable, fue también una mujer culta, políglota e interesada en la política. Gastaba en recetas, maquillaje, sales de baño, productos de higiene dental y cuidado facial. Fue desde su niñez muy aficionada al deporte, fue una gran amazona y, ya como soberana, se hizo construir salas de gimnasia en sus palacios, como las que aún se pueden ver en Schönbrunn y en el Hofburg en Viena.
Pese a medir más de metro setenta, Sissi mantuvo su peso en la frontera de los cincuenta kilos y sus 49 centímetros de cintura fueron famosos en toda la corte. Su fijación por el peso y su negativa a comer podrían considerarse actualmente como anorexia. Sissi temía que su belleza se marchitara y tras cumplir los 35 no permitió que la volvieran a retratar. 

Juventud y compromiso
El 18 de agosto de 1848 Francisco José cumple dieciocho años y el sueño que su poderosa madre (hermana de Ludovica) acariciaba desde hace tiempo está a punto de cumplirse. Tras la abdicación de su tío Fernando I, que padecía una enfermedad mental, y la renuncia de su padre, el archiduque Francisco Carlos, el joven se convierte en jefe de la casa imperial de los Habsburgo. 

Emperador Francisco José

La emperatriz ejercerá una gran influencia sobre este hijo tan joven e inseguro, a pesar de haber afirmado que no se inmiscuiría en los asuntos de gobierno: «[…] en el advenimiento de mi hijo al trono, me propuse firmemente no intervenir en ningún asunto de Estado; no creo tener derecho a ello y lo dejo todo en tan buenas manos, después de trece años de penoso abandono, que siento profunda alegría de poder presenciar ahora con gran confianza, tras el espinoso año de 1848, el nuevo camino emprendido». Pero Sofía no cumplirá sus promesas y durante los siguientes años será ella la que moverá los hilos en Hofburg, centro del poder imperial.

La archiduquesa, que siempre juzgaría duramente a su nuera, olvidaba que también ella había sido una joven e inexperta princesa bávara perdida en una corte extranjera. Por entonces Austria se había convertido en una gran potencia mundial. El imperio abarcaba territorios que hoy pertenecen a Italia, la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía, Ucrania, Serbia, Bosnia-Herzegovina o Croacia. El emperador acababa de cumplir veinticuatro años. En los retratos oficiales que se conservan de él en aquella época se ve a un joven apuesto, rubio, de ojos claros, cuidado bigote y una figura esbelta a la que sienta como un guante el ceñido uniforme de militar. Era, además, un hombre atento, de exquisitos modales y buen bailarín.

Sofía de Baviera, madre de Francisco José

Sofía y su hermana Ludovica hace ya tiempo que acariciaban el proyecto de casar a Francisco José con Elena (Nené), la más responsable y preparada para convertirse en una buena emperatriz. Aunque la joven sólo procedía de una rama bávara secundaria, ambas coincidían en que era la mejor aspirante. Francisco José estaba tan dominado por su madre que sólo haría lo que ella dispusiera. 

Escena de película "La princesa Sissi", protagonizada por Romy Schneider. Ludovica y Elena reciben la misiva de la archiduquesa Sofía

En el verano de 1853, la archiduquesa Sofía invitó a su hermana Ludovica y a sus dos sobrinas, Elena e Isabel, a Bad Ischl, una famosa estación termal donde la familia imperial pasaba el verano. Francisco José celebraba su aniversario y es la excusa perfecta para que conociera a la candidata elegida por su madre para ser la emperatriz consorte. A primera vista, Elena era la prometida ideal: bella, discreta, dominaba el francés y el complicado ceremonial cortesano.

Isabel, que tenía quince años, se había enamorado de un apuesto conde de la corte al servicio de su padre. El incipiente romance fue rápidamente interrumpido por éste y el caballero fue enviado a alguna misión para alejarlo de Munich. Cuando regresó, estaba gravemente enfermo y murió poco después. Sissi cayó en una profunda tristeza y pasaba las horas en su habitación escribiendo poemas a su amado y llorando desconsoladamente. Ludovica pensó que un cambio de aires le sentaría bien y que su hija recuperaría la alegría. Además, abrigaba la secreta esperanza de que el hermano menor del emperador Francisco José, el archiduque Carlos Luis, aún se sintiera atraído por Sissi.

Carlos Luis de Austria

Ambos jóvenes se conocieron en 1848 en una reunión familiar en Innsbruck siendo apenas unos niños. Carlos Luis demostró un interés especial por su prima bávara, que entonces contaba once años. Durante un tiempo se intercambiaron románticas cartas de amor y algunos presentes, pero con el paso de los meses la relación se enfrió. La duquesa creyó que este viaje podría reavivar el interés del archiduque por su hija menor, que había cambiado mucho y ahora era una adolescente «bonita y lozana aunque no tuviera ningún rasgo especialmente hermoso».

Escena de película "La princesa Sissi", protagonizada por Romy Schneider. Escena del emperador y la archiduquesa Sofía

El 16 de agosto de 1853 la duquesa llegaba a Bad Ischl con sus hijas, pero tuvo que solventar varios contratiempos. Sufría una fuerte migraña que la obligó a posponer la salida y llegaron con bastante retraso a su destino. La archiduquesa Sofía les envió una camarera al hotel donde se alojaban para ayudar a peinar a Elena, que debía estar impecable antes de presentarse ante el emperador. Sissi, a quien nadie ayudó, se arregló ella misma el cabello que recogió en dos largas trenzas. Sofía invitó a su hermana y a sus dos hijas a tomar el té en la Kaiservilla (Villa Imperial), una lujosa y elegante mansión que la monarquía austríaca alquilaba como residencia de verano. En el salón principal Francisco José esperaba puntual y algo nervioso a sus invitadas, pues sabía muy bien lo que significaba aquella visita. Encontró a Elena bonita, elegante y distinguida, aunque algo fría y estirada. 

Escena de película "La princesa Sissi", protagonizada por Romy Schneider. Escena de Sissi y Carlos Luis

En cambio Sissi, más espontánea e infantil, le resultó encantadora y no pudo dejar de mirarla. Fue un amor a primera vista que a nadie pasó desapercibido. El archiduque Carlos Luis, contrariado y celoso ante el inesperado interés de su hermano por el que fue un amor de juventud, le confesó a su madre que «desde el momento en que el emperador vio a Isabel, apareció en su rostro tal expresión de contento, que ya no cupo duda de a quién elegiría».

Elena de Baviera

A diferencia de Nené, no estaba acostumbrada a las reuniones sociales y en público se sentía cohibida. Francisco José le comunicó a su madre que la pequeña Sissi le parecía adorable y que era con ella y no con Elena con quien deseaba casarse. De nada sirvió que Sofía le recordara a su hijo que Elena, a sus diecinueve años, era una muchacha más madura y preparada para compartir el peso de la corona. Por primera vez Francisco José, que tanto reverenciaba a su madre, se mostró inflexible en su decisión. Por la noche se celebró un baile donde el emperador elige a Sissi como su pareja dejando muy claro delante de todos los invitados el lugar que ocupa en su corazón. 


Escena de película "La princesa Sissi", protagonizada por Romy Schneider. Escena de Sissi y Francisco José

Tras el baile, en el que Sissi lució un sencillo vestido de seda rosa pálido, Sofía describió con todo lujo de detalles a su hermana María de Sajonia el aspecto de su sobrina: «En sus preciosos cabellos llevaba una gran peineta que mantenía las trenzas sujetas hacia atrás. Como es moda ahora, se aparta el pelo de la cara. ¡La actitud de la pequeña es tan delicada, tan modesta y perfecta y tan llena de una gracia casi sumisa cuando baila con el emperador! La encontré extraordinariamente atractiva, en su modestia de niña y, sin embargo, se mostraba muy natural con él. Lo único que la apocaba era el gran número de personas que la observaba»


A la mañana siguiente el destino de Sissi quedo decidido. Aquel 18 de agosto se celebró el cumpleaños de Francisco José en una ceremonia íntima y familiar. Durante el banquete ella se sentó junto al emperador, que no dejaba de agasajarla. Cuando Ludovica le preguntó a su hija «si se creía capaz de amar al emperador» la muchacha, angustiada y nerviosa, se puso a llorar. Entre sollozos le respondió que haría todo lo posible para que el emperador fuese feliz y ser una «hija cariñosa» para su tía Sofía. También añadió que no entendía cómo el soberano se podía haber fijado en ella siendo tan insignificante.

Isabel, ya siendo emperatriz de Austria, recordaba aquellos días con menos romanticismo y sentenciaba: «El matrimonio es una institución absurda. Una se ve vendida a los quince años y presta un juramento que no entiende y del que luego se arrepiente a lo largo de treinta años o más, pero que ya no se puede romper».


En los días siguientes Sissi vive en una nube, agasajada por un apuesto y cariñoso emperador que sólo tiene ojos para ella. Se suceden las fiestas, los bailes, los banquetes en su honor y los regalos que le llegan de todas partes. No deja de exhibir su felicidad, pero a su lado Sissi se muestra muy tímida, callada y llorosa. En aquellos días le confesaba a una amiga sus temores y «cuánto la asustaba la complicada tarea que aguardaba a su hija Isabel, que prácticamente ascendía al trono desde la nursery». Asimismo, sentía inquietud ante las mordaces críticas de las damas de la aristocracia vienesa.

El padre de la novia se enteró del compromiso de su hija preferida a través de un escueto telegrama que le mandó su esposa, y decía así: «El emperador pide la mano de Sissi y tu consentimiento; permaneceré en Bad Ischl hasta finales de agosto, todos muy contentos». Al conocer la noticia el duque primero creyó que se trataba de un error en la transcripción, ya que daba por sentado que era su hija Nené la elegida. Tras descubrir que el emperador de Austria había pedido la mano de su dulce Sissi, se encogió de hombros y le respondió: «Te lo desaconsejo, es un bobo».

Sissi cautivaba a todos los que la conocían, pero en la corte vienesa a algunos les preocupaba este enlace porque los novios no sólo eran primos hermanos sino que, además, pertenecía a la misma familia real. También los padres de la novia eran parientes próximos, y ambos de la familia Wittelsbach. Esta dinastía, que durante setecientos años reinó en Baviera, dio a lo largo de su historia una lista de príncipes y reyes excéntricos y trastornados. Se hablaba de que existía entre ellos una tara hereditaria, e incluso el abuelo de Sissi —el duque Pío, padre de Maximiliano— era un hombre demente. También dos primos de Sissi, el rey Luis II de Baviera (el famoso «Rey Loco») y su hermano Otón, fueron declarados incapacitados para gobernar debido a su extravagante comportamiento y serios trastornos mentales. 

Para que la boda imperial pudiera celebrarse sería necesaria la dispensa papal. Finalmente el 24 de agosto, apenas ocho días después del encuentro de Sissi con Francisco José, se anunció oficialmente su compromiso.


Fuente: 
Morato, Cristina Morato, "Reinas malditas", Plaza&Janes, 2014.
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lunes, 2 de enero de 2017

Causas del Antisemitismo

El antisemitismo constituye un conjunto de opiniones y actitudes con tendencia a la hostilidad hacia los judíos. Es también llamado "el odio más antiguo". Este sentimiento hostil no es un invento de Hitler, sino que su origen es mucho más antiguo. El término apareció en 1873, dado a conocer por el periodista alemán Wilhelm Marr. El término hacia referencia al rechazo racial, no distinguiendo entre los judíos y los conversos. Antes sólo existía el término anti-judaísmo. El antisionismo es el rechazo a que los judíos tengan su propia patria. Semítico se refiere a los pueblos con lenguas de origen común, como el árabe, amárico, hebreo y tigrinya. Semita es aquel que hable cualquiera de estos idiomas.

Las causas son variadas y confusas, pues han variado a través del tiempo. Las tres principales causas se dividen en: religiosas, económico-sociales y étnicas. 

Antigüedad y Edad Media
Al inicio de su historia, fueron una mezcla de diferentes pueblos semíticos, que cesaron a medida que se impusieron las prescripciones religiosas. Los judíos han vivido por siglos fuera del territorio de origen, sin lograr establecerse en un lugar fijo ni integrarse en la sociedad. 
En la Biblia se nos describe cuando Jacob se establece con su familia en Egipto. Dos siglos después, la descendencia de Jacob crece, para desconfianza del faraón. En más de doscientos años de convivencia con el pueblo egipcio, los judíos no se habían mezclado con ellos.

En Grecia y Roma se les aceptaba como extranjeros. Manetón, sacerdote egipcio, fue un precursor del antijudaísmo en la Antigüedad.  En el siglo III a.C Manetón escribió que los judíos eran descendientes de los leprosos expulsados de Egipto. También escribió que Moisés les había enseñado a "no adorar a los dioses". El desprecio de algunos gobernantes o habitantes romanos estaba motivado más por razones sociales o políticas que por religión. El Imperio Romano se había mantenido tolerante con las religiones de los pueblos dominados.

En la Edad Medieval, los cristianos reconocían las raíces judías de su religión, pero consideraban que su fe sustituía el judaísmo. Pero los judíos se negaron a reconocer a Jesús como Hijo de Dios. Los ataques a judíos por parte de los residentes locales eran comunes en muchas regiones. Llegado el siglo XV, habían sido expulsados de Alemania, Francia e Inglaterra, pero en España y Portugal aun gozaban de cierto privilegio, donde se convirtieron en prestamistas. Dado que no podían poseer tierras, desarrollaron una gran habilidad en los asuntos financieros. 


A fines del siglo XV fueron expulsados de España y Portugal, por lo que muchos se refugiaron en Holanda, Polonia y Turquía, mientras que otros tantos pretendieron escapar del peligro de la Inquisición instalándose en África o en América.

Antisemitismo en edad contemporánea
El francés Joseph Arthur de Gobineau escribe una teoría acerca de la superioridad de la raza aria. Describe al hombre ario, de origen nórdico germánico, y establecía que la mezcla de la raza aria con razas inferiores producía decadencia. Houston Chamberlain publicó el libro "Los Fundamentos del Siglo XIX", el cual ensalzaba la raza germana. Consideraba que "los judíos son maestros de la intolerancia, del fanatismo de la religión y del asesinato por religión, y apelan a la paciencia cuando se sienten muy oprimidos"El historiador Theodor Momsen decía: «Los judíos constituyen hoy día en Alemania el elemento de descomposición de nuestros clanes, como lo fueron anteriormente en el Imperio romano». En 1903 aparecen los Protocolos de los Sabios de Sion, un escrito que acusa a los judíos de planear una conspiración para dominar el mundo. El francés René Gantier sostiene que la raza judía deriva de las razas negra y amarilla. Jörg Lanz fue un monje austriaco que glorificaba la raza aria, describiendo a las "razas inferiores" como el producto de la relación entre Eva y un demonio.

Las Leyes de Núremberg en 1935 fueron el comienzo de la discriminación y persecución de los judíos en la Alemania nazi. Pretendían evitar la mezcla racial entre judíos y alemanes, condenando el matrimonio o la relación extramatrimonial. 

Adolf Eichmann, responsable directo de la Solución Final, pronunció la frase: «Daré saltos de alegría en la tumba, ya que el sentimiento de tener cinco millones de judíos sobre la conciencia es extraordinariamente tranquilizador», aunque tiempo después dijo que judíos no era la palabra, sino enemigos del Reich.

Motivos religiosos
En el primer milenio de la era cristiana persistió la creencia de que los judíos fueron los responsables de la crucifixión de Cristo. Consideraban que su castigo por el deicidio y el rechazo a convertirse a la fe cristiana era andar por el mundo sin poder asentarse en un sitio. En la Edad Media predominaban esta clase de ideas. Por ejemplo, se decía que los judíos robaban hostias consagradas a fin de profanarlas. Otra de las graves acusaciones fue la del libelo de la sangre, que hacia referencia a los crimenes realizados por judíos en los que empleaban sangre humana. Una de las difamaciones más atroces contra judíos fue la del secuestro de niños cristianos a los que crucificaban. El anti-judaísmo no fue exclusivo de los católicos, pues el mismo Lutero propuso una serie de medidas contra los judíos, como el quemar sus sinagogas, confiscar sus libros y expulsarlos.

Al conocerse los horrores del Holocausto, se realizó la Declaración Nostra Aetate en 1965, que proclama: «Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores urdieron la muerte de Cristo, las cosas que se llevaron a cabo en su Pasión no se pueden imputar indistintamente a todos los judíos que entonces vivían ni a los judíos de nuestro tiempo».

Motivos sociales y económicos 
A finales del siglo XIX surgieron cambios en Europa que afectaron la religión en el mundo occidental. Los europeos empezaron a abrazarse a la filosofía y la ciencia para encontrar respuesta a las interrogantes del hombre. Ni los adelantos en la ciencia ni el hecho de que hubiera judíos entre aquellos intelectuales supuso el fin del anti-judaísmo. Después de siglos de anti-judaísmo religioso, ahora era preciso que el prejuicio tuviera una base científica. A mediados del siglo XIX, la ciencia aportó "evidencia" acerca de la superioridad racial, afirmándose que los judíos (entre otros, como los gitanos) eran biológicamente inferiores.


El antisemitismo nazi tuvo sus bases en el anti-judaísmo medieval y en las propias ideas de Lutero, quien en 1542 publicó un libelo intitulado Contra los Judíos y sus Mentiras, acusándolos de ser usureros y ajenos a la nación germana. El odio por los judíos, sin tomar en cuenta las creencias religiosas, se debía también a que eran considerados extranjeros, sin derecho a poseer nada. 

En 1793, Johann Fichte afirmó que era necesaria la expulsión de los judíos como un medio de protección para Alemania y propuso una medida siniestra relacionada con la Solución Final de Hitler.

En Alemania no existía una conciencia nacional como en otros país, por lo que se buscó una identidad propia. En el ideal formulado los alemanes, basado en la superioridad de la raza nórdica, ideal donde los grupos minoritarios, como los judíos, no tenían cabida. Pero al estallar la Primera Guerra Mundial, fue preciso un ambiente de unión nacional para hacer frente a la guerra. El antisemitismo se suavizó en esta época.

Cuando se perdió la esperanza de ganar el conflicto, decayó la unión nacional y se intensificó la tensión social. Como tantas veces, los judíos fueron elegidos como chivos expiatorios, aun cuando habían participado en el frente. En 1920 se fundó el Partido Obrero Alemán, que posteriormente se convirtió en el Partido Nazi. Al termino de la Primera Guerra Mundial, Alemania entro en crisis, pues el Tratado de Versalles obligaba a los vencidos a someterse a unas condiciones humillantes. La crisis económica provocó que muchos alemanes quebraran. Fue entonces cuando se empezó a acusar a los judíos de aprovecharse de la crisis.




Bibliografía 
Sobejano, M. (1991). Antisemitismo. Diciembre 2016, de Mercaba Sitio web: http://www.mercaba.org

Sanderson, N.. (2004). El origen del anti-judaísmo, anti-semitismo y anti-sionismo. Diciembre 2016, de Puentes para la paz Sitio web: http://web1.bridgesforpeace.com/

http://jinuj.net/articulos/210/shoa.causasantisemitnazi.t.html

martes, 6 de diciembre de 2016

Los Reyes Magos



La historia que sabemos de los Reyes Magos procede del Evangelio de San Mateo. En el Evangelio se habla de unos magos de Oriente que llegaron a Belén guiados por una estrella. Antes de llegar, se detuvieron en la morada de Herodes, a quien preguntaron por el "Rey de los Judíos". El rey dijo a los magos que volvieran con él para darle la ubicación del niño para que así él pudiera ir a adorarle, cuando su verdadera intención era matarlo. Los Reyes Magos encontraron al recién nacido Jesús, a quien le obsequiaron oro, incienso y mirra. Los magos, advertidos en sueños de las intenciones de Herodes, no pasaron por Jerusalén y volvieron a su país.


Con respecto al número de magos, se ha por hecho que eran tres, debido a los tres regalos. Aunque distintas tradiciones señalan que pudieron ser hasta una docena. Los tres Reyes Magos son conocidos como Melchor, un anciano de barba blanca o rubia, Gaspar, como un joven de cabello oscuro, y Baltasar, quien era de raza negra. Melchor obsequió oro, el cual hace alusión al linaje real de Jesús. Gaspar regala incienso, el cual representa su naturaleza divina. Y Baltasar la mirra utilizada en los entierros, que representa su futuro sufrimiento.

Según algunos estudiosos, los Reyes Magos eran originarios de Hamadán, ciudad al sur del mar Caspio, pues ésta tenía fama de ser un importante centro de formación para sacerdotes y astrólogos. Según Cardini, eran adivinos y astrólogos de origen caldeo, del área sirio-mesopotámica, y para Judea, Caldea estaba sin duda al este. Pero la palabra magusáioi, era un término utilizado para designar a los charlatanes que practicaban la ciencia de los Magû, tribu meda seguidora de Zaratustra.

En el siglo III d.C. se les atribuyo la realiza, para opacar su condición de magos, ya que la magia estaba prohibida por la Biblia. En un evangelio apócrifo, se dice: Los reyes magos eran tres: Melkón, el primero, que reinaba sobre los persas; después Gaspar, que reinaba sobre los indios; y el tercero, Baltasar, que tenía en posesión el país de los árabes. En el mosaico bizantino de San Apolinar se representa a los magos con vestimenta persa. El monje Beda el Venerable hacía hincapie en las edades de los Reyes Magos, juventud, madurez y vejez, lo cual se interpretaba en que cualquier etapa de la vida era buena para adorar a Dios. 

Mosaico de Rávena

Sus razas son otro punto importante. En el mosaico de Rávena los tres aparecen blancos, pero en el siglo XV aparece el rey negro. Cada rey representa las tres razas conocidas a finales de la Edad Media: Europa simbolizada en Melchor, Asia en Gaspar y África en Baltasar. Se transmitía que Cristo no distinguía entre razas o edades. 

Reliquias de los Reyes Magos

La escena de la Adoración de los Magos fue una de las más representadas por el arte. En el año 300, la madre del emperador Constantino localizó en Saba los restos de los Reyes Magos y los trasladó a Constantinopla. Después fueron enviadas a Milán. Federico Barbarroja saqueó Milán, llevándose las reliquias a Colonia en 1164, donde se erigió una catedral donde serían depositadas. Una leyenda cuenta que los tres magos fueron martirizados en el año 70 después de convertirse al cristianismo.


La Iglesia fijó su celebración en 6 de enero, denominada Epifanía, que significa manifestación de Dios. Se considera en muchos países el último día de las festividades navideñas. La actual tradición es que los niños reciban regalos por parte de los Reyes Magos. En México, por ejemplo, se acostumbra comer Rosca de Reyes acompañada con chocolate caliente, café o atole. Se introduce en el pan un muñequito de plástico que hace alusión al Niño Dios. La tradición dicta que la persona que lo encuentre debera preparar tamales a los presentes en el día de la Candelaria.


Bibliografía                                                                             Rodríguez, E.. (2016). Navidad a través del tiempo. Diciembre de 2016, de Academia Sitio web: http://www.academia.edu/

Navidad en la Edad Media

Durante la Edad Media, las tradiciones cristianas adquirieron mayor sentido espiritual. Las fiestas navideñas fueron enriquecidas por una gran cantidad de manifestaciones sociales, artísticas y gastronómicas. Entre los siglos IV y VI se estableció el período de Adviento (en latín, adventus, venida), una fase de preparación espiritual para el nacimiento de Jesús, en la que se practicaban oraciones y penitencias. La duración variaba, entre tres y seis semanas. 


Transcurrido el período de Adviento, llegaban las primeras fiestas de la época navideña: Nochebuena y Navidad. Tras el banquete del 24, se acudía a la Iglesia a medianoche para celebrar la Misa del Gallo, la cual se popularizó en toda Europa hasta el siglo VIII d.C. Su nombre se debe a una leyenda acerca de un ave que pasaba la noche en la gruta de la Natividad, siendo la primera en contemplar el nacimiento de Jesús y anunciarlo. El ave anunciaba con su canto el nacimiento del Mesías. En la misa, su canto solía ser imitado por un niño del coro o se traía un ave. 

La Nochebuena no sólo era oración y solemnidad, sino también alegría entre el pueblo, entonando cantos y tocando instrumentos. La festividad alcanzó tal aceptación que incluso se extendió a otras religiones, como la musulmana. Carlomagno escogió el día de Navidad para su coronación, una decisión imitada por otros gobernantes. Guillermo el Conquistador es otro notable ejemplo. Elegían tal día por su simbolismo religioso, pues siendo una época en la que se consideraba que el derecho a gobernar provenía de un mandato divino, era relevante que la coronación fuera en Navidad. 

Coronación de Carlomagno


El belén 
El origen del belén se encuentra en Italia. Cuentan los evangelios que al nacer, Jesús fue recostado en un pesebre. En el siglo VII, el papa Teodoro recibió los restos del pesebre del Niño Jesús, el cual fue colocado en la Basílica de Santa María la Mayor. Desde ese momento, el pesebre se convirtió en un elemento esencial de las festividades navideñas. 


Ya en el siglo X se representaban episodios bíblicos del Nacimiento de Jesús, pero con el tiempo fueron adquiriendo complejidad. En el siglo XII, nació en Toledo el Auto de los Reyes Magos, una obra que incluye tres monólogos de los Reyes Magos en los que se habla de la aparición de la estrella. La obra concluye con la adoración de los Reyes en el portal de Belén. 

Tales representaciones se montaban en diferentes parroquias, con una alegría que en ocasiones daba lugar a abusos, pues algunas solían terminar en mofas. El papa Inocencio III prohibió en 1207 las escenificaciones dentro de los recintos sagrados. A partir de ese momento, los actores fueron sustituidos por figuras que representaran las escenas. Según la tradición, fue Francisco de Asís quien realizó el primer belén en una cueva cercana a Greccio. 

Fue así como, en el siglo XIII, cuando se inició la elaboración de figuras de terracota o cera para los belenes tanto en casas como templos, la tradición se extendió por Europa. Hasta la Baja Edad Media persistió la variante de origen bizantino de la Virgen acompañada por dos comadronas. Después, en el siglo XIV, la Virgen aparece sin comadronas, pues se impone la idea del parto sin dolor. El belén se convirtió en un elemento de predicación, en cuya difusión tomaron parte los Franciscanos y Clarisas. Los belenes debieron nacer en el siglo XV, al menos de la forma en que los conocemos en la actualidad.



Fuentes:
Rodríguez, E.. (2016). Navidad a través del tiempo. Diciembre de 2016, de Academia Sitio web: http://www.academia.edu/

http://www.agenciaelvigia.com.ar/
https://www.aciprensa.com


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